Matías E. González
07/09/2019 15:33

Un asesinato en un prestigioso instituto de España genera conmoción e incertidumbre, no solo en los adolescentes protagonistas de la ficción audiovisual, sino también, en los espectadores que miran con atención la pantalla y plantean diversas hipótesis en torno al terrible hecho. Se trata de la serie española Elite (2018-2019), creada por Carlos Montero y Darío Madrona, cuyos episodios brindan al público las diferentes piezas para conformar el rompecabezas y, así, descubrir quién llevó adelante el homicidio y de qué manera lo hizo. En el marco del estreno de su segunda temporada en Netflix, EscribiendoCine conversó con la directora Florencia Orellano Gutiérrez sobre el fenómeno de las series enfocadas en la adolescencia y con la Doctora en Antropología Victoria Gessaghi acerca de la educación elite en Argentina.

JUEGOS RETORCIDOS

Al arribar al reconocido instituto Las Encinas, los estudiantes experimentan, en primera instancia, el ingreso al paraíso. Sin embargo, detrás de las paredes de esta escuela de elite, se esconden manchas de sangre y peligrosos secretos. Para conocer los acontecimientos que culminaron con el asesinato de una alumna, los espectadores se trasladan hasta el día en que emergieron los primeros conflictos. Todo comienza cuando tres jóvenes, luego de que se derrumbe su colegio, son becados para estudiar en Las Encinas, cuyo alumnado está integrado por adolescentes de clase alta, que acosan y humillan a los recién llegados. Relaciones competitivas y despreciables, así como también afectuosas y pasionales, surgen entre los personajes, quienes comienzan a escribir la crónica de una tragedia anunciada.

Marina (María Pedraza), Samuel (Itzan Escamilla), Guzmán (Miguel Bernardeau), Christian (Miguel Herrán), Nadia (Mina El Hammani), Polo (Álvaro Rico), Ander (Arón Piper), Carla (Ester Expósito), Lu (Danna Paola), Nano (Jaime Lorente) y Omar (Omar Ayuso), protagonizan esta historia de suspenso que incluye tópicos como tensión de clases, mandatos familiares y sociales, vínculos amorosos y sexuales, entre otros.

La primera temporada de Elite incluyó ocho capítulos: “Bienvenidos”, “Deseo”, “Sábado noche”, “El amor es una droga”, “Todos mienten”, “Todo va a salir bien”, “Todo estalla” y “Assilah”, que se estrenaron de manera conjunta el 5 de octubre de 2018 en Netflix. La serie española fue vista en más de 20 millones de hogares alrededor del mundo en sus primeras cuatro semanas en la plataforma audiovisual, de acuerdo a la información brindada por la revista estadounidense The Hollywood Reporter. Además, el público, en su mayoría adolescente, compartió las diferentes teorías y opiniones sobre los acontecimientos de la ficción en las redes sociales, lo cual amplió el impacto de Elite y, a su vez, incrementó las expectativas en torno a la segunda parte.

MONTAÑA RUSA EMOCIONAL

En la televisión argentina hubo diversas producciones audiovisuales dirigidas al target adolescente, sobre todo, telenovelas emitidas de manera diaria. Algunos títulos que pasaron por la pantalla chica fueron Casi Ángeles (2007-2010), ½ falta (2005-2006), Frecuencia 04 (2004), Verano del 98 (1998-2000) y Rebelde Way (2002-2003). Esta última ficción presenta algunos puntos en común con la serie de Netflix ya que plantea la convivencia de estudiantes de distintos orígenes, algunos becados y otros no, que afrontan diferentes experiencias en el Elite Way School, un instituto privado de prestigio internacional.

Con el paso de los años, las producciones enfocadas en el target teen pusieron mayor énfasis en las zonas oscuras de la adolescencia, como es el caso de 13 Reasons Why. Para la directora audiovisual Florencia Orellano Gutiérrez, la “serie madre” de la temática Trash Teen, caracterizada por manifestar la montaña rusa de emociones que plantea esta etapa de la vida, es Skins (2007-2013), centrada en un grupo de adolescentes y sus problemáticas. Asimismo, destacó a la serie de HBO, Euphoria (2019), como aquella que presenta todos los recursos correctos para describir la adolescencia en la actualidad.

“Este género pasó a ser más aceptado por todo el mundo y se hizo bastante viral. De hecho, se lo mejoró mucho, ya no solo se habla de una melancolía del adolescente, no solo vemos al personaje bajo un día nublado y teñido de azul, sino que se apuesta por miles de colores que dan paso a esta sensación de 'todo y nada', 'vida o muerte'”, explicó Florencia y, luego, describió: “En los últimos años, pasó de ser un objeto solo caracterizado por su edad a, por ejemplo, ser un animal político. Hoy en día, abordaría los traumas de la infancia, el reconocerse a sí mismo en el otro, la lucha, la euforia y las confusiones, las drogas como camino de auto conocimiento y como camino a no encontrarse a sí mismo nunca más. Pero, sobre todo, hablaría de la libertad sexual, el nuevo 'salir del armario' se trata de no tener necesidad de etiquetarnos”.

Orellano Gutiérrez escribió y dirigió la serie local Éxtasis (2013), que el público seguía inicialmente a través de Youtube, Vimeo o UN3TV y, hoy en día, puede visualizarla en Personal Play. La obra audiovisual, que cuenta con nueve capítulos y plantea cómo diferentes excesos atraviesan a un grupo de amigos adolescentes, ha generado destacadas repercusiones en el público.

Éxtasis nació con mi adolescencia. Mi manera de evadir los problemas y crearme realidades distintas siempre fue escribir. Empecé a escribirla a los 18 años (la edad de los personajes de la serie) y la realicé a los 22, cuando la retomé animada por compañeros de facultad que también me ayudaron a hacerla realidad”, recordó Florencia. “La serie se centra en la adolescencia, del 2008 en adelante, y los problemas que abordábamos en esa época. Hoy, tengo 30 años, y, obviamente, ya no empatizo con esos conflictos, porque hasta la sociedad ya se alejó de ahí. Éxtasis habla del primer amor, el descubrimiento de la sexualidad, el primer encuentro con drogas y alcohol. Pensamos que todo es para siempre y no existe la palabra 'siempre' en la lengua de nadie”, añadió.

LA EDUCACIÓN ELITE EN ARGENTINA

La Doctora en Antropología e Investigadora Adjunta del CONICET, Victoria Gessaghi, explicó que en las ciencias sociales hay múltiples discusiones en torno a cómo definir una elite. Hay países como Francia o Estados Unidos en los que hay una distinción explícita de quienes la integran, mientras que, en otros, como es el caso de Argentina, la distinción es más compleja, que se debe a un factor relevante como es el de la movilidad social.

“Tenemos una elite que se define en función de quienes ocupan determinadas posiciones, pero no hay requisitos preestablecidos o canales fijados como en otros países que te garantizan acceder a esos espacios. Lo que sí encontramos es que, una vez que una persona llega a determinadas posiciones de poder, es muy probable que eduque a sus hijos en ciertas escuelas, entonces, esto hace que la segunda generación esté rodeada desde su infancia por sujetos que pertenecen al mismo circulo de sociabilidad”, señaló Gessaghi.

En cuanto a la elite asociada a la cuestión económica, hay dos grandes tipos de escuelas en Argentina, en las que se han formado las personas pertenecientes a la clase alta desde principios del siglo XX. Por un lado, se encuentran las escuelas laicas inglesas, que son bilingües y tienen un pensamiento contemporáneo y cosmopolita, por lo que buscan que los jóvenes interactúen con gente de diferentes nacionalidades y religiones, y, por otro lado, las escuelas católicas, que son más conservadoras y, más que la excelencia académica, priorizan la educación en cuanto a valores y a la tradición del catolicismo. En ambos casos, suelen ubicarse en la zona norte de la provincia de Buenos Aires, ya que, las elites, siempre tuvieron una relación fluida con el centro porteño.

En las escuelas de elite laicas bilingües, si bien hay un proceso de selección del alumnado, el principal filtro no es el período de aceptación, sino el elevado valor de las cuotas. Mientras que, las escuelas de elite católicas, a pesar de ser más económicas que las anteriores (no dejan de ser caras) plantean un período de selección del alumnado muy estricto, se deben presentar cartas de recomendación de parte de ex alumnos, familiares que hayan asistido a la escuela o gente reconocida por la institución, ya que, caso contrario, no se puede concretar el ingreso. Asimismo, los jóvenes deben asistir a entrevistas y aprobar diferentes exámenes. En este último tipo de colegios, los estudiantes se encuentran con pares, sus familias provienen del mismo círculo social y se conocen, viven y veranean en las mismas zonas, hacen actividades deportivas (principalmente rugby) los fines de semana y comparten el tercer tiempo. “Haber sido elegido para entrar en estas escuelas te consagra. Desde chicos se establecen lazos de confianza; hay una acumulación de capital social muy importante”.

En relación a la inclusión de alumnos becados en los colegios de elite, Victoria expuso: “En las escuelas primarias y secundarias no suele haber becados, mientras que si suele haberlos en las universidades para los alumnos con mejores promedios de escuelas públicas y privadas. Lo que ocurre es que los becados, en general, se juntan entre ellos y les resulta súper oneroso hacer las actividades que hacen los hijos de los ricos”. Asimismo, planteó: “Es interesante que hay una noción de la necesidad de salir de la burbuja en el ámbito educativo porque está probado que la diversidad de religiones, etnias y niveles socio económicos mejora los resultados educativos. La idea de incorporar becados tiene que ver con que los alumnos ricos experimenten estar con otros que no están en sus mismas condiciones y que son un aporte a su formación y crecimiento”.

En cuanto a la elite, no vinculada a la cuestión económica, sino intelectual, la antropóloga resaltó al Colegio Nacional de Buenos Aires, que es una escuela preuniversitaria pública de enseñanza secundaria laica. La mayoría de los alumnos de dicha institución educativa pertenecen a los sectores medios de la sociedad argentina y, si bien no es habitual, también asisten hijos de familias tradicionales y de empresarios, por el valor y prestigio del colegio.

“Ahí hay un rito de pasaje muy importante que es el curso de ingreso, pasar los exámenes y mantenerse en la escuela. Son experiencias que marcan a los alumnos en términos de lo que significa pasar por esa escuela, estudiar tanto, que tus amigos del barrio estén yéndose a bailar y vos te tengas que quedar estudiando para los exámenes. Empiezan a verse como parte de una elite que se mantiene en esa escuela porque se rompen el alma estudiando. Si bien el mérito está en todos lados, el Nacional Buenos Aires es la estrella en ese sentido”, destacó Gessaghi.

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