José C. Donayre Guerrero
20/05/2019 09:57

Game of Thrones llegó a su final. Este domingo se emitió el episodio 6 de su última y 8va temporada con lo cual culmina una década cosechando adeptos y generando todo tipo de discusiones y teorías por su auge polémico, violento y el juego político de alianzas y traiciones, mostrando el lado conspirativo de la naturaleza humana además de su heroísmo y creencia mítica. Pero este cierre no está a la altura de las expectativas generadas.

Este episodio empieza con Tyrion (Peter Dinklage) caminando por la destruida King’s Landing. Recorre todos los lugares donde estuvo en el pasado, en su anterior etapa de mano del Rey. Y en una escena emotiva -y quizá lo mejor de este episodio- encuentra los cadáveres enterrados por los escombros de sus hermanos: Jaime Lannyster (Nikolaj Coster-Waldau) y Cersei Lannister (Lena Headey). Gran inicio para una expectativa que había decaído con el capítulo anterior. Luego vemos a Daenerys Targaryen (Emilia Clarke), que ha quemado a la gente y sus casas, celebrar con los Dothrakis y los Inmaculados la toma del poder. Jon Snow (Kit Harington) sabe que todo está mal. Intenta detener la ejecución de unos soldados, pero no puede hacer nada. Esta confundido y perdido como a lo largo de la 8va temporada. Daenerys da un gran discurso ante toda su armada y se la ve apoteósica e indestructible de estilo imperial. Pero ahí aparece Tyrion (Peter Dinklage) y renuncia a ser mano del rey. Y todo empieza a pasar rápido como en otros episodios. 

No hay tiempo para asimilar nada. Tyrion es tomado prisionero por la traición de liberar a su hermano. Arya Stark (Maisie Williams) quien luce vengativa y con ganas de asesinar a Daenerys no logra hacer nada. Y Jon tiene una gran charla con Tyrion quien lo manipula para matar a Daenerys. Sin embargo el personaje de Jon Snow está tan decaído que uno no sabe en qué posición está, parece un desinfle del héroe de las anteriores temporadas. Solo deambula hasta que decide ir dónde Daenerys. Cabe señalar que la escena que sigue es muy interesante. Si ya su aparición con el dragón a sus espaldas fue emotivo y atractivo aquí ver cómo Daenerys está viviendo su propia predicción es inquietante. Al fin después de un largo recorrido llega al trono hasta que aparece Jon Snow y después de una charla y, lo que parece un reencuentro amoroso, termina por matarla. Así de manera rápida sin mucho dramatismo como si se olvidara de quienes se trata, muere Daenerys. Dragón se acerca y lo que parecía convertirse en una lucha contra el asesino de su madre, termina inesperadamente con el dragón destruyendo el trono dando la simbología de que se acabó la era de reyes. Se lleva el cuerpo de Daenerys volando y desaparece. 

Hasta aquí todo tenía sabor a poco pero resultaba álgido, aceptable y cumplidor. No obstante el episodio entra en un camino tortuoso y una vorágine donde pierde todo el nivel altivo que mantuvo la serie, rozando la decepción. Pues luego de un gran bloque a negro, regresa con la supuesta ejecución de Tyrion, y lo que tenemos es la elección del nuevo rey en una nueva era. Los inmaculados (que nadie entiende como es que tienen poder) tienen prisionero a Jon Snow, pero tienen que aceptar la orden del nuevo Rey quien es increíblemente Bran Stark (Issac Hempstead Wright) un personaje que desde que llegó a Winterfell no hizo absolutamente nada. Y Samsa Stark (Sophie Turner) pide la independencia del norte. Siendo así su nueva reina. Pero Jon Snow es castigado y enviado de por vida a ser parte de los Guardianes de la Noche, otra vez. Es decir, que después de todo el camino y el gran secreto que tenía en su identidad termina donde empezó. Puede resultar lógico pero es como un camino hacia la nada. Sobre todo porque la espera sobre su accionar siempre era alto. Más con lo que hizo. Nadie esperaba que resultara un gran ganador, pero si una imagen final diferente pues parecía ser un héroe construido sobre la ignorancia, pero sobre sus propios pasos y su buen tino. 

Esta serie se caracterizó por ser polémica, aunque desdeñar tanto a un personaje a sabiendas de lo importante que resultaba es raro. Lo llamativo después es pensar que todo se hizo a pedido de Tyrion pues él es quién instó a que matara a Daenerys. Snow no hace nada incluso sabiendo que podía ser Rey. Al parecer Tyrion lo manipula más en venganza por sus hermanos que otra cosa. Al final la serie con el nuevo rey y consejo pareciera ya una parodia de lo que era antes, con personajes impensados en puestos de gran envergadura. Pero bordean lo ridículo y termina así con una gran estirpe de grandes personajes y grandes actores en estos mismos lugares. Resulta emotivo el reencuentro en el Castillo Negro de Jon con Tormund yéndose con los salvajes hacia el fin del mundo, pero nada más que eso. El paralelo con Arya partiendo más allá del oeste y Samsa Stark nombrada reina del norte no genera nada más que un final predecible y termina por mostrar lo floja que fue esta temporada, más que nada por optar por ser efectista y conclusiva olvidándose de giros interesantes para el final de cada personaje.

El cierre es lógico y tal vez como se decía que sería, pero sabe a poco, queda poco por decir de cómo se reelaboró, se dejó estar sin vislumbrar nada más que las erróneas decisiones argumentales. No se puede negar que cuando uno recuenta el enorme camino de emociones y aplomo que dio esta serie es impresionante. Desde el inicio con el mito de los Caminantes Blancos (que al final fue muy mal resuelto) como gancho disparador para adentrarse en este mundo de George R. R. Martin que seguro le dará otro final a sus libros.

Muchas dudas quedan expuestas. Personajes emblemáticos desaparecidos y limpiados de la trama sin mayor explicación. Daenerys termina con una muerte plana lo mismo que Cersei ¿Por qué así si duraron tanto? ¿Por qué el fuego de Dragón no fue para Snow? ¿Qué pasó con su destino de Targaryen? ¿Por qué lo revivieron? ¿No estaba recuperando el trono que le pertenecía al matar al usurpador Daenerys? Bran el nuevo rey sabía lo de Snow sin embargo ¿por qué no decía que no era señor de nada?

Se llega a un punto donde nada se entiende. Se termina por terminar. Todo parece el ardid de Tyrion dirigiendo la elección entre una democracia y una monarquía, donde todos van a vivir al parecer felices sin más, pero no se puede asegurar nada. Todo son dudas, incluso el collage de los Stark dando a entender que son los Skywalkers de la historia, aunque tampoco se puede tener certeza de ello. No se clausura lo que se ha visto a lo largo de tanto tiempo. Una manera poco inspirativa para ser el punto final de una serie que marcó una era y que la marcará, muy a pesar de que no se asuma como tal, pues cierra liviano, sin dejar un hito en el espectador. Solo a medias. Es cierto que esta temporada tuvo un trabajo visual alucinante, pero el recuerdo de lo mejor quedará hasta el episodio cuando murió el Rey de la Noche y en el recuerdo de los capítulos donde ya nadie te puede matar la emoción ni la aventura vivida. 

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