José C. Donayre Guerrero
13/05/2019 14:03

El penúltimo episodio de Game of Thrones deja notar el próximo final con la batalla prometida. Aquella que se esperó desde el inicio de la serie cuando los hijos sobrevivientes de Aerys Targaryen, el infame Rey Loco, estaban marcados por el destino de algún día recuperar el trono. Llega la furia desatada en Desembarco del Rey cuando Daenerys Targaryen (Emilia Clarke), después de perder a Missandei y a uno de sus dragones regresa por todo, al frente del poderosísimo ejército de Cersei Lannister (Lena Headey). Aunque tiene un gran despliegue visual, este episodio lo deja a uno conflictuado por ser funcional y coherente. Sin duda es polémico por su tema bélico, mantiene tensión, pero no entrega los elementos que tanto hicieron de ésta, una gran serie.

Todo empieza con la traición de Varys (es interesante el clima final que deja este gran personaje a la serie) fácilmente descubierto, condenado y quemado por el fuego del dragón de Daenerys. Un gran personaje como este termina de una manera debilitada. Tal vez se hubiera esperado un giro final que permita darle un cierre mejor.

Es atractivo como la muerte de Varys deja al “fuego” como un elemento metafórico para Daenerys, que está a puertas de convertirse en su padre (la idea más interesante de este episodio) pues se siente traicionada también por Jon Snow (Kit Harington) y Tyrion (Peter Dinklage). A mucha velocidad muere Varys, Tyrion está debilitado también y de pronto han apresado a Jaime Lannyster (Nikolaj Coster-Waldau) mientras iba donde Cersei. Como una película de acción empiezan a darse los elementos desencadenantes y ya. Tyrion, en una escena un tanto forzada y no menos emotiva, libera a su hermano para que salve a Cersei -y además- porque le debía un favor de aquella vez que Jaime logró hacerlo escapar (aunque eso provocó la muerte de su padre). No se puede negar que aquí parece vislumbrarse cierto suspenso por lo que vendrá -al igual que el inicio de Varys develando quien es en realidad Jon Snow-, pero todo queda en eso. Lo que parecía un juego inteligente de Tyrion (que desde hace unos capítulos está más diezmado y el secreto que arrastraba en la temporada anterior queda en nada) es simplemente un punto menos a su inteligencia y un personaje que comete errores constantemente, en lugar de ser el gran artífice que se vislumbraba en temporadas pasadas. Parece más un personaje abatido por el tiempo y la melancolía.

Todos van por Cersei. Jaime en camino para salvarla y el Perro y a Arya en camino para matarla. Así empieza la guerra. Lo hace de forma tradicional con ambos bandos uno enfrente del otro, lo sorpresivo llegará con Daenerys quien está más preparada para enfrentarse ella sola, con su único dragón, a Euron Greyjoy y a la flota de Hierro y el ejército Dorado. Y los destruye con facilidad. Si bien resalta que la serie vaya por caminos contra lo esperado, tal vez cierta ley de inercia hubiera esperado un enfrentamiento de choque brutal entre estos ejércitos y los inmaculados y de los del norte. Sobre todo porque se había dado la idea de que el ejército de Daenerys estaba muy opacado. A este punto cabe señalar que Jon Snow, desde la batalla de los bastardos no pasó por aprietos de un héroe en medio de la guerra. Solo es llevado por un filo donde no le cuesta mucho sobrevivir. Pero aquí empieza el meollo del asunto puesto que eso quiere decir que Daenerys solo necesitaba un envión anímico y no una planificación militar. La serie siempre mostraba que todo se decidía entre los ejércitos y cierta estrategia. Aquí todo se resuelve así sin más. Y las campadas de rendición de la Fortaleza Roja es lo que hace que Daenerys pierda los papeles y empiece a quemarlo todo. Se convierte finalmente en su padre El Rey loco cuando era la buscadora de la justicia y defensora de los opresores. Puede ser atractivo ese cambio pero es un tanto paradójico para el tipo de personaje que se planteaba.

La imagen de Daenerys enloquecida es llevada al límite. Es interesante que todo su accionar lo deja a uno conflictuado. Ver a todos los inocentes, madres, niños muriendo por el fuego de Drogón y a un Jon Snow perdido como dándose cuenta de que esta todo mal y el mismo Tyrion impactado completan un drama muy fuerte de asimilar y a la vez macabro. Eso es lo mejor de este capítulo. Se desencadena una destrucción total, pero la decepción llega del lado de Cersei. Todo el tiempo se espera que haga algo, una carta bajo la manga, un giro inesperado. Nada de eso llega. Solo termina por llorar y quedarse estática en la torre. Al final logra huir para morir junto a Jaime Lannister en las criptas de la Fortaleza Roja bajo un tono romántico. Los iniciadores del conflicto de toda la serie terminan aplastados por los escombros de Poniente. Desde luego se esperaba un final mejor para una figura tan emblemática como ella. Y quizá lo más flojo de esta temporada es el final que le brinda a sus personajes más altivos. Todo es demasiado simple. Desde luego que funcional, pero no entrega mayores matices. Como sucedió con El rey de la noche y ahora con Cersei que soñó con el poder para los Lannister y que había alcanzado a ser imponente.

Arya Stark (Maisie Williams) que iba decidida a matar a Cersei tiene un dialogo clave con El Perro, muy emotivo si, pero que termina por resultar un tanto extraño, dado que Ayra se había preparado para este momento. Y una frase la saca de todo. Entonces escapa y vive en carne propia el fuego y destrucción de Daenerys. Sin duda ahora irá en busca de acabar con la madre de los dragones, pero ya eso queda por ser menos sorprendente dado que no cerró la injusticia cometida contra su padre Ned Stark en la primera temporada.

Lo que sí es lo más impactante de este episodio es el Cleganebowl entre Sandor “El Perro” y el Zombie la Montaña. Una lucha esperada y épica entre los dos hermanos. Con un gran final donde vemos a La montaña en su faceta de “Darth Vader” sin casco develando toda la cirugía a la que fue sometido. Un ser que se muestra indestructible que no muere con nada, solo cuando el Perro decide sacrificarse para que ambos caigan al agua consumidos en el fuego.

Miguel Sapochnik ha entregado otro capítulo de gran envergadura visual. Esta vez la destrucción de Desembarco del Rey y la quema de toda su gente con una gran crudeza. Sin embargo, el resultado es un episodio sin demasiada imaginación y perspicacia de la que nos tenia acostumbrado la serie, el guion resulta coherente y concreto pero usado más de manera efectista. Muchas preguntas quedan en el aire, como ¿por qué Cersei no fue lo que aparentemente parecía ser y sucumbe así? ¿A quién se le ocurrió incluir el personaje de Euron Greyjoy (completamente innecesario)? ¿Bastaba con un solo dragón para tomar Desembarco del Rey? ¿Si hubieran estado los tres dragones vivos era ya más que sencillo? ¿Por qué mostrarlos diezmados a un ejército que fácilmente acabo con uno supuestamente más poderoso? ¿Qué pasa con Tyrion? ¿Qué pasa con Jon Snow? Al final muchos personajes han debido tener otro tipo de desenlace sobre todo por el peso dentro de la serie. Aun hay expectativa por el cierre final, pero al parecer este será como lo que hemos visto y ya. Las elucubraciones y las teorías se han dejado un poco de lado. Quizá aun reste un giro inesperado, pero parece que ya todo esta servido para el desenlace de un trono que quedará quizá en las manos de Samsa Stark (Sophie Turner) o del propio Jon Snow luego de la caída de Daenerys. No son muchas las opciones, salvo que ocurra algo que rompa todo lo previsto. Se verá el próximo domingo como termine todo. Tal vez se debió esperar que George R.R. Martin terminara los libros para resolver mejor algunos giros dramáticos de esta última temporada.

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