José C. Donayre Guerrero
29/04/2019 13:48

Game of Thrones, la serie creada por David Benioff y D.B Weiss, tuvo en su episodio 3 de la temporada final su momento de esplendor visual, un despliegue nunca visto en la televisión, aprovechando toda una gama de posibilidades más cinematográficas. Colocando al límite el uso de la luz y giros dramáticos y siempre dejando de lado lo previsible para un resultado polémico e impactante. El responsable es también el director Miguel Sapochnik que nos entregó “La Batalla de los Bástardos” y ahora un capítulo completo centrado en la “La Batalla de Winterfell”.

Esta vez el ejército del Rey de la Noche (The Night King) llega finalmente y comienza desde la oscuridad todo su vasallaje. Ya desde el capítulo 2 se habían generado grandes escenas dramáticas y que marcaban una gran expectativa por el destino de los personajes, la larga espera y la sensación de que nadie quedará con vida hace que el diálogo y comportamiento de los personajes se vuelva atrapante de cara a lo que está por venir. Por supuesto el inicio del segundo capítulo titulado “A Knight Of the Seven Kingdoms” con el juicio a Jaime Lannyster (Nikolaj Coster-Waldau) que se rencuentra con Bran Stark (Issac Hempstead Wright) ahora cuervo de tres ojos. La condecoración en caballero de Brienne de Tarth (Gwendoline Christie) por parte de Jaime Lannister. La charla entre Tyrion, Davos, Podrick Tormund, alrededor del fuego sobre el final que les espera. Y la escena sexual entre Ayra y Gendry que es lo más llamativo de un capitulo que cierra con Jon Snow diciéndole a Daenerys Targaryen (Emilia Clarke) que es el verdadero y único heredero del Trono de Hierro. Claro al final la llegada de los Caminantes Blancos a Winterfell. Sin duda es importante toda esta tensión previa que se genera para que luego el golpe dramático y la incertidumbre sea mayor para la batalla que se avecina.

Y justamente el capítulo 3 empieza desde el silencio, desde el miedo de Sam Tarly (John Bradley) que camina hacia las trincheras, de Tyrion (Peter Dinklage) que solo observa, todos consumidos en un terror desconocido pues es la muerte la que viene. Esa idea de la oscuridad que viene a aniquilar a todos como una niebla espesa es lo que aumenta el suspenso y hace un uso que se mantiene todo el capítulo.

Si hay algo que Game of Thrones siempre hace es jugar con lo previsible, con lo que se piensa y darle un nuevo giro e incluso con la sorpresa. En este capítulo también es así. De pronto desde la oscuridad surge un personaje a caballo y nadie sabe quién -o qué- es y se trata de Melisandre (Carice van Houten) que con el poder del señor de la Luz ilumina las armas de los Dothrakis que después tienen esta emblemática escena de desplazamiento hacia el ejército de los muertos como una luz que avanza y luego el gran numero desaparece. Atractivo y emotivo juego lumínico. No deja de ser confuso al inicio, pero se trata de un juego del contraluz más real posible. Se contraponen el anaranjado del fuego y el azul de los caminantes blancos. Gran uso de la fotografía y un montaje rítmico para darle al ejército de zombies una especie de masa mortífera que avanza destruyendo a todos. Tanto es así que cada bloque del ejército de Winterfell comienza a caer y a retroceder. Nada los detiene a los muertos vivientes y hasta aquí todo lo planeado no sirve de nada. Ni las trincheras, ni los dragones, ni tener hombres guerreros de los mejores, nada sirve de algo. Esa idea de derrotismo premeditado e inevitable es lo más loable.

Por otro lado, hay guerra en el aire. Lo que parecía un gran contragolpe de Daenerys Targaryen (Emilia Clarke) junto a Jon Snow (Kit Harington) en sus dragones queda mermado por una niebla gélida y inconmensurable que los cubre y no pueden defender el suelo, ni siquiera pueden moverse con facilidad en el aire. Y entre todo esto aparece el Rey de la Noche en su dragón para una guerra aérea durísima y frenética. No se puede negar la belleza de imágenes pausadas cuando entre las nubes los dragones vuelan y quedan enmarcados con el fondo de la luna. Y justamente esto sucede a lo largo de la batalla: se tienen momenton álgidos y sincopados de lucha enardecida para luego pasar a momentos de calma y espera. Por ejemplo, la parte de Ayra Stark (Maisie Williams) escapando a una biblioteca donde transitan zombies  sin que la perciban. Aquí una gran referencia a la saga de Resident Evil y Walking Dead, pero dándole su propio trasfondo. Cabe añadir que este capítulo tiene muchas referencias cinematográficas, sin duda El Señor de los Anillos: Las Dos Torres (2002) de Peter Jackson, es quizá la más notoria con esa idea del clima que cambia, de los zombies trepando por los muros y cayendo cada uno mientras los protagonistas los esperan en lo alto. La figura del Rey de la Noche como el que todo lo puede, indestructible y que parece no lo detiene nada que incluso es tan perspicaz que camina hasta la zona de batalla para revivir los cadáveres para su ejército. Gran escena frente a un Jon Snow que nada puede hacer. Nuevamente las películas basadas en los libros de Tolkien asoman en varios momentos.

Al final es un riego de muertos, de fuego y de hielo (justamente apela a su propio titulo literario) donde mueren Jorah y Lady Mormmont, Edd y Beric Dondarrion, y Theon Grejoy de manera conmovedora, pero los más esperados se salvan casi todos. Porque Ayra mata al Rey de la Noche en el último minuto. Momento polémico porque nuevamente irrumpe la idea sorpresiva de acabar con un gran personaje. Pero la serie mantiene su filosofía a lo Alfred Hitchcock, es decir: lo más importante y que nos mantiene atados a la ficción de pronto desaparece.

Es simbólico que sea Ayra finalmente quien salve winterfell ya que ella fue testigo de como perdió todo y cuando ya era el momento que la casa de los Stark llegaba a su fin con la muerte de Bran, aparece de la nada para terminar todo. No obstante, ya desde el capitulo 2 hay todo un desarrollo que gira en torno a ella y los demás que iban a ser los héroes mortales terminan un poco en segundo plano. Entonces es lógico el mayor protagonismo que irrumpe aquí.

Ahora de pronto surge la incógnita de qué pasará. Esta vez se viene la guerra final contra Cersei Lannister (Lena Headey). El ejército diezmado de Winterfell irá a Poniente para la guerra por el trono entre los vivos. ¿Se terminaron, así como así, los Caminantes blancos? ¿Cuál era la relación entre Bran y el Rey de la Noche que nunca se dijo? ¿Cuál es el secreto de Tyrion: será traición? ¿El final será también inesperado? ¿Se dirá el secreto de Jon Snow? Un torrente de preguntas ha dejado este tercer episodio. Pero que, sabiendo que aún quedan tres capítulos, marca algo épico e histórico de gran nivel para una serie que lo apostó todo y que ha mantenido alta tensión en sus 82 minutos de duración. Otra vez será un episodio premiado por su gran despliegue visual y dramático. Y desde lo argumentativo, deja todo abierto hacia un final que ojalá sea tan sorprendente como en sus mejores temporadas.

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