José C. Donayre Guerrero
15/04/2019 09:50

Luego de una espera de dos años desde que terminara la 7ma temporada de Game of Thrones, la serie creada por David Benioff y David N. Weiss, anoche se estrenó el primer capítulo de la 8va y última temporada. Ha sido una semana donde la expectativa ha ido creciendo a niveles impensados, más si se suma la cantidad de teorías y videos que se han hecho pensando en lo que puede suceder en esta serie que, a diferencia de las anteriores, solo serán 6 episodios. Aunque tendrán la duración de films, será la que cerrará el concepto final y el recuerdo que se tenga de esta serie catalogada como la mejor de la televisión.

Y este primer episodio escrito por Dave Hill y dirigido por David Nutter, titulado “Winterfell” empieza donde terminó la temporada anterior, todos llegan al Norte. Es una suma de reencuentros que empieza muy parecido al primer capitulo de la serie cuando llega el Rey Baratheon (Mark Addy). Esta vez en lugar de Bran Stark (Issac Hempstead Wright) se trata de un niño que sube a lo alto para ver la llegada de Daenerys Targaryen (Emilia Clarke) como la reina oficial junto a Jon Snow (Kit Harington) y todo su enorme ejército sumado a los dos dragones. Ahora todos se están uniendo a pesar del disgusto de la gente del norte por esto. Más cuando los Lannister mandarán su ejército. La protesta es general. No obstante, no queda otra que unirse para luchar contra el ejército de los muertos vivientes de los Caminantes Blancos que ya cruzaron el muro. Aunque Cersei Lannister (Lena Headey) no piense lo mismo.

En este episodio ocurren las presentaciones del caso y ya la rivalidad entre Sansa Tark (Sophie Turner) y Daenerys. El propio Jon Snow queda a merced de ambas mujeres aunque claro está que aun desconoce el hecho de su verdadera identidad (algo que cambia al final) y que todos sabemos menos él. Más alejada y como observadora está Ayra Stark (Maisie Williams). Mucho más que reencontrarse con sus viejos amigos y enemigos, este capítulo no ofrece. Sin duda la mejor escena es cuando ella se ve después de tantas temporadas con su hermano Jon Snow. Y hasta aquí es interesante tantos reencuentros esperados y aunque resulten en demasía, la lógica nos hace aceptarlos.

Si cabe señalar que hay una maduración de los actores en cuanto a sus respectivos personajes. Se nota que hay un paso del tiempo que hay mucha sobriedad y ya cada uno bien puesto sobre sus papeles. Por ejemplo, Tyrion Lannister (Peter Dinklage) con sus miradas enigmáticas ya no tan locuaz como antes. La misma Cersei Lannister planeando uno vaya a saber qué, pero con risas extrañas. Siempre tratando de dominar a todos los demás, incluso al más desagradable Euron Greyjoy (Pilou Asbaek). Por otro lado, el cambio de Samsa Stark para finalmente ser la verdadera heredera de Winterfell, lo mismo Bran Stark ya mucho más vigilante en un estado de continuo suspenso (antes se lo veía como una impostura, ahora se siente que es el Cuervo de los tres ojos, finalmente). Es también la idea de que tienen sobre sus espaldas un legado de personajes increíbles que fueron desapareciendo. Aparte al final parecía que llegarían otros y no ellos.

A todo esto también hay cierta languidez inicial, toda la parte de Cersei (a pesar del encargo de asesinar a sus hermanos) y los barcos y el rescate de la hermana de Theon Greyjoy (Alfie Allen) es un tanto que se va volviendo lento hasta que llegan dos escenas emblemáticas y no menos esperadas. Jon Snow se sube a un dragón. Y aunque es un tanto risueña y divertida, tal vez uno esperaba que hubiera sido en un momento más intenso. La otra escena es el momento que Jon Snow se entera por fin de boca de su mejor amigo Sam Tarly (John Bradley) que es Aegon Targaryen, único heredero del Trono de Hierro. Que su padre no es Ned Stark (Sean Bean) y que creció bajo una mentira. Tal vez esta escena nadie lo esperaba tan pronto, pero llegó de la forma más adecuada y como acostumbra la serie, de golpe. Ahora se plantea la idea si se lo dirá a Daenerys y como seguirá el tema con respecto a su identidad. Como agregado se debe resaltar el momento que Sam Tarly se entera de la ejecución de su padre y su hermano.

Sin duda es un episodio muy introductorio. Es atrapante (sobre todo también por la expectativa de todo lo que paso en la anterior) aunque aun no ha habido ninguna pelea ni encuentro dramático, salvo el primer indicio de que los Caminantes Blancos ya están cerca. Y es interesante que aún no los hayamos visto, y percibir que andan rondando por algún sitio. Esa intriga siempre suma. En honor a la verdad no podíamos esperar que todo se resolviera al instante, pero la idea de preparación ha sido manejada de manera prudente. Tal vez alguna dosis de tensión hubiera calmado la ansiedad, pero esta todo ya cocinándose para la gran guerra. Avanza a saltos largos, ya no se dispone del tiempo de antes y eso se percibe, pero terminar con el reencuentro de Jaime Lannyster (Nikolaj Coster-Waldau) y Bran Stark, quienes no se ven desde el primer capítulo, le dan el cierre a este episodio para notar lo importante y sobre lo que vendrá en el episodio 2. El invierno ya está entre nosotros y no se puede nadie quitar las ansias de saber qué pasará con la llegada del Rey de la noche en el próximo episodio.

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