Juan Pablo Russo
10/03/2019 14:07

Tras el estreno de Entre Gatos Universalmente Pardos (2018), el documental de Damián Finvarb y Ariel Borenstein, que reconstruye la vida y obra de Salvador Benesdra periodista, escritor, psicólogo, traductor, autodidacta, recuperamos El Traductor, lo obra magna de la literatura argentina, reeditada por Eterna Cadencia.

Entre Gatos Universalmente Pardos

(2018)

Hoy El Traductor es una novela de culto que tras una primera edición por Ediciones de La Flor en 1998 volvió a reeditarse en 2012 por la editorial independiente Eterna Cadencia. Son 672 páginas que recorren la crisis ideológica y sentimental de la izquierda en la última década infame argentina ante el avance de las políticas neoliberales. Benesdra no la pudo ver publicada. Las editoriales la rechazaban, los concursos no la premiaban y su autor, que había sido despedido del diario Página 12, donde trabajaba en la sección de Política Internacional, inestable psicológicamente se quitó la vida un 2 de enero de 1996 arrojándose al vació desde el piso 10 de un departamento en el porteño barrio de Congreso.

Benesdra escribió El Traductor entre 1992 y 1994 y en él narra los obscuros amores de Ricardo Zevi, treintañero, judío, un traductor que trabaja para un grupo editorial progresista con ideas de izquierda y una formación multifacética al que se le derrumba la estantería ideológica y no sabe de dónde agarrarse, y Romina, una muchacha diez años menor, provinciana, adventista y anorgásmica, con la que llega hasta los recovecos más retorcidos de la perversión. Zevi se debate entre el fracaso sentimental y la racionalización empresaria e intenta traducir las contradicciones de un mundo que se cuartea como una hoja otoñal.

El Traductor fue y sigue siendo la mejor obra escrita durante los años 90. Una novela colosal, tan atípica como ambiciosa, que con una prosa de tono lírico y una fuerza abrumadora retrata y reflexiona acerca del mundo del trabajo, el desbande sindical y la crisis de la izquierda en tiempos de ajuste neoliberal y menemismo, pero también acerca de las posibilidades e ironías del amor en medio de la desesperación y la impotencia.

La novela fue finalista del Premio Planeta argentino en 1995, pero no se publicó hasta 1998, dos años después del suicidio de Benesdra, en una edición pagada parcialmente por su familia y tras varios rechazos editoriales.

La crítica de la época comparó a Benesdra con Roberto Arlt y a El Traductor con Rayuela, de Julio Cortázar  y con los libros de Alfred Döblin y Robert Musil por su mordaz descripción de la vida en la ciudad contemporánea. Una narración que arde hasta provocar polifónicas turbaciones propias en un escritor maldito y provocador.

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