Emiliano Basile
30/11/2018 01:39

Una de las mejores películas presentadas en el 71 Festival de Cannes fue sin dudas Happy as Lazzaro (Lazzaro felice, 2018), la nueva producción de la directora italiana Alice Rohrwacher (Las maravillas, 2014) que ahora llega a Netflix y en la que nuevamente fusiona mitología cristiana con su gran conocimiento de la Italia rural.

Happy as Lazzaro

(2018)

En este caso, es en una familia de campesinos donde la figura bíblica de Lázaro y su multiplicidad de significados deambula la trama. Parábola que viene del Evangelio de Lucas (capítulo 16, versículos 19 al 31) que relata la historia de dos hombres y el destino de cada uno de ellos: el pobre Lázaro, lleno de llagas y sin socorro, es llevado luego de su muerte al seno de Abraham, en tanto que el rico, que viste de púrpura y lino fino y banquetea cada día, sufre tormentos en el Hades luego de ser sepultado.

Podemos ver cómo la parábola del rico y el pobre sobrevuelan la historia de la aldea alejada de cualquier atisbo de progreso. En ella se encuentra la humilde familia de campesinos de varias generaciones que trabaja para la Marquesa Alfonsina de Luna. Las diferencias de clase y la explotación con tintes medievales se hace evidente aún más, cuando el noble Tancredi (Luca Chikovani), hijo de la marquesa, le pide a Lázaro (Adriano Tardiolo), uno de los jóvenes integrantes de la familia de campesinos, que lo secuestre para sacarle dinero a sus padres.

Alice Rohrwacher regresa con otra historia donde demuestra su talento para el retrato realista de los vínculos en una familia rural del sur de Italia. Las motivaciones de los personajes quedan evidentes en escena con un gran virtuosismo para la descripción de gestos y pasiones secretas expresadas entre ellos con sutiles acciones. Pero ese registro realista cuasi documental adquiere, como en su film anterior, un condimento fantástico que escapa a la lógica de la representación. Sin embargo, y aquí uno de los puntos fuertes de su cine, no es fantástico para los personajes de su película, porque para ellos la lógica religiosa mítica es tan real como la rutina del trabajo que llevan a cabo a diario. La familia campesina acepta su destino al igual que el recurso fantástico del mismo modo que acepta la división de clase y la explotación a la que están sometidos. Situación tan arbitraria para la familia como la introducción del elemento fantástico en la trama para el espectador.

Lázaro hace un salto en el tiempo y el espacio. Su familia se traslada a la capital por trabajo y vive cuan mendigos pero siguen subsistiendo. Todos sus familiares envejecieron menos Lázaro que sigue con la edad y fisonomía de antaño. En ese nuevo contexto ahora urbano, se reencuentran con un devaluado Tancredi (ahora Tommaso Ragno) que aparece nuevamente como una esperanza para su grupo. ¿Qué es Lázaro? ¿Un santo? ¿Un ángel? En el Nuevo Testamento Lázaro de Betania es conocido por alojar a Jesús de Nazaret en su casa. Jesús lo resucita luego de cuatro días muerto, por eso el nombre Lázaro significa “ayudado por Dios”, siendo sinónimo de resurrección. Su figura se carga de matices míticos mientras el aura brilla a su alrededor.

La directora logra desde el realismo mágico exponer diferencias sociales e, incluso, permitirse denunciar la situación financiera actual, con una historia llena de personajes queribles y otros despreciables, para actualizar una vieja parábola bíblica. Como en Las maravillas trasmite comportamientos humanos con una empatía admirable que permite describir injusticias sociales una vez más, pero en esta oportunidad, trasladando dilemas a una dimensión actual redondeando con Happy as Lazzaro, su mejor película a la fecha.

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