Emiliano Basile
25/05/2018 11:48

“No se puede hacer una gran película de una gran novela” advertía Alfred Hitchcock a un joven François Truffaut en su famosa entrevista. La historia es conocida, Truffaut desoye al maestro del suspenso y se despacha en 1966 con la versión cinematográfica de la gran novela de Ray Badbrury de 1953. El resultado deja mucho que desear, al igual que esta nueva versión estrenada en el 71 Festival de Cannes que ya puede verse por HBO.

Fahrenheit 451

(2018)
4.0

Poco más de cincuenta años después de la película de François Truffaut, HBO pone en funcionamiento una nueva versión de la novela con el fin de explotar los avances tecnológicos contemporáneos para recrear un futuro distopico netamente visual, despojado de libros en Fahrenheit 451 (2018). 

Ramin Bahrani (99 homes, Atary price) es el encargado de realizar la adaptación que cuenta con las actuaciones de Michael B. Jordan (Creed: Corazón de campeón) y Michael Shannon (La forma del agua). Ambos son los policías/bomberos que andan por la ciudad quemando libros porque “pensar duele” dice el argumento totalitarista. Jordan es Montag quien, siendo verdugo del sistema, se revela al conocer al personaje de Sofia Boutella. Su mayor oponente será su compañero Beatty (Shannon).

No solo la adaptación de la novela es un problema sino el contextualizarla en una época muy diferente. Bradbury escribió en tiempos en los que la televisión avanzaba de manera acelerada imponiendo entretenimiento sin reflexión. Truffaut filma cuando el boom literario estaba todavía vigente. La quema de libros era una aberración por su significado pero también por la amenaza a los hábitos juveniles que suponía. Bahrani filma en tiempos de tablets y Iphones en donde hay una clara preponderancia de la imagen en las comunicaciones y el libro se convirtió en un objeto de nostalgia para coleccionistas.

La nueva versión empieza bien, la redada de los “bomberos” quema discos rígidos y ordenadores. Los hackers son los nuevos rebeldes del sistema (con WikiLeaks sobrevolando la escena). Pero rápidamente se regresa al libro de papel, con la famosa escena de la anciana incinerándose en su propia biblioteca que despierta la consciencia de Montag. Es curioso los libros que vemos quemarse, desde Moby Dick hasta Dostoyevski, pasando por libros de arte y partituras de Mozart (¿!). Como si la cultura excedería los limites literarios y se tratase de cualquier tipo de obra consensuada como pilar de nuestra sociedad contemporanea.

Pero el mayor problema de esta producción radica en el guion. La película condensa en menos de dos horas la extensa novela y, como debía, omite cuestiones narrativas. El punto es que elige omitir. En esa línea asocia el despertar de la consciencia de Montag a un recuerdo de su padre leyendo que recupera. No se trata del poder de la lectura como en la novela de Bradbury, modificando por completo la visión original y su razón de ser. Pero surge aquí una idea, tal vez la única interesante que introduce Bahrani, el mayor valor de nuestros tiempos que debemos recuperar no es la lectura sino la memoria. Los rebeldes que memorizan libros se convierten así en objetos a ser rescatados por la resistencia.

Aunque no alcanza, porque el guion avanza a los golpes –y no en el sentido del entretenimiento- y la actuación de Michael B. Jordan es demasiado limitada para un actor que solo se sostiene en la escenas de acción. El único valor destacable es el siempre convincente Michael Shannon, quien pone su cuerpo y rostro a una historia que merece ser leida antes que vista.

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