Leo Damario
15/04/2018 23:03

El cineasta argentino Leo Damario, hacedor de obras como Palmera (2012), Resentimental (2016) o la inmimente Sirena, en preproducción, que contará en su elenco con Emilia Attias, Rafael Spregelburd y una figura internacional que aún no se puede confirmar, escribe una reivindicación a A prueba de muerte (Death Proof, 2007), la obra de Quentin Tarantino que once años después de su estreno, y frente al avance de la lucha femenina sobre el patriarcado, es inevitable revalorizar. "Una obra visionaria, transgresora y de culto. Quizá su mejor película".

A prueba de muerte

(2007)

Once años después de su estreno, y frente al avance de la lucha femenina sobre el patriarcado, es inevitable revalorizar a A prueba de muerte de Quentin Tarantino como una obra visionaria, transgresora y de culto. Quizá su mejor película.

Si "todo hombre es una amenaza" y "solo es bueno cuando duerme", A prueba de muerte protesta contra el falo de las grandes películas de acción de la historia tomando como ave insignia a Vanishing Point (1971), una de las grandes películas norteamericanas de acción, que tiene un culto que va desde el rock (Primal Scream le dedicó un disco completo) a la moda (Kate Moss debuta como actriz en el video Kowalski). Vanishing Point es una historia de velocidad en la carretera y sexys motociclistas lánguidas que aceleran en tetas. Kowalski debe entregar un paquete a toda velocidad atravesando medio Norteamérica y para eso no teme en infringir ninguna ley de tránsito. El homenaje a Vanishing Point en A prueba de muerte es solo un punto de partida para hablar de algo más.

A prueba de muerte sucede en ese mundo post Kill Bill de hamburguesas Big Kahuna's y Song Number One que son parte del ecosistema donde viven los personajes de Tarantino. La misma realidad paralela donde Hitler fue asesinado en una sala de cine. (Puede que todo lo plasmado en las películas sea un mundo real y nuestra historia el verdadero sueño de estos personajes). Tarantino, lo sabe, y su cine tiene vida propia y es tan importante (o más) que la vida misma. Es ahí donde se construyen los catorce meses que abarca A prueba de muerte con la historia de Stuntman Mike (Ken Russell), un doble de riesgo old school devenido en psycho killer que no bebe alcohol y sale a buscar victimas en bares a la vera del camino.

La película que se divide en dos mitades (como Psicosis de Alfred Hitchcock) muestra en su primera parte a Stuntman Mike en plena cacería de unas jovencitas como "las mujeres de antes". Y "como las mujeres de antes" no solo se refiere a la estética que elije utilizar Quentin Tarantino (de vieja película Clase B) o las citas al cine de Roger Vadim, sino a la mujer víctima de la brutalidad masculina. La mujer que quedó atrapada en una fábrica. La que es molida a golpes por el hombre de Alabama. La mujer que llora detrás de un vidrio y nadie escucha. Y así suceden las muertes de estas polluelas en la carretera. Con una violencia que supera a toda la filmografía del director. Luego del femicidio viene lo de siempre: la impunidad del asesino, la policía sin pruebas contundentes y el status quo otra vez.

Pasan catorce meses para que la cinta pase de un color vencido a un pictórico blanco y negro fotográfico (de los mejores sintagmas del director) y Stuntman Mike esté de nuevo en la ruta para cazar a otro grupo de jovencitas. Esta vez, las chicas son mujeres de ahora. Y el ahora no responde al 2007 cuando se estrenó el film. El ahora responde al 2017 cuando Harvey Weinstein (productor de A prueba de muerte) fue cazado mediáticamente por sus fechorías de violencia de género. Las mujeres de ahora, las que alzan su voz y cogen por el culo a los violadores, misóginos y golpeadores.

Mucho más picantes, cool y bien pensantes que ese policial a lo Hallmark que fue Tres anuncios por un crimen (2017). Estas mujeres de la segunda mitad de A prueba de muerte son verdaderas dobles de riesgo (una de ellas es la doble de riesgo de Uma Thurman en Kill Bill), una actriz a lo Jane Birkin sexualmente libre, una maquilladora de cine que es madre y aun así sabe que debe divertirse con el riesgo y otra doble de riesgo.

En la segunda mitad se nombra al sagrado John Hughes (padre del cine coming age en plan Lady Bird (2017)). Se trafica con revistas Vogue europeas y se estafa a un vendedor de autos. También, las chicas, bromean sobre un cineasta que conquista a las dobles de riesgos de las películas que filma. Una suerte de versión ruda de la diva actriz.

Tarantino filma escenas de acrobacia femeninas (y humanas) con las protagonistas reales de la película. Y utiliza a dobles de riesgo para las escenas de acción de Kurt Russel. En esa decisión el mundo real y el del cine se unen como en un episodio de Dimensión desconocida y el pussy power queda inmortalizado en el tiempo como una fuerza superior a la masculina. Una bandera para cualquier mujer que se ponga los guantes y salga a pelear. Todo termina con Stuntman Mike molido a golpes por las mujeres de ahora y April March canta una canción escrita por Serge Gainsbourg. ¡Epico! La filmografía completa de Russ Meyer en quince minutos.

La película fue estrenada en conjunto con Planet Terror (2007) de Robert Rodríguez. Una obra gore llena de fuegos artificiales que fue aplaudida por entretenida mientras que la obra de Quentin Tarantino hablaba de algo que, al mundo, en el 2007 preocupado por la crisis financiera, no le interesaba: los derechos de la mujer.

A veces estar adelantado puede ser tan grave como estar atrasado. Hoy, para A prueba de muerte, se podría ver una catarata de nominaciones en el Oscar y una alfombra roja plagada de las ninfas más bad ass que el cine nos dio. Lo de Tarantino es de una futurología sorprendente y A prueba de muerte debería ser reestrenada en las salas comerciales.

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