Matías E. González
08/04/2018 14:11

En los últimos meses, los argentinos escuchan con frecuencia el canto partisano italiano conocido como Bella Ciao, entonado originalmente por los grupos resistentes contra el fascismo, comparten en las redes sociales frases como “soy la put*ama” o “empieza el matriarcado”, hasta se disfrazan con mamelucos rojos y máscaras del pintor Salvador Dalí en diferentes fiestas temáticas. Todos estos hechos se deben al fenómeno generado por la serie española La casa de papel (2017), creada por Álex Pina (Kamikaze, 2014), que cautiva a millones de espectadores en todo el mundo. A raíz del reciente estreno de la segunda temporada en Netflix, EscribiendoCine conversó con diferentes profesionales sobre el impacto de la ficción y acerca del género policial en nuestro país.

Kamikaze

(2014)

EL ATRACO PERFECTO

Suena My Life is going on de Cecilia Krull y un nuevo capítulo comienza. La famosa serie española se centra en un atraco a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre que mantiene en vilo al país entero. El robo es ideado por el Profesor (Álvaro Morte), un hombre astuto e inteligente, que coordina el plan desde el exterior del establecimiento y da diferentes indicaciones a su equipo. El grupo está integrado por: Tokio (Úrsula Corberó), Berlín (Pedro Alonso), Nairobi (Alba Flores), Denver (Jaime Lorente), Río (Miguel Herrán), Moscú (Paco Tous), Helsinki (Darko Peric) y Oslo (Roberto García). Durante sus días en la fábrica, los asaltantes toman rehenes, que son los trabajadores del lugar, además de los alumnos del Colegio Británico que estaban allí por una excursión escolar.

“El juego del gato y el ratón” se presenta en la ficción y tiene como protagonistas al Profesor y a la Inspectora Raquel Murillo (Itziar Ituño), quien negocia minuto a minuto con el mentor del asalto perfecto para que los atracadores se entreguen y liberen a las personas cautivas. Sin embargo, nada resulta sencillo para ninguna de las partes, ya que si bien el robo estaba planificado hasta en los detalles más minuciosos, hay ciertos factores como el amor, la ambición, el ego y el enigmático azar, que pueden cambiarlo todo.

La serie emitió sus 15 capítulos con una duración de poco más de una hora cada uno, entre el 2 de mayo de 2017 y el 23 de noviembre del mismo año, a través del canal de TV español Antena 3, cosechando destacados números de audiencia. Sin embargo, al estrenarse en Netflix, los capítulos se distribuyeron de manera diferente: más episodios pero de menor duración, lo cual contribuye a las maratones en las que el público se siente tan atrapado por los sucesos de la historia que se resiste a detenerla.

DE ESPAÑA AL MUNDO

La temática y los personajes de La casa de papel traspasan la pantalla de millones de espectadores oriundos de diferentes países, logrando un fenómeno que no se presenta con frecuencia. Patricio Vega, guionista de cine y televisión, reconocido por éxitos como Los Simuladores (2003) o Tesis sobre un homicidio (2013), además de director y docente en la escuela El Laboratorio de Guión, analizó los aspectos positivos y negativos de la ficción española.

“Es efectista y efectiva en varios aspectos. La figura del 'buen ladrón', ese personaje al margen de la Ley, pero querible, de propósitos 'nobles', capacidad de resolución e inteligencia estratégica es evidentemente algo con lo que el espectador se identifica claramente. Y en este caso no es uno sino un grupo. Mejor aún, ya que cada uno expone un costado distinto, una variante del mismo personaje: el desclasado, el que fue 'expulsado del sistema' y se propone derrotarlo”, explicó Vega. “Hay un concepto general que atrae: el robo perfecto; situaciones y diálogos que devienen del cine cool de Tarantino, recursos visuales llamativos, una impronta bien definida para cada personaje y, sobre todo, la construcción publicitaria y marketinera”, agregó.

El guionista consideró que La casa de papel es “un producto antes que un relato”, ya que apunta más hacia el impacto, en lugar de buscar el rigor narrativo. La historia parte del grupo de ladrones que finge un extraordinario secuestro para llevar a cabo el atraco perfecto. “A partir de ahí, el guion sólo busca mantener interesado al espectador cueste lo que cueste, aunque eso signifique forzar la verosimilitud al máximo. No hay profundidad en ninguno de los personajes, no hay una visión del mundo verdaderamente revolucionaria o anarquista; los conflictos (más que conflictos son contratiempos) son forzados, insertados para generar un momentáneo suspenso que enseguida se desvanece hasta el próximo 'truco'. Lo que más funciona es el envase, el packaging. El espectador siempre está ávido de convertir todo en remera”.

El director y docente de El laboratorio de Guión reconoció que no es sencillo encontrar las explicaciones de por qué un determinado producto es exitoso, sólo se pueden hacer conjeturas al respecto. Si bien es innegable que la serie española, hoy en día, está fuertemente instalada en un público mayoritario, es difícil pronosticar si en los próximos años quedará en la memoria de los espectadores.

Respecto a la situación de las ficciones en la actualidad, Vega expresó que es un gran momento para generarlas. “Se consume mucho y en muy diversos formatos. Lo ideal sería darle mayor espacio a una televisión de autor. Que el proyecto lo conduzca una idea narrativa y estética bien ejecutadas y no las intangibles 'Leyes del mercado'". En cuanto a su experiencia personal en el ámbito, añadió: “Prefiero encarar un proyecto desde las ganas de contar algo que me importe y no desde la necesidad de fabricar un éxito”.

EL PERIODISMO POLICIAL EN ARGENTINA

La casa de papel tiene muchos condimentos del género policial, el cual es uno de los más leídos y/o vistos por los argentinos en los distintos medios de comunicación. Ricardo Ragendorfer, periodista y, a su vez, considerado como uno de los mejores cronistas de policiales en Argentina, se refirió al impacto de dicho género periodístico en la sociedad.

“El policial está habitado por seres comunes que generalmente llegan a los medios por el atajo más desafortunado de la celebridad, es decir, por haber sido víctimas o victimarios de algún delito. Hablamos de personas comunes en situaciones extremas y sus instintos más bajos”. Por otro lado, agregó: “Desde luego que en la lectura de este tipo de noticias hay un componente de morbo, tiene que ver con el miedo, con la identificación del lector o del espectador con sus protagonistas. Hay otra cosa, que a mí me llama mucho la atención, y es que de algún modo la sección policial refleja historias que siempre nos llevan a la misma pregunta: '¿la vida imita a la literatura o la literatura imita a la vida? '”.

El mayor o menor impacto en las noticias policiales depende de cada caso en particular, ya que para el periodista “el asunto reside en una especie de construcción mediática”, y en todo crimen “hay una suerte de emergencia social y de esa característica depende su capacidad de resonancia mediática”.

EL ROBO DEL SIGLO

Muchas personas comparan el atraco de La casa de papel con el considerado "El Robo Del Siglo", el cual ocurrió verídicamente el 13 de enero de 2006, cuando un grupo de cinco delincuentes saqueó alrededor de 25 millones de dólares de la sucursal Acassuso del Banco Río y huyó en dos gomones por los desagües subterráneos. Los ladrones tomaron a más de 20 personas como rehenes durante toda una tarde, mientras desde el exterior una gran cantidad de policías y el Grupo Halcón planificaban como desbaratar a la banda criminal.

“La resonancia del Robo al Banco Río se debe a las características de epopeya del hecho. A diferencia de los crímenes y robos violentos, del carácter calamitoso que tienen la mayoría de los casos policiales, el robo al banco concitó la admiración del público presente porque fue un hecho perfectamente planeado, no tuvo víctimas y el damnificado no fue una persona física sino una institución bancaria”, relató Ragendorfer. “Lo más impactante fue su excelencia en el campo de la dramaturgia”, concluyó.

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