Juan Pablo Russo
11/03/2018 13:57

El domingo 4 de marzo, Sebastián Lelio hizo historia y le dio a Chile su primer Oscar a Mejor Película en Lengua Extranjera. Ese mismo día Daniela Vega fue la primera actriz trans en ser presentadora de la ceremonia. Pero el caso del director de Una mujer fantástica (2017) no es un hecho aislado, sino que forma parte de un conjunto de cineastas que en los últimos años han logrado un reconocimiento sin precedentes para la cinematografía del país trasandino.

Una mujer fantástica

(2017)

LOS CHILENOS Y EL OSCAR

Sin embargo, el Oscar de Una mujer fantástica no fue el primero que consiguió Chile. Historia de un oso, dirigido por Gabriel Osorio y producido por Patricio Escala, se alzó con la estatuilla de Mejor Cortometraje Animado en la versión número 88 de los galardones de la Academia.

Dentro de los chilenos que han alcanzado presencia en los Oscar destaca el director Miguel Littin, quien ha estado detrás de obras como El chacal de Nahueltoro, Tierra del Fuego y Dawson, isla 10, entre otras. El realizador sobresalió al mando de la película mexicana Actas de Marusia, la que logró ser nominada como Mejor Película Extranjera en los Premios Oscar 1975. En tanto, en 1982 dirigió la cinta nicaragüense Alsino y el cóndor, que postuló a Mejor Película Extranjera en los Oscar de 1983.

Por otra parte, la directora y docente chilena Vanessa Schwartz estuvo en la nómina de los premios Oscar 1995 de Mejor Cortometraje Animado por The janitor.

En tanto, en 2004, el director hispano-chileno Alejandro Amenábar, debido al film Mar adentro, consiguió un Premio Oscar como Mejor Película en Lengua Extranjera, aunque en 2009 fue el fotógrafo Claudio Miranda el que abrió camino ganando un Oscar por la fotografía de Una aventura extraordinaria.

NOVISIMO CINE CHILENO

Variety publicó en 2017 el surgimiento de Chile “como el principal país cinematográfico de América Latina” y destacó el estreno de Los Perros, de Marcela Said, en la Semana de la Crítica del 70 Festival de Cannes y de otros tres títulos en las principales secciones. Dentro de Latinoamérica, sólo Argentina se comparaba en presencia. Gracias a este peso internacional que ha logrado la “generación dorada” de directores nacionales, el cine chileno marca agenda, construye audiencias y cosecha premios por donde pasa.

Sebastián Lelio (El año del tigre (2011), Navidad (2009), La sagrada familia (2005)) ganó el Goya a Mejor Película Iberoamericana el 3 de febrero pasado por Una mujer fantástica, y la actriz Daniela Vega fue ovacionada en la ceremonia gracias a su frase de batalla: “Rebeldía, resistencia y amor”. La cinta ya obtenido el Oso de Plata a Mejor Guion en la Berlinale 2017 y Gloria, film anterior del director, obtuvo el Oso de Plata a Mejor Actriz para Paulina García en 2013.

Ese mismo año, Pablo Larraín (Tony Manero, 2008), hizo historia y fue nominado a los Oscar por No -primera película chilena en aspirar el premio-, luego a los Globos de Oro por El club en 2015, y Neruda en 2016. No también triunfó en la Quincena de Realizadores de Cannes 2012.

Para su generación este camino lo empezó a abrir La nana, de Sebastián Silva, con Catalina Saavedra que consiguió el Gran Premio del Jurado en Sundance 2009 y fue la primera cinta chilena nominada a los Globos de Oro.

De forma inédita, la filmografía trasandina comenzó a concentrar la atención de la crítica extranjera y a conseguir reconocimientos históricamente esquivos para los realizadores chilenos.

La vida de los peces, de Matías Bize  (Lo bueno de llorar (2008), En la cama  (2005), Juego de verano (2005), Sábado, una película en tiempo real (2003), logró el Goya a Mejor Película Iberoamericana 2011. La buena performance del cine chileno prosiguió con Joven y alocada, de Marialy Rivas, Mejor Guion de Drama en Sundance 2012

Fernando Guzzoni estrenó en 2012 Carne de Perro, donde Alejandro Goic encarnaba a un ex militar involucrado en violaciones a los derechos humanos. La cinta obtuvo premios en San Sebastián y Toulouse. En 2016 estrenó Jesús en San Sebastián y Christopher Murray El Cristo ciego en el principal apartado de Venecia. El buen momento del cine chileno sigue con El futuro, de Alicia Scherson, primer largometraje basado en un libro de Roberto Bolaño y premio de la crítica en el Festival de Rotterdam 2013, y Matar a un hombre, de Alejandro Fernández Almendras, Mejor Película en la categoría Cine Mundial en Sundance 2014.

REMAKES, TRAYECTORIAS Y DOCUMENTALISTAS

Este buen momento también se extiende al documental y la inédita nominación de La Once, de Maite Alberdi, como Mejor Película Iberoamericana en los Goya 2016. Un caso aparte es el fenómeno comercial de Nicolás López: Sin filtro es la segunda película chilena más vista en la historia, con 1,3 millones de espectadores, y No estoy loca logró 565 mil en seis semanas. López y su productora Sobras han expandido los límites de su éxito: la versión mexicana Una mujer sin filtro convocó 2,3 millones de espectadores en su primer mes y en Argentina se está filmando la remake con Natalia Oreiro y Diego Torres.

En este panorama, hay voces que han logrado mantener una trayectoria que se ha ido fortaleciendo, como Andrés Wood, director ya de media docena de películas (Machuca, Violeta se fue a los cielos), y que ha hecho un gran aporte como productor y director de destacadas series de TV. O el escritor Alberto Fuguet, que desde la vereda de la crítica y el guion, derivó en una muy personal mirada como realizador (Velódromo, Se arrienda, Música campesina, Locaciones: Buscando a Rusty James o Invierno).

Del último tiempo destacan proyectos como Bonsái, el segundo largometraje de Christián Jiménez; Las cosas como son, de Fernando Lavanderos; De jueves a domingo, de Dominga Sotomayor; Mala Junta, de Claudia Huaiquimilla, la inédita Dry Martina, de Che Sandoval, o los documentales de José Luis Torres Leiva (El viento sabe que vuelvo a casa), Patricio Guzmán (Nostalgia de la luz, El botón de nácar) o Ignacio Agüero (Como me da la gana y Como me da la gana II).

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