EscribiendoCine
07/03/2018 23:53

El cine deportivo siempre ha sido utilizado cinematográficamente como metáfora del sueño americano. O al menos, así lo demuestran los mejores films deportivos de todos los tiempos con Rocky (1976) a la cabeza. Pero desde hace unos años algo parece haber cambiado, con las recientes Yo soy Tonya (I, Tonya, 2017) y Apuesta maestra (Molly’s Game, 2017), la lógica deportiva se corre hacia obsesiones personales que buscan objetivos a cualquier precio.

Yo soy Tonya

(2017)

En este aspecto la pureza asociada al universo deportivo se mancha con el contaminado mundo de las apuestas ilegales. Los films de deportes dejan de lado a sus personajes ejemplares por otros que no tienen límites éticos a la hora de alcanzar sus objetivos. Las películas de apuestas deportivas como Apuesta maestra aparecen como el mejor ejemplo de fusión cinematográfica para estos tiempos.

El camino de superación personal planteado por Sylvester Stallone en los años setenta se destaca porque rompe con el cine de antihéroes de aquellos años. La corrupción social vislumbrada en una Filadelfia devastada por la pobreza y suciedad en las calles, es superada a puñetazos por el muchacho de buen corazón. El semental italiano pone la otra mejilla a las circunstancias y deja una enseñanza de conducta a la platea.

Pero los tiempos cambian y las películas también. La misma saga de Rocky fue cambiando con los años hasta la última Creed: Corazón de campeón (Creed, 2015), donde el ya veterano boxeador entrena al hijo de su amigo descarriado y afronta una batalla personal con el peor de los adversarios: el cáncer.

Yo soy Tonya modifica la ecuación. Se presenta como una extraña biopic deportiva sobre el personaje del título que se ha planteado superar obstáculos a como dé lugar. Su heroína femenina representa por excelencia a la mujer del siglo XXI, que tiene que dejar su condición de sexo débil para afrontar e imponerse en un universo hostil netamente masculino. Aaron Sorkin lo expone de manera eficaz en la película con Apuesta maestra y también puede verse en la checa Juego Limpio (Fair Play, 2014) o, mediante la danza funcionando de igual forma, en la coproducción francesa-rusa  Polina, danser sa vie (2016).

La mujer al poder es sinónimo de nuestros tiempos y nada mejor que lo haga con personajes como el de Margot Robbie, dispuestos a patear el tablero de las convenciones sociales, evitando ser ejemplo de buen ciudadano y sabiendo con certeza qué es lo que quiere y cómo lograrlo. Una fábula de nuestros tiempos.

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