Ezequiel Obregón
29/10/2017 11:52

El documental de Ester Gould y Reijer Zwaan (visto en el 18 Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente - BAFICI y en el Festival Asterisco 2016) se encuentra disponible en el catálogo de Netflix. Strike a pose (2016) es un relato crudo, visceral, y a la vez esperanzador, que se concentra en la vida de los siete bailarines del emblemático Blond Ambition Tour de Madonna.

Strike a pose

(2016)
9.0

Al comienzo, el vogueing fue un estilo de baile propio de los márgenes, capaz de conjugar la pasión afro con el deseo de capturar algo del espíritu de época. Por aquel entonces, Madonna se posicionaba como lo que aún es hoy: una pieza mítica dentro del universo del pop, a la que el tiempo parece impulsarla hacia un nuevo “más allá”. Era el año 1990 y la cantante supo transportar el voeguing hacia el corazón mismo de su Blond Ambition Tour.

Para quienes hayan asistido a los últimos mega-shows de la cantante, la comparación con sus inicios deja un sentimiento de nostalgia, por más que el pop busque el perpetuo reciclaje de formas e intente evadir ese tipo se emociones. Depurados de su sesgo más transgresor y contestatario, los últimos conciertos (al menos los que pasaron por Buenos Aires; el Sticky and Sweet Tour y el MDNA Tour) se parecen más a un dispositivo de fuegos de artificio (impactantes, claro está) que pasteurizan a la estrella más polémica, esa que supo hacer erizar la piel de la Iglesia y de los sectores más conservadores. El tour de los ’90 fue el que mejor retrató la irrupción de la diversidad como un modo de celebrar el mundo de la música, que de alguna manera invitaba a formar tropas y a gritar la diferencia. También fue su reverso; el de los excesos, la cocaína y la visibilización del SIDA, enfermedad que se llevó a uno de los bailarines de la gira.

Strike a pose recrea con testimonios y material de archivo cómo fueron aquellos “locos días” de gira, registrados por el estupendo documental En la cama con Madonna (1991). Pero en esta ocasión, Ester Gould y Reijer Zwaan ponen fuera de foco a la diva y se arrojan a documentar los deseos y el declive de sus bailarines; siete jóvenes esculturales que vivieron el meteórico ascenso a la fama pero también la inevitable caída. De cómo cada uno de ellos sobrevivió para contarlo se trata el documental, que puede ser irónico y reflexivo sobre aquellos ’90 pero que no deja de lado el material más sentimental y, por qué no, lacrimógeno.

Convocados a revisar su pasado, los otrora acompañantes de la reina del pop abren la puerta a sus vidas y piensan en el compañero que los dejó tras una errática lucha contra el SIDA, demasiado incipiente como para poder hacerle frente con éxito. Otros corrieron mejor suerte porque sobrevivieron, aunque sobreponerse a la estigmatización implicó una tarea ardua, penosa.

En la película se habla sin eufemismos sobre la diva, tan adepta a pasar de un escenario a otro, en el que los otros artistas se revelan como una parte del decorado. Tangencialmente, se esboza una imagen de Madonna igualmente vulnerable, impecable en su rol de show-woman, híper exigente con ella misma y con los demás.

Relato de época, diario íntimo, pasadizo entre bambalinas y novela furiosa de una época que dejó marcas: todo eso es Strike a pose, un trabajo audiovisual que empieza en plena parafernalia pop y se abre, poco a poco, hacia los sentimientos a flor de piel de seis sobrevivientes de la pista de baile.

Desde hace algunas semanas puede verse en la plataforma Netflix el documental Gaga: Five foot two. Realizado en clave “detrás de escena”, esta nueva incursión en el universo del pop tiene tanto hallazgos temáticos como formales.

Desde que irrumpió en el escenario del pop desde hace casi una década con el disco The fame, Lady Gaga llamó inmediatamente la atención de todo el mundo. Fue el millonésimo anuncio de la llegada de la nueva “Reina del Pop” (destronamiento de Madonna mediante), pero también la aparición de un nuevo ícono dentro de las pistas de la cultura popular, consolidado en la capacidad de su gestora por hacer del disfraz su razón de ser. Un guiño a la época de la virtualidad y la disolución de la identidad, tan juguetona como polémica, tan ruidosa como irreverente. Si todo eso junto logró mantenerse en el tiempo y mutar hasta llegar al “grado cero” de la artista es básicamente porque había –y hay- mucho talento. El documental de Chris Moukarbel va hacia ese punto de deconstrucción del mito, para mostrar e indagar qué hay detrás del maquillaje.

El comienzo ya da en el clavo: la vemos a Gaga en pleno ascenso –literal y simbólico- hacia el cielo del Super Bowl, el evento de la cultura norteamericana que celebra la quintaesencia del estadounidense y que incluye un mini recital en donde lo monumental es su marca a fuego. Gran y primer acierto formal: lo que sigue es un retorno al pasado inmediato con la estrella en su casa, su mundo familiar, el fin de su participación en American Horror Story, la llegada de un nuevo proyecto audiovisual (la remake de Nace una estrella) y la producción de su último disco, Joanne, pródigo en canciones más sentidas y menos efectistas.

Más allá de que sea imposible saber hasta qué punto el director hizo lo que quiso (la condición propuesta por el mismo Chris Moukarbel para que Gaga acepte ser registrada fue que ella misma decidiera qué mostrar y que no), lo cierto es que Gaga: Five foot two tiene todo lo que se le debe tener este tipo de documentales: capacidad de observar para quedarse con lo más genuino, inteligencia para conectar fragmentos de una vida sin forzarlo, registro de aspectos poco conocidos pero reveladores. En este último punto, cobra especial atención todo lo relacionado a la fibromialgia, la extraña enfermedad que la estrella padece y que la encuentra entre llantos de dolor, sesiones de masajes, y confesiones en primer plano sobre el lado B de la fama. Otros momentos en donde se agradece la austeridad formal para el lucimiento de lo íntimo son los familiares, como el bautismo en donde Gaga es una más del clan, o esa secuencia plena en belleza que acontece cuando le hace escuchar a su abuela la canción que le da nombre a su disco, un homenaje a la tía que no llegó a conocer y que bien podría sintetizar el camino que ella misma ha emprendido; “Where do you think you're going, going, girl?”

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