Martin Ariel Masri
17/10/2017 16:30

La nueva película original de Netflix, que fue presentada en la 74 Mostra de Venecia, cuenta con una pareja protagónica muy especial: Robert Redford y Jane Fonda se reúnen después de 50 años en esta cálida cinta sobre la soledad y la vejez.

La película se basa en una novela póstuma del escritor Kent Haruf y fue escrita para la pantalla por Scott Neustadter y Michael H. Weber, un dúo autoral que ya demostró tener las capacidades necesarias para adaptar novelas ajenas en grandes producciones independientes como Bajo la misma estrella, Ciudades de papel y Aquí y ahora. La historia se desarrolla de manera muy fluida, pero a un paso calmo, adecuado por el ritmo de vida que llevan sus protagonistas.

Louis Waters (Robert Redford) es un viudo de ochenta años que mantiene una vida solitaria hasta que Addie Moore (Jane Fonda), su vecina, aparece en su casa con una propuesta insólita. La señora le pregunta de forma directa y casi sin vergüenza si el estaría interesado en dormir con ella. Ambos llegan a la conclusión de que para quienes están solos las noches son el peor momento y al parecer no es una idea tan descabellada. Comienzan juntos a conocerse cuando todo indicaría que ya no hay tiempo para conocer a nadie. Desde sus primeros encuentros se pueden ver las diferencias entre ellos, por momentos de manera evidente y por otros no tanto. Que Addie tome vino y Louis cerveza no es pura coincidencia. Estas dos bebidas los identifican, al personaje de Fonda por su clase y sutileza y al personaje de Redford por su robustez y frialdad. Su relación comienza de manera tan inocente que la primera noche Louis recorre toda la casa aferrado a la bolsa de madera que trajo con sus cosas, como si fuera el brazo de la mama del niño que se queda por primera vez a dormir en lo de un amigo.

Es paradójico que la dinámica de la relación entre los dos personajes sea tan similar a la de Descalzos en el parque (Barefoot in the Park), película que ambos actores protagonizaron en 1967. El personaje de Fonda es nuevamente el más activo, el que propone y actúa. Si Descalzos en el parque es sobre una pareja joven de recién casados con un apetito sexual muy alto, Nosotros en la noche es sobre una pareja madura con la necesidad de no estar solos. En una movida astuta, Netflix dispuso dentro de su catálogo Descalzos en el parque en septiembre, aunque no sea necesario mirar la película de los 60s para apreciar la nueva entrega de esta pareja actoral. De más esta decir que ambos actores envejecieron mejor que la comedia.

De manera breve y sin indagar demasiado en el tema, la cinta hace referencia al qué dirán y el prejuicio, con los muchachos del café, que parecerían ser las nuevas chismosas de la peluquería. Este tema se desarrolla lo justo y necesario como para no opacar la trama principal sobre la soledad, la necesidad de conexión y la inevitabilidad que tienen ciertos errores sin solución.

Los recursos cinematográficos deben ser correspondidos y esta correspondencia es parte del gran mérito de esta película. La película mantiene el ritmo que debe tener, no solo por el target al que apunta sino también por la historia que narra. Queda demostrado de forma muy concisa como la soledad física y emocional dejo secuelas en todos sus personajes, desde los dos protagónicos hasta sus hijos y sus nietos, interpretados por Judy Greer, Matthias Schoenaerts y Ian Armitage. El film deja ver un rastro de influencia de la nominada al Óscar Nebraska (2013), protagonizada por uno de los muchachos del café, Bruce Dern, pero sin la melancolía y rasgos estilísticos tan característicos como los que tiene la cinta de Alexander Payne.

Nosotros en la noche es una cinta calma y sin altas pretensiones, la película perfecta para recomendarle a tu mamá.

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