Juan Pablo Russo
15/10/2017 00:17

El cine de Gustavo Fontán es tan personal como único, a través de una obra coherente ha desarrollado una serie de dispositivos que lo volvieron uno de los directores más interesantes del panorama argentino actual. Sus películas trabajan diferentes tópicos que forman trípticos: El ciclo de la casa (El árbol, Elegía de abril y La casa), Trilogía del río (La orilla que se abisma, El rostro y El limonero real), y su última apuesta, tal vez la más personal y poética, es Trilogía del lago helado, donde a diferencia de las anteriores se estrena en versión completa en el marco del 17 DocBuenosAires.

Lluvias

(2017)

Trilogía del lago helado se compone de Lluvias, El estanque y Sol en un patio vacío, tres películas de una hora de duración que dialogan entre sí por una serie de movimientos y cambios a los que el ser humano se enfrenta a lo largo de su vida. Cada una funciona como un espiral que nos conduce a través de un tiempo y un espacio impredecible.

Lluvias podría catalogarse como un documental puro. En él se narra una especie de ciclo de la vida inverso en forma de diario que comienza con la muerte de una vecina, continúa con el crecimiento de su hijo para concluir en el registro pre quirúrgico de su padre octogenario. El hilo conductor es el relato off del propio director que va sumergiendo al espectador en un viaje personal de imágenes, que muchas veces no están signadas por lo que se escucha, pero donde todo confluye en un movimiento temporal.

El estanque puede ser la más ficcional y está basado en Manual para sonámbulos de Gloria Peirano. Fontán trabaja sobre el registro del mundo desde la hipotética visión de un sonámbulo que deambula por el tiempo y el espacio sin que ambos parecieran existir. Otra vez la voz omnipresente de Fontán sirve para conducir a través de las imágenes un universo compuesto por plazas, zoológicos, personas, animales, edificios, ciudades, rutas y el agua. Un mundo tan distópico como utópico en donde el movimiento se vuelve una vez más la constante.

Por último, Sol en un patio vacío es su incursión en el cine más experimental. Una casa que se abandona y un viaje por los recuerdos del presente a través del retrato de lo que pronto será parte de un pasado cercano. Imágenes y sonidos componen esta especie de álbum donde la voz se enmudece para dejarse llevar por lo sensorial y nuevamente los movimientos como nudo central.

Trilogía del lago helado resulta, como toda la obra de Fontán, una experiencia hipnótica, atravesada por lo sensibilidad de un director que ve al cine fuera de todos los cánones preestablecidos, permitiéndose narrar con una libertad inusual en tiempos donde la fácil es seguir a la manada.


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