Juan Pablo Russo
02/07/2017 15:26

El videoclip, nacido oficialmente en 1975 en Gran Bretaña, es un género tan venerado como ninguneado. Criticado por el excesivo protagonismo del componente visual, la sobrecarga de información y el olvido de la música, fue mutando a lo largo de los años. De la simpleza de sus imágenes al videoclip de autor, de la MTV a YouTube, de Michael Jackson a Andrés Calamaro, de Martin Scorsese a Michel Gondry, el género supo adaptarse a los cambios y cada vez se fue asemejando más a un cortometraje (¿o tal vez siempre lo fue?).

Bohemia

(2014)

Un poco de historia

The Beatles realiza su primera película, Anochecer de un día agitado (1964), recientemente reestrenada en Argentina, inaugurando un nuevo formato donde el ritmo musical determinaba a los personajes. Es en 1975 cuando se da paso formal y definitivo al videoclip. Con el fin de promocionar el álbum A Night at the Opera del grupo inglés Queen, Bruce Gower dirige el video de Bohemian Rhapsody.

En la década del 80 la industria del videoclip llega a la cima de la pirámide. El 1 de octubre de 1981 comienza la transmisión del primer canal dedicado exclusivamente a la emisión de videoclips, MTV. En un principio se destacaban por su colorido visual y una puesta en escena donde el cantante aparecía siempre en primer plano, pero con una notoria ausencia de complejidad visual. Recién en 1983 Michael Jackson revoluciona la concepción del videoclip con su canción Thriller, dirigido por el cineasta John Landis, y dando origen al término “videoclip de autor”. Este video de 13 minutos (duración inédita hasta el momento) produce un quiebre estético que marcará el rumbo a seguir durante los próximos años: convertir al videoclip en un cortometraje. En 1987, Jackson convocó a Martin Scorsese para poner en imágenes su canción Bad, y repitió con el propio Landis en Black or White (1991).

El videoclip de autor

Pero Landis y Scorsese no fueron los únicos que se le animaron al formato sino que la lista incluye nombres de cineastas consagrados como los de Brian De Palma y su trabajo para Bruce Springsteen, o Jonathan Demme y su reunión con New Order en Perfect Kiss. Las comuniones entre Sofia Coppola y Air, David Fincher y Madonna, Spike Jonze y Beastie Boys o Wong Kar Wai con DJ Shadow, también dieron como resultado trabajos de altísimo valor artístico. Mientras unos se lanzaron a lo musical cuando ya eran cineastas consagrados, otros usaron el medio como plataforma para llegar a la pantalla grande tal el caso de Michel Gondry y sus videos para la islandesa Björk.

El cineasta argentino y referente en la realización de videoclips Eduardo Pinto (Palermo Hollywood, Caño Dorado, Corralón) sostiene que hay desde siempre una unión entre la imagen y la música, porque es un lenguaje compartido. Así como hay uniones entre directores y músicos dentro del cine clásico: Bernard Herrmann- Alfred Hitchcock, Francis Ford Coppola- Nino Rota, entre otros. También las hay entre cantantes y directores. “El arte audiovisual es comunitario, estamos todos ligados y conectados. Para un director de cine hacer un videoclip es un acto de libertad, no así filmar una publicidad. Para un músico hacer un clip con un director de cine, es extender al máximo el proceso creativo de su obra”, sostiene.

Made in Argentina

En Argentina el gran quiebre en el concepto visual lo produjo Soda Stereo con En la ciudad de la furia (1989), dirigido por Alfredo Lois. Marcelo Fernández Bitar, autor del libro “Soda Stereo, la biografía total” sostiene que esta producción fue la primera que logró combinar creatividad con un presupuesto internacional porque hasta ese momento la mayoría hacía videoclips con amigos vinculados al cine pero con viejas cámaras de televisión y poca plata. “A partir de ese momento los videoclips nacionales dejaron de ser artesanales y se insertaron internacionalmente”.

El primer cineasta argentino que se le animó al género fue Adolfo Aristarain que en 1992 dirige para Fito Páez Sasha, Sisí y el círculo de baba (1992) protagonizado por Cecilia Roth y Eusebio Poncela en una mini película que cambiaría la historia del videoclip nacional. El director de Un lugar en el mundo fue el pionero pero no el único que se atrevió a narrar en un videoclip una historia con elementos cinematográficos. Más tarde aparecieron otros que siguieron el camino, aunque con resultados disimiles. La lista incluye los nombres de Israel Adrián Caetano (Isabel de Sebastián), Pablo Trapero (FA), Martín Deus (Tan Biónica, Bahiano, El Otro Yo), el equipo de Farsa Producciones (Árbol, Kapanga, Miranda) y el peruano afincado en Argentina Gianfranco Quattrini (Érica García, Divididos, Soledad, Almafuerte), entre otros.

También el ganador del Oscar Juan José Campanella incursionó en el videoclip junto a Calle 13. "Para mí representaba una gran excepción y el tema en particular me vino bárbaro, porque pegaba mucho con el tipo de historias que me gusta contar, de gente común". Y añadió, " Yo empecé editando vídeos de rap cuando recién se originaban en Nueva York en los ochenta, y esto fue una elevación de ese material, por las letras de René y su poesía, que están muy por encima de la media".

Para Eduardo Pinto, que a lo largo de su carrera dirigió videos para Estelares, Catupecu Machu, Luciano Pereyra y Fabiana Cantilo, por citar solo algunos, el videoclip es el hijo del cine. “En los 90 mirabas MTV y la estética partía de distintos géneros cinematográficos, como en Otherside, de Red Hot Chili Peppers que remitía a una estética expresionista alemana que referenciaba a El gabinete del Dr. Caligari. El videoclip siempre se nutrió del cine. Después hubo una imposición de las compañías discográficas de mostrar al artista. Esto generó una saturación de la imagen pública, de ver las caritas perfectas de los músicos. Este recurso terminó perjudicando al artista. Ahí aparece el poder del relato y del lenguaje cinematográfico puesto al servicio del videoclip, donde el músico, a veces, ni siquiera aparece. Solo se necesita un actor y una historia a contar. Yo siempre utilice el videoclip como aprendizaje para narrar historias en pocos minutos, como en un cortometraje”.

Un presente cinematográfico

Leo Damario (Palmera, Hermosa Gravedad) que dirigió el cortometraje del cantante y compositor Andrés Calamaro Rock y Juventud fue más allá del videoclip cuando en 2014 presentó la película Bohemia, que acompañó la reedición del disco Bohemio. Damario cuenta que Andrés Calamaro le propuso filmar un cortometraje financiado por él y no un videoclip para la compañía discográfica. De esta unión sale Cuando no estás que tuvo 22.000.000 de reproducciones en YouTube. Esa experiencia deviene en otros dos cortos en el que los planos atravesaban las canciones y termina convirtiéndose en una trilogía. “La creación de estos tres cortos devienen en Bohemia, la película, que es la conjunción perfecta de los que es el videoclip y el cine que podría ser definida como una ópera videoclip”.

Desde el 75 a esta parte los tiempos cambiaron y el videoclip ya no es el mismo. En el medio, los canales de televisión que transmitían música en imágenes durante las 24 horas tuvieron que reinventarse y empezar a programar series, realitys y hasta animaciones. Hoy el videoclip ya no necesita exclusivamente de la televisión que fue reemplazada por Facebook, Instagram, Twitter y principalmente YouTube.

Para el periodista especializado Gustavo Álvarez Núñez una red como YouTube cambió, en primera medida, la circulación. “Esta democratización permite, supuestamente, ampliar la difusión para muchas propuestas minoritas o emergentes. Sin embargo, hemos entendido que el mainstream sigue ordenando el acercamiento de mucha gente a los consumos culturales. Con sólo cruzar la General Paz, podemos observar que las preferencias actuales siguen siendo parecidas a cuando las grandes radios o los canales de videos eran los tutores del gusto popular. Tal vez el cambio de la aparición de YouTube se relacione con que los realizadores de videos se permiten ser más artistas y no tienen que estar encorsetados en la difusión de un tema”.

En esa misma línea Pinto opina que es el artista siempre tiene que buscar la transgresión, generar la diferencia. “Es un formato súper exprimido. Tal vez la diferencia en estos tiempos sea la austeridad, el minimalismo. Un personaje, un rostro, una sensación. Este tipo de historias jamás envejecen. El clip es una construcción de dos fuerzas, la canción y la imagen. Si se logra esta conjunción. Aparece una nueva obra audiovisual. Que tendrá más fuerza que la canción misma”.

Hoy muchos festivales de cine tienen una categoría especial para competencia de videoclips y esto se debe a que se convirtieron en un género propio con historias para contar, personajes que se sostienen por motus propio o simplemente porque son parte de la contemplación artística. Según pasan los años su efectividad no se disipa y su ocurrencia aumenta a velocidades sónicas, por eso hoy la idea de considerar un videoclip como un cortometraje cinematográfico adquiere una validez incuestionable.

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