Matías E. González
Noelia Monte
23/03/2017 15:35

El cine es el arte que permite generar múltiples sensaciones en los espectadores a través de historias que van desde la narración de acontecimientos reales hasta el relato de situaciones totalmente ficticias. Las películas cautivan la atención del público durante el tiempo de proyección, y según el impacto y mensaje que transmitan puede perdurar en la mente de una persona por el resto de su vida. Situaciones de este tipo suelen ocurrir cuando los largometrajes permiten a los espectadores reflexionar sobre lo que se plasmó en la pantalla grande, y más aún cuando se trata de hechos verídicos. Este es el caso de la película argentina La noche de los lápices (Héctor Olivera, 1986), que si bien han pasado más de tres décadas de su estreno, aún sigue repercutiendo en la gente por la compleja y dura reconstrucción de los hechos represivos, que sufrieron un grupo de estudiantes durante la última dictadura militar (1976-1983), y además porque permite desarrollar una importante capacidad para nuestra historia como argentinos… hacer memoria.

La noche de los lápices

(1986)

EscribiendoCine dialogó con Alejo García Pintos, Adriana Salonia, Pablo Novak y Ana Celentano, quienes formaron parte de una de las películas que marcó la historia del cine nacional.

“Fue la primera película que mostró de manera cruda y real lo ocurrido en la última Dictadura Cívico, Militar y Eclesiástica del país. Dio a conocer al mundo el terrorismo de Estado y aún hoy es una referencia y bandera en la lucha por los DDHH”, sostuvo el actor Alejo García Pintos, quien interpretó a Pablo Díaz en el film.

Para Adriana Salonia, quien compuso a María Clara en el largometraje, fue un antes y un después en mi vida. "Una película hecha por jóvenes, basada en hechos reales, con nombres y apellidos reales. Por fin empezamos a hablar de lo que había sucedido durante la represión abiertamente y sin miedo. Para mí fue el principio de una toma de conciencia del pueblo argentino”, afirmó la actriz

“Es indispensable y paradigmática. Para cualquier chico de 16-17 años, que eran las edades que tenían estos pibes, es importante de ver para saber lo que ocurrió hace más de 30 años. La noche de los lápices es una película fundamental para empatizar con gente que a lo mejor no sabía o no conocía de lo que había sucedido. Es ponerse en la carne del otro, en el padecimiento del otro”, reflexionó el actor Pablo Novak, quien representó a Horacio Ungaro.

“Supongo que marcó un hito por varias razones, entre ellas por el momento histórico en el que se filmó, hablaba de los crímenes de la dictadura, pero hablaba para todo el público. Marcó profundamente a las generaciones de adolescentes que conocieron a través de la película lo que había sido la represión del movimiento estudiantil de la década del 70”, expresó la actriz Ana Celentano, quien encarnó a una estudiante en el film y debutó como actriz a través de ese papel.

LA HISTORIA

“Los lápices siguen escribiendo”. La noche de los lápices es una película dirigida por Héctor Olivera. El largometraje narra la historia desde que comenzaron las protestas estudiantiles en el año 1975, cuando a los estudiantes -pertenecientes a distintos colegios- les quitaron el Boleto Estudiantil.

En la madrugada del 16 de septiembre de 1976, ya con el Golpe de Estado en vigencia, los secuestradores del “grupo de tareas” ingresan violentamente armados en las casas de seis estudiantes y los raptan. A esta noche siniestra se la conoce como La Noche de los lápices. Pablo Díaz, uno de los jóvenes que luchaba por el boleto estudiantil, se ausenta en su casa durante varios días pero al regresar, el 21 de septiembre, es secuestrado.

Los adolescentes fueron encerrados en centros de detención clandestinos junto a otros jóvenes que integraron las protestas por la misma causa. Sufrieron manoseos, golpes, torturas y, en ciertos casos, hasta violaciones durante sus encarcelamientos. Permanecieron atrapados en cuartos individuales, prácticamente sin vestimentas y con los ojos vendados, alimentándose a base de pan y agua durante los severos días. La mayoría de los secuestrados fueron asesinados. Sin embargo, Pablo Díaz fue liberado en 1980 y pasó a ser un detenido legal.

A partir de los testimonios de Díaz en el Juicio a las Juntas en el año 1985, los terroríficos acontecimientos lograron público conocimiento. A la hora de llevar esta historia al cine, se plantearon objetivos, algunos de los cuales fueron mencionados por los actores entrevistados.

“Dejar un testimonio. Tal vez, hoy al ver la película uno pueda encontrarle defectos técnicos o artísticos. Pero que habiendo pasado 30 años, se siga proyectando en nuestras Universidades o colegios, significa que el objetivo fue cumplido”, explicóGarcía Pintos.

“Simple, concientizar”, sintetizó Adriana Salonia respecto a la misión que se propusieron con el film.

“Es parte del apoyo al Nunca Más. Vino bien para que gente que inclusive había apoyado al Golpe o se había mostrado indiferente, pudiera tener datos concretos de lo que había pasado”, argumentó Pablo Novak.

“Para mí la película tuvo la virtud de contar el horror cuando apenas había pasado y cuando los verdugos de la dictadura estaban ahí nomás, ocupando lugares institucionales, formando parte de la policía o de las fuerzas armadas. Y también de contar quiénes eran los jóvenes desaparecidos, qué hacían, qué soñaban, dónde y por qué militaban”, opinó Ana Celentano.

LOS PERSONAJES

Construir un personaje que funcione, no suele ser fácil, y es mucho menos sencillo si se trata de ponerse en la piel de personas que, realmente, han vivido situaciones de extrema violencia producto de una época siniestra. Es así, que para Alejo García Pintos encarnar el papel de Pablo Díaz - sobreviviente de aquel acontecimiento de 1976- significó “un desafío enorme y una hermosa presión”, ya que contó con “la presencia directa y constante todo el tiempo de Díaz”.

Por su parte, Adriana Salonia, quien llevó adelante la historia de María Clara, consideró que su rol en la película fue “un gran desafío”. Además, agregó: “hubo momentos de quiebre pero esa es la idea, dejarse atravesar por lo que vas a contar como actriz”.

“Siempre podes separar, pero eso no significa que desde lo más profundo te sucedan cosas como gritar "mamá", en una escena de violación. Hubo que repetirla porque el director me dijo, que pensáramos en que su mamá iba a estar en el cine”, reveló la actriz a la hora de hablar de lo difícil que se hace distanciarse de la realidad en momentos así.

“Filmamos en la casa de él, en la cama de él, con sus cosas, trabajamos desde lo que sabíamos y nos iban contando”, reveló Pablo Novak al referirse al importante aporte que tuvo Pablo Díaz en la película.

Vale destacar, que el actor obtuvo el personaje de Horacio Ungaro, luego de que su profesor lo mandara a las pruebas, es decir, al casting, el cual había sido publicado en Clarín en aquel entonces. “Fue un casting multitudinario, había que pasar muchas instancias hasta quedar seleccionado”, argumentó.

A su vez, Novak agregó: “lo más difícil fue después, los actores no podíamos despegarnos de lo que habíamos hecho. Por bastante tiempo, incluso años, queríamos seguir trabajando todos juntos, y muchos quedamos muy amigos hasta el día de hoy”.

En cuanto al papel de Ana Celentano, si bien tenía una sola línea en todo el film, no era uno más del montón, ya que significaba su debut actoral en cine. Al respecto, la actriz consideró: “Yo era mi papel. Era una estudiante de Bellas Artes e hice de una estudiante de bellas Artes. Mi personaje estaba en el centro de estudiantes y militaba, y yo también. Todo para mí era más de lo que yo ya sabía, conocía y hacía”.

Asimismo, la actriz reveló: “cómo conocía muy bien lo que había sucedido, me creía en el derecho de opinar. De hecho, con los compañeros que militábamos le pedimos una reunión a Olivera y le expresamos nuestras diferencias ideológicas con la película, pero que igual la íbamos a apoyar participando en las escenas de masas. Me acuerdo de Héctor recibiéndonos y ¡me imagino lo que pensaría de nosotros! Ojo, había un compromiso hermoso en ese acto”.

EL RODAJE

Alejo García Pintos no dudó en afirmar que se vivía un clima “de mucha tensión y dolor” pero siempre sabiendo que tenían un compromiso inmenso por contar “un episodio de los más tremendos de la historia reciente”. Además, Adriana Salonia hizo referencia al clima de hermandad que se generó en aquel momento y que continúa hasta el día de hoy. “Mis compañeros actores de esta película, son desde entonces amigos de mi alma”, aseguró la actriz.

Por su parte, Pablo Novak reconoció: “estábamos muy compenetrados con la película. De hecho se filmó en el año 1986, mientras era el Mundial de Fútbol en el que ganó Argentina y yo con los mundiales “me prendo fuego”, y a pesar de todo lo que representó, estábamos muy concentrados en la película y en lo que teníamos que hacer”.

Teniendo en cuenta su breve participación en el film, Ana Celentano no experimentó la situación de formar parte de las escenas más complejas, pero sí estuvo presente en las secuencias que eran de asambleas, manifestaciones y actos, entre otros. “Me parece que se me confunde la alegría que yo sentía de estar ahí con lo que verdaderamente debe haber sido, un gran estrés para el equipo”, agregó la actriz.

ESTRENO Y REPERCUSIONES

La noche de los lápices se estrenó en las salas de cine argentinas el 4 de septiembre de 1986, justamente a días de que se cumpliera una década de los hechos represivos que se retrataban en la pantalla grande.

“El estreno fue en La Plata. Enseguida la peli pegó y se vio mucho, pasaron 30 años desde su estreno y la gente me sigue hablando de ella”, destacó Pablo Novak.

“Todos hablábamos de la película, todos la debatíamos. La gente que había vivido esos acontecimientos estaba ahí, al lado nuestro, los sobrevivientes, los que no habían caído, los familiares. Todo estaba muy cerca temporalmente hablando, y la película despertó esos debates, y fue muy vista, muy popular”, explicó Ana Celentano.

Por la cercanía temporal y los hechos que se proyectaban, el largometraje impactó profundamente en el público. Hubo espectadores que no pudieron separar la realidad de la ficción y fusionaron en sus mentes los acontecimientos verídicos con los recreados en el film, lo que generó una experiencia interactiva entre los presentes en la sala y lo que estaban viendo.

“Fue impresionante. Jamás había asistido, ni se si asistiré a una proyección en la que el público le gritaba, puteaba o le hablaba a la pantalla en determinadas escenas” relató Alejo García Pintos. “Al finalizar el estreno, muchos asistentes “encaraban” a los actores que habían interpretado a los personajes de los represores y los increpaban como si fuesen los protagonistas reales. Recuerdo como quisieron agredir a Alberto Busaid o a Lorenzo Quinteros, agregó el actor.

“No fue un estreno “común”. Vestirse para ese evento, lo recuerdo todavía, me puse un vestido negro, con la absoluta convicción de que solo ese era el color correcto”, recordó Adriana Salonia. “Tenía la certeza y la conciencia de saber que era un hecho histórico porque comprendí que estaba debutando con una película que haría historia”, añadió la actriz.

La película fue presentada en varios festivales de cine internacionales como el New Directors/New Films Festival de Nueva York y el Festival de Cine de Moscú, entre otros. Hoy en día continúa vigente entre los argentinos ya que es utilizada con frecuencia en las escuelas secundarias, universidades y exposiciones para reflexionar y recordar lo que ocurrió en nuestro país cuatro décadas atrás.

LA ÚLTIMA DICTADURA MILITAR EN EL CINE ACTUAL

En tiempos en donde es común preguntarse en qué medida son tomados en cuenta ciertos temas, como las situaciones vividas durante la última dictadura militar, que acontecieron en el país y que han dejado una gran huella en la sociedad, resulta clave mirar hacia el pasado y ver cómo se encuentra la industria cinematográfica actualmente. Es por esto, que Alejo García Pintos consideró que luego de La noche de los lápices vinieron muchas películas excelentes, pero “ninguna con la crudeza y verosimilitud que alcanzó el film de Olivera.

Además, el actor agregó: “y sería una obviedad no recordar que con el actual Gobierno, sumado al interés por invisibilidad el tema, dudar sobre la cantidad de desaparecidos e instalar nuevamente la teoría de los dos demonios deliberadamente por un Gobierno de derechas a través de sus representantes políticos y el apoyo de los medios dominantes, conspiran negativamente”.

Por otro lado, Adriana Salonia afirmó que “hoy es diferente, porque en aquel momento estaba todo mucho más reciente, había mucho miedo todavía de hablar, de pensar o de opinar sobre estos temas”. A su vez, la actriz destacó que “lamentablemente hoy, las elecciones de ficción más elegidas por el público y por los productores, se vuelcan en su mayoría al entretenimiento, lo que deja poco lugar para reflexionar, pensar y sentir".

En la misma línea, Pablo Novak opinó que tratar temáticas de este tipo en el cine “impactan menos, porque pasaron 40 años y tenemos mucha democracia encima, es decir, está “menos de moda”.

Tomando como referencias a las producciones artísticas que se refieran a asuntos extraídos de la realidad, Ana Celentano consideró que “hay algo de lo conocido que despierta curiosidad”, por lo que sostuvo: “más allá de que la anécdota o el cuento sea totalmente ficción, disfruto mucho cuando está desarrollada en un contexto histórico que la determina por alguna razón”.

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