Rolando Gallego
18/01/2017 14:10

Mientras en la TV, desde una publicidad, juega a ser Un Hombre Común y Corriente, promocionando una cerveza, en el cine llega con un rol completamente diferente al que nos tiene acostumbrados, en Nieve Negra (2017) de Martín Hodara, una de las películas más esperadas del año.

Nieve Negra

(2017)

Pero Ricardo Darín hace tiempo que pasó de ser aquel niño actor, y luego galán, cómico, a reinventarse desde Perdido por Perdido (1993) de Alberto Lecchi, un film que le permitió explorar un costado diferente ofreciendo una interpretación en la que ya estaba presente la estafa como vector de la historia, algo que se reiteraría en Nueve reinas (2000), thriller policial de Fabián Bielinsky con el que no sólo logró múltiples premios, sino que, principalmente, lo ubicó de otra manera en la industria cinematográfica nacional y extranjera.

De su pasado de galán hay varios testimonios en cine, televisión y teatro, un perfil del que supo sacar rédito y explotar como ningún otro actor, al tope de la popularidad. Allí Adolfo Aristarain supo dirigirlo en las producciones pasatistas de “la saga del amor”, en donde Darín pudo acariciar el policial sin renegar de su costado entrador y humorístico.

El Desquite (1983) de Juan Carlos Desanzo, La Rosales (1984) de David Lipszyc, Revancha de un Amigo (1986) de Santiago Carlos Oves, fueron perfilando una sólida participación cinematográfica hasta que entrada ya la década del ’90 aceptó estar en la televisión siendo parte del éxito Mi Cuñado (1993-1996), junto a Luis Brandoni, programa con el que nuevamente pudo posicionarse como uno de los preferidos del público.

Cinco años después de Perdido por Perdido llegarían El faro (1998) de Eduardo Mignona, y El mismo amor, la misma lluvia (1998), de Juan José Campanella, con el que obtuvo el premio Cóndor de Plata a la mejor interpretación, antes del suceso de Nueve reinas, por el que también se alzó con el mismo lauro y otros como el de mejor actor en Biarritz.

A partir de allí una meteórica carrera, acompañando el cine con su participación en Art, de Yasmina Reza, éxito que además lo llevó de gira por Europa antes de filmar La fuga (2001), su nueva colaboración con Mignona, y El Hijo de la Novia (2001) la entrañable historia de Juan José Campanella que recorrió el mundo y ayudó a visibilizar una problemática como la del Alzheimer desde otro lugar.

Kamchatka (2002) de Marcelo Piñeyro y El aura (2005), última película de Bielinsky, consolidaron aún más su compromiso con films de calidad y que a la vez permitan repasar el pasado reciente, luego una intervención en el cine español en La educación de las hadas (2007), de José Luis Cuerda, y el regreso al cine argentino con XXY (2007), de Lucía Puenzo, arriesgada historia que adaptó un cuento de Sergio Bizzio, su pareja. Con Martín Hodara se animó a la dirección de La señal (2007), película inspirada en el film noir y que lo puso detrás de la cámara para cumplir con el sueño de muchos actores.

Dos años después llegaría El Secreto de sus Ojos (2009) thriller basado en el libro de Eduardo Sacheri y que Campanella llevó con maestría a la pantalla grande en una producción que además de arrasar con la taquilla terminó con el Oscar, e impulsó nuevamente su carrera a lugares impensados con producciones como Carancho (2010) y Elefante blanco (2012), ambas de Pablo Trapero, Tesis sobre un homicidio (2013), Séptimo (2013) de Hernán Goldfrid y Patxi Amezcua, respectivamente, hasta llegar al suceso Relatos salvajes (2014), de Damián Szifrón, en el que interpretó a Simón “bombita” Fisher, un hombre cansado de los atropellos del sistema y que decide tomar posesión de la situación a través de explosivos.

Con Truman (2015), segunda colaboración con el catalán Cesc Gay luego de Una pistola en cada mano (2012), el reconocimiento internacional una vez más llegaría  y también su recorrida por las pantallas del mundo, sumando Kóblic (2016) de Sebastián Borensztein como última producción antes de su profunda transformación en Nieve Negra, y la aún inédita La cordillera (2017) de Santiago Mitre, en donde hará de Presidente del país, demostrando una vez más su habilidad camaleónica para transformarse y su pasión por la profesión, aquella que le sigue permitiendo elegir papeles y mantener una de las carreras más sólidas y variadas que el cine nacional ha visto y que lo ha convertido en el preferido de todos.

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