EscribiendoCine
08/01/2017 14:10

Ricardo Piglia mantuvo una continua relación con el lenguaje del cine como guionista en La sonámbula, sin olvidar el impacto de su novela “Plata Quemada” que inspiró el multipremiado film estrenado en 2000, que dirigió Marcelo Piñeyro y protagonizaron Leonardo Sbaraglia, Pablo Echarri, Leticia Brédice y el español Eduardo Noriega, y que versiona el caso real de un asalto a un banco en San Fernando en 1965.

327 cuadernos

(2015)

En 1996 Ricardo Piglia debutó como guionista con la película Corazón iluminado, de Hector Babenco; en 1998 incursionó en la ciencia ficción guionando La sonámbula, de Fernando Spiner y ambientada en Argentina en 2010, donde a partir de una prueba con sustancias químicas miles de personas pierden la memoria y con ella su identidad.

Su última participación en tras lás cámaras fue en 2000 con el guion de El astillero, la emblemática obra de Juan Carlos Onetti, bajo la dirección de David Lipszyc, con Ulises Dumont, Norman Briski y Cristina Banegas, que le valió el Cóndor de Plata a la mejor adaptación cinematográfica.

Pero en 2015 Andrés Di Tella lo puso delante de las cámaras en el documental 327 cuadernos, que indagaba en la biografía del escritor y la relación de su intimidad vital, con momentos históricos y trascendentes de la historia nacional contemporánea: la Revolución Libertadora (1955), el golpe de Estado de 1966 (la llamada Revolución Argentina), la muerte de Ernesto “Che” Guevara en Bolivia (1967), y el regreso de Juan Domingo Perón (1972).

En televisión realizó Borges por Piglia, un ciclo que emitió la TV Pública durante 2013, en la que el escritor reflexionaba sobre la obra del reconocido autor argentino. Y la reciente adaptación de Los Siete Locos y los Lanzallamas, la novela fundamental de Roberto Arlt que también emitió el canal estatal durante 2015 y que contó con la dirección de Fernando Spiner y Ana Piterbarg.

Testimonio de su exploración, el escritor y crítico señalaba en su libro “Crítica y Ficción” (1986) que “para escribir un buen film hace falta tener muchas ideas narrativas, las palabras importan menos, salvo en los diálogos, pero los diálogos son fáciles de escribir, solo hay que tener buen oído. La clave es el relato, eso es lo que tienen en común el cine y la literatura. Al menos cierto tipo de relato”, dijo Piglia.

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