Rolando Gallego
05/01/2017 13:31

Con 61 años recién cumplidos, Mel Columcille Gerard Gibson, más conocido por todos como Mel Gibson, es uno de los pocos actores que han podido imponer un estilo y una manera de trabajar en Hollywood, superando los malos momentos, o los “castigos”, por llamarlos de alguna manera, que la Industria suele imponerles a aquellos que intentan, pese a todo, desandar su propia historia. Desde sus comienzos en su Australia natal trató por desestimar el mote de “galán” y trabajar en producciones que le permitieran ir forjando una carrera con interpretaciones cada vez más arriesgadas y comprometidas.

Hasta el último hombre

(2016)

Si bien su primera película fue la olvidable Summer City (1977), esa producción se convirtió tan solo el puntapié inicial de una carrera internacional plagada de éxitos. Su siguiente film Mad Max (1979), de George Miller, lo lanzó al estrellato mundial, y lo impuso, casi sin saberlo, como uno de los héroes de acción más solicitados. En Tim (1979) hizo de un jardinero que enamoraba a su jefa, luego en Gallipoli (1981), de Peter Weir, fue uno de los jóvenes que se enrolaban en el ejército durante la Primera Guerra Mundial sin saber qué le iba a acontecer, y después se sucedería Mad Max 2: El guerrero de la carretera (1981), también de George Miller, ubicándolo en las salas mundiales como una figura a tener en cuenta, El año que vivimos en peligro (The Year of Living Dangerously, 1982), de Weir para iniciarse su participación en producciones estadounidenses sin descanso como Mrs. Soffel (1984), con Diane Keaton, Cuando el río crece (The River, 1984), film de catástrofes con Sissy Spacek, hasta nuevamente participar en Mad Max 3: Más allá de la cúpula del trueno (Mad Max Beyond Thunderdome, 1984) de George Miller y George Ogilvie, tercera entrega de la saga apocalíptica que lo lanzó a la fama.

Los éxitos de Arma Mortal (Lethal Weapon, 1987), de Richard Donner, que impuso el género buddy movie en el cine, con ciento de miles de imitaciones, y Traición al amanecer (Tequila Sunrise, 1988), lo llevaron a un lugar que ni siquiera él pensó tras su paso por Hollywood. Luego llegarían una serie de películas, que si bien no fueron exitosas, le permitieron explorar otras facetas actorales, como Dos pájaros a tiro (Bird on a wire), de John Badham, comedia de acción y slapstick con Goldie Hawn (raro híbrido), Air America (1989), Hamlet (1990) de Franco Zefirrelli, Arma Mortal 3 (1992), la fallida Eternamente Joven (Forever Young, 1992) y el western Maverick (1994), remake de la serie televisiva homónima que no logró cumplir las expectativas de los estudios.

El hombre sin rostro (The man without a face, 1993) fue su primera incursión como director, algo que venía imaginando hace tiempo. La historia de la amistad de un hombre con un niño que es juzgada por los demás le devolvió el respeto que necesitaba para seguir pensando nuevas producciones en las que él podía estar detrás de cámaras. Y así fue como llegó Corazón Valiente (Bravehart, 1995), la épica historia de William Wallace y su gesta para lograr la independencia de Escocia. Una superproducción que le permitió alzarse con el premio Oscar como mejor director. A partir de allí intervenciones en varias películas taquilleras, pero menores, y continuaciones de sagas le fueron dando el aire necesario hasta su próximo relato, la personalísima La pasión de Cristo (The passion of the Christ, 2004), que pese a estar hablada en latín, hebreo y arameo, rápidamente se convirtió en un suceso y lo consolidó a Gibson como realizador.

El nuevo milenio no fue muy bondadosos con el actor/director, ya que, fracasos como intérprete, sumados a varias no afortunadas declaraciones, terminaron por ubicarlo, durante un tiempo, en el arcón de los recuerdos de Hollywood. Ni siquiera la incomprendida Apocalypto (2006) pudo reposicionarlo en la Industria. Pero Gibson no se dio por vencido y espero para que su nueva producción como director Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, 2016) lo ubique en el lugar que se merece, llevándolo nuevamente a la agenda de los medios especializados con la historia del objetor de conciencia que decide, igualmente, enlistarse en el ejército a pesar de no comulgar con muchas cosas, entre ellas, portar un arma y disparar al enemigo. Película con escenas realistas que configuran el escenario ideal para que este filme bélico, además de demostrar su habilidad para manejar grandes equipos de trabajo, lo reinvente como director y finalmente vuelva a las grandes ligas.

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