Noelia Monte
30/12/2016 14:02

Con un 60% de la producción nacional, el cine documental sigue dando batalla en el circuito cinematográfico argentino, pese a las dificultades a las que muchas veces se enfrenta tanto en materia de producción como a la hora de la exhibición, el 2016 marcó algunos hitos como fue el caso de Pibe chorro, el estreno nacional de una sala más visto del 2016. Entre lo más destacado del año también se encuentran Los cuerpos dóciles, La inocencia, la coproducción con España Chicas nuevas 24 horas y Lucha, jugando con lo imposible, el documental más taquillero.

Pibe chorro

(2016)

Durante esta época del año, no se puede evitar hacer balances sobre cómo se fueron desempeñando las distintas áreas de la vida. En lo que respecta al cine, la cifra que ronda los 7, 3 millones de entradas vendidas para el cine argentino puede dar una idea acerca de cómo funcionó la industria en este 2016.

Una gran cantidad de materiales se lanzaron en lo que respecta al cine documental argentino, cuyas circunstancias de producción han variado. Algunos contaron con mayores presupuestos, y otros no tanto. Algunos se concretaron en poco tiempo, y otros son el resultado de largos períodos de trabajo.

Sin dudas, el género documental busca superarse constantemente, tanto a la hora de hablar de su calidad, así como también, de cada una de sus historias atrapantes. Por estas razones, se vuelve fundamental el hecho de seguir discutiendo para que el área obtenga la valoración correspondiente.

Muchos de los documentales estrenados en 2016 giraron en torno a la política. Uno de ellos fue La guardería, dirigido por Virginia Croatto, que nos transportó al año 1978 para reflejar la decisión que tuvieron un grupo de Montoneros al reagrupar a sus militantes exiliados en el mundo para realizar acciones de desestabilización del gobierno de facto.

Otro fue El Padre, un trabajo de Mariana Arruti, en donde los conceptos de memoria y olvido se mezclaron para llevar a la gran pantalla la búsqueda que inicia la directora para obtener más información sobre la muerte de su padre durante los años 70. En una línea similar, se lanzó El (im)posible olvido de Andrés Habegger, quien va tras los pasos de su padre desaparecido hace 35 años.

Con un perfil más melancólico, El legado estratégico de Juan Perón, de Fernando "Pino" Solanas fusionó los géneros lírico y testimonial para obtener una ficción con acentos de realidad. Mientras que El sable, de Nahuel Machesich se contó la historia de cinco jóvenes de la Resistencia Peronista, quienes fueron protagonistas del robo del sable corvo del general José de San Martín, con el objetivo de reanimar la militancia peronista.

Por otra parte, en Olvidalos y volverán por más de Juan Pablo Lepore, se puso en el centro de la discusión la problemática de la megaminería; en G. Un crimen oficial del periodista Daniel Otero, se trató a fondo el asesinato del subcomisario Jorge Gutiérrez en 1994, y Mariano Corbacho realizó en 70 y pico un trabajo detectivesco y armó el rompecabezas sobre la historia de su abuelo y las conexiones de este con la última dictadura militar, cuando sirvió como interventor de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires.

Miguel Kohan llevó al cine la vida y obra de Pichón-Riviere en El francesito. Un documental (im)posible sobre Enrique Pichón-Riviere, e Ivan Gergolet la de la bailarina María Fux en Danzar con María. En la linea histórica una de las revelaciones del año fue Contra Paraguay, donde Federico Sosa se permitió revisar el pasado para presentar todas las versiones que describen la guerra que enfrentó a la Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay, para que sea el espectador quien saque sus propias conclusiones. 

Monumento, de Fernando Díaz, siguió la construcción del Monumento Nacional a las Víctimas del Holocausto judío, transitando distintos relatos para llegar a una certeza: la necesidad de mantener viva la memoria sobre uno de los hechos más atroces de la humanidad, mientras que en Exilio de Malvinas Federico Palma contó la historia de tres malvinenses que por diversos motivos fueron forzados a dejar las islas y trasladarse a la Argentina Continental.

Del mendocino Néstor “Tato” Moreno en el Arreo se vio en la gran pantalla un seguimiento –con magnificas imágenes y testimonios- de la vida cotidiana de una familia de puesteros en Malargüe, en plena cordillera de Los Andes. Mientras que San Juan y Buenos Aires fueron las ciudades elegidas por Eduardo de la Serna en La inocencia, retrato observacional de dos niñas de 6 años durante el transcurso de su primer grado en la escuela primaria. Una lo vive en una escuela privada de la ciudad de Buenos Aires y la otra en una escuela rural pública de la Provincia de San Juan.

Otro documental  que pasó por las salas en 2016 fue Familia Cantora de Sergio "Cucho" Costantino, quien a lo largo de 80 minutos hace un ensayo sobre el amor a la familia y a la música, cimentado en Los Pacheco, familia de folcloristas del norte de Córdoba. De la mano de Marcos Rodríguez, llegó Arribeños, un trabajo centrado en la comunidad asiática en torno a la cual surgió el reconocido Barrio Chino, ubicado a metros de la plaza Barrancas de Belgrano, y la fotógrafa Julieta Sans se introdujo en una agencia de modelos de la Villa 31 que busca lograr la integración social y un futuro mejor para las chicas del barrio en Guido Models.

En lo que respecta al deporte, uno de los trabajos más vistos fue el dirigido por Ana Quiroga, Lucha, jugando con lo imposible, que trató la vida de la ex jugadora Argentina de hockey sobre césped Luciana Aymar. Además, en la linea deportiva se vieron  otras interesantes propuestas como Los pibes, de Jorge Leandro Colás; Agárrese como pueda. Qué dicen los cuerpos al volar, de Claudio Celada, Javier Romero y Nicolás Bratosevich, y La piel marcada, de Hernán Fernández, sobre Sergio Víctor Palma.

En materia de rockumentales llegaron a las salas argentinas Sucio y desprolijo: El heavy metal en Argentina, de Lucas Lot Calabró y Paula Alvarez, un recorrido por la historia del “rock pesado” en Argentina, sus bandas fundacionales con sus máximos exponentes, pero también del “sentido” de pertenencia del heavy metal, de sentir y de pensar; y Existir sin vos, una noche con Charly García, de Alejandro Chomski,  rodado de manera casi azarosa durante una noche de 1994 cuando el músico se encontraba en pleno proceso creativo de su disco "La hija de la lágrima".

La problemática trata y la violencia de género también se vio reflejada en el cine documental con Chicas nuevas 24 horas, de Mabel Lozano, y Cada 30 horas en el que Alejandra Perdomo describe como tres madres que transformaron su dolor en lucha, describen las violencias que vivieron sus hijas; completando el relato con dos víctimas denunciantes que piden justicia. Las historias son las protagonistas y ponen en evidencia los métodos que los agresores utilizan para manipular a las mujeres. El film destaca la labor de profesionales y militantes contra la violencia de género, que brindan su tiempo trabajando para crear conciencia y generar un gran cambio social y cultural; el que exigimos al tomar las calles y alzar la voz para pedir Ni Una Menos.

Pero sin duda dos de los documentales del año que termina fueron Pibe chorro, de Andrea Testa, y Los cuerpos dóciles, de Diego Gachassin y Matías Scarvaci. El primero es un ensayo que deconstruye el discurso que criminaliza la pobreza y condena a los jóvenes de bajo recursos, mientras que en el segundo atraviesa el proceso que lleva a dos jóvenes marginales a enfrentarse al aparato judicial argentino; como éste opera en la aplicación de la pena y las consecuencias que tendra sobre ellos y su entorno familiar.

Todos estos documentales fueron tan solo una parte de la gran cantidad que se presentó durante el 2016 y que dejaron al descubierto, una vez más, que el cine documental argentino tiene un enorme potencial, puede lograr grandes resultados y alcanzar la superación continua.

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