Rolando Gallego
26/08/2016 11:59

Dicen que el primer registro en cine del boxeo, una pelea entre Jack Cushing y Mike Leonard, data de 1894, y fue capturado por William KL Dickson, quien en tan solo 37 segundos de pura adrenalina demostró que el matrimonio entre el box y el cine iba a durar por mucho, mucho tiempo.

Sangre en la boca

(2016)

Porque el boxeo, deporte cinético como ninguno, le ha posibilitado al cine generar historias que transmiten, desde sus orígenes, la esencia y la tensión que cada round genera.

Es que el boxeo atrapa. Los golpes y la posibilidad y cercanía con la muerte, como también la adrenalina y la épica personal del esfuerzo son promotores de su identificación y la épica del ascenso y descenso de quienes lo practican.

Los golpes, derrumbando sueños, o, en el mejor de los casos, construyéndolos, hacen de este tipo de films una alegoría del triunfo sobre las miserias personales. No hay malos, o si los hay se diluyen en el momento de los combates.

El cine argentino supo incursionar en el género con resultado dispar, pero con la clara intención de emular producciones foráneas, con una excepción, la de Gatica, el mono (1993), de Leonardo Favio, quien la dotó de una poesía particular y única, y Sangre en la boca (2016) de Hernán Belón, estreno que pone una vez más en pantalla los pormenores de un boxeador.

A continuación el detalle de algunos de los films más emblemáticos que el cine nacional supo dar sobre el género.

Sangre en la boca: Hernán Belón toma el mundo del boxeo para hablar, en realidad, de otra pasión, animal, carnal, impulsiva, del protagonista, Ramón (Leonardo Sbaraglia) y una joven misionera (Eva de Dominicci) que intenta empezar en el deporte pero que confunde sus objetivos. La cámara áspera y árida de Belón se detiene más en la relación que en el boxeo, pero así y todo se convierte en un referente del género.

Gatica, el mono: Leonardo Favio plasmo la desmesura y excentricidades del mítico boxeador argentino y su notorio acercamiento al poder. Con una puesta teatral y más interiores que exteriores, pero cuidando la producción para reconstruir las épocas de “El Mono”, todo el análisis crítico del director y los estereotipos de la argentinidad se potencian con la impecable actuación de los dos actores que interpretan a Gatica (Edgardo Nieva y Erasmo Olivera), quienes se entregan por completo al personaje.

La pelea de mi vida (Jorge Nisco, 2012): Producto pensado para las vacaciones de invierno, cuenta la lucha de Alex (Mariano Martínez) por encontrarse con su hijo, quien vive con otro boxeador (Federico Amador) y con quien se enfrentará arriba y debajo del ring.

Nosotros los monos (Edmund Valladares,1971): Análisis sobre el factor animal que tiene el deporte y se para en contra del mismo. El film contó con Lautaro Murúa y Luis Medina Castro en sus roles principales.

Licencia Número Uno (Matilde Michanie, 2008): ocumental que plasmó la vida de Marcela Acuña, más conocida como “la tigresa”, una mujer que supo hacerse un lugar en un deporte de hombres. El film realiza un racconto de su historia y además reflexiona sobre el lugar de la deportista como mujer, madre y profesional del boxeo.

Diablo (Nicanor Loreti, 2012): Toma la vida de Marcos Wainsberg (Juan Palomino), un ex boxeador, peruano y judío, que se ve involucrado en una disputa entre bandas mafiosas casi sin quererlo. Si bien no hay peleas arriba del ring, la imaginería del deporte está bien presente.

Maravilla, la película (Juan Pablo Cadaveira, 2014): Otro documental que se realizó en la urgencia de aprovechar el fenómeno masivo en el que se convirtió el boxeador Sergio "Maravilla" Martínez y que se apoya en una estructura narrativa ficcional para dar cuenta del campeón de Quilmes.

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