Adriana Casas
09/10/2015 14:48

Este fin de semana se estrenó en México Familia Gang (2014) del director Armando Casas con un reparto de actores legendarios como Rafael Inclán, Elpidia Carrillo, Ernesto Gómez Cruz, Giovanna Zacarías, Raúl Adalid, Humberto Busto, entre otros. Más que una película de narcos y pandillas él la describe como una película de familia. Por eso me di a la tarea de hablar de su familia, bueno, de nuestra familia, siendo su hermana, periodista y estando metida en el mundo del cine era además de un placer casi un mandato familiar hacerlo.

Familia Gang

(2014)

“Todos tenemos familia y todos tenemos una relación buena, mala, regular con nuestras familias. Todos tenemos algo que reprocharnos y todos tenemos algo que nos une a nuestras familias”. Armando Casas

El cine es ese algo que une a la familia de Armando Casas, director de Familia Gang y mi hermano mayor. Tomé como pretexto el estreno de su segunda película- en su ópera prima Un mundo raro (2001) incluso actué en mi tierna adolescencia- para sumergirme en los recuerdos qué, como su hermana menor e hija putativa (como él se ha referido a mí en ciertas ocasiones), tengo de los momentos que lo han forjado como cineasta y que han construido la concepción de mundo que hoy se materializa en una película irónica de humor inteligente.

La relación con el séptimo arte en nuestra familia inició como cinéfilos. Mi abuela Raquel trabajó en la dulcería del Cine Centenario de Coyoacán ahí nuestra mamá y sus hermanos veían películas todos los días en la permanencia voluntaria. Un recuerdo vívido que tengo de la abuela Raquel es que pasaba tardes enteras viendo la maratón de películas de Cantinflas. Por su parte, nuestra madre, Yolanda, conoce santo y seña de los actores de las películas de la época de oro. De hecho, los cuatro hijos de Yolanda y Arturo heredamos una fascinación por la captura de imágenes. Sobre todo de nuestro padre que en todas las vacaciones llevaba siempre la cámara en mano.

Tenemos un archivo de fotos y video muy extenso que resguardan mi hermana Silvia (tercera), mi hermano Santiago (segundo) y mi mamá. Lo curioso es que con el pasar del tiempo Armando deja de aparecer delante de la cámara para ser el autor de muchas de las fotografías y videos de bodas, bautizos, quince años y cuanto festejo familiar hubiera; primordialmente en su época de estudiante de cine. Hace poco ví parte de ese material y con una mirada adulta y después de pulir mi ojo estudiando crítica cinematográfica noté que en ciertos momentos la cámara tenía búsquedas muy específicas que se diferenciaban de otros planos clásicos de las películas caseras (uso de zoom, cámara movediza y mareos provocados por dichos movimientos). Había primeros planos de nuestra abuela Raquel mirando al horizonte con unas flores fuera de foco que la dejaban ver por momentos. Montaje de secuencias de las caras de varios familiares en instantes de reflexión que nada tenían que ver con la pachanga. Y una cámara que me sigue mientras bailo. No es casualidad que los colores de mi vestido de pajecito hagan juego con los el atardecer en el fondo. Mientras veía este tipo de planos pensaba, aquí estaba filmando Armando. Lo comprobé cuando con mi aguda voz le dije “Pareces gato Armando o un perrito”, esa fue mi reacción al verlo en cuatro patas con una cámara para lograr una toma a la altura de su pequeña hermanita de 5 años.

De ahí hacía atrás y hacia adelante empecé a tomar conciencia de la sentida y estrecha relación que mi familia guarda con el cine y de que el cine es un lazo entre mi hermano y yo. Armando empezó a estudiar cine cuando yo era una feliz bebé (podría ser su hija me lleva 22 años) que disfrutaba del mundo sin tener la menor idea de que décadas más tarde seguiría sus pasos para contar historias. En mi caso, me considero una voyeour de la realidad y por eso hago cine documental.

En sus primero pasos por el Centro de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM con 6 meses de edad fui el “objeto” a retratar en un ejercicio fotográfico de exposiciones, me llevó a participar a varias cápsulas del programa Diálogos en Confianza, de hecho mi primer trabajo pagado fue de actriz en una de éstas. También hice de payasita de la calle en un corto de su amigo y colega Rafael Tonatiuh y ya en la adolescencia actué de niña de secundaria pública que admira a la gente que sale en la televisión. Aquí dije las líneas finales de su ópera prima Un mundo raro (2001).

La familia también ha sido cómplice de muchos de los primeros trabajos de Armando, todos sabíamos que la posibilidad de que se necesitara un extra era latente (hermanos, primos, tíos y hasta los gatos estaban a disposición del director). Cuando llegaban los compañeros de mi hermano a nuestra casa para el rodaje había que estar todo el día callados. “Silencio, se graba. Acción” es una frase que rescato de esas memorias. Cuando estrenó su ópera prima todos corrimos al cine, creo que en promedio la habremos visto unas once veces. La vimos tantas veces porque somos su familia pero también porque el cine mexicano aún hoy sigue siendo presa del yugo de la asistencia del público al cine durante el primer fin de semana para permanecer en la cartelera.

Vi Familia Gang en el Festival de Cine de Guadalajara el año pasado. Ahora desde Buenos Aires he estado siguiendo, cual fan, todas las entrevistas y notas que salen al respecto de la película. El cine de Armando Casas, y aquí hablo más como crítica que como su hermana, es un cine inteligente que deja ver la sensibilidad que tiene para alimentarse de la realidad misma que en México es más irónica de lo que nos gustaría y más gore que el humor negro del que está impregnado Familia Gang.

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