Emiliano Basile
19/03/2015 15:31

El estreno de Papeles en el viento en enero pasado y El 5 de Talleres el próximo 26 de marzo, viene a confirmar una tendencia que se instaló definitivamente en el cine nacional: El fútbol como eje de varias películas argentinas. La popularidad del deporte nacional de los argentinos, siempre fue envidiada por los hacedores de cine. Hoy en día la relación entre ambos parece ser más cercana, o al menos una tendencia de un cine comercial que agota localidades e intenta explotar el amor del público por la pelota.

El 5 de Talleres

(2014)

Papeles en el viento cuenta la historia de tres amigos (Pablo Echarri, Pablo Rago y Diego Peretti) que intentan cumplir el sueño de un cuarto fallecido (Diego Torres): vender por una suma millonaria al jugador que representaba, con el fin de darle el dinero a su pequeña hija. Por su parte, El 5 de Talleres, narra el sobrellevar del jugador del título (Esteban Lamothe) que, ante su inminente retiro, comienza a replantearse su futuro. Ambas películas hablan desde la nostalgia de un tiempo pasado, para construir sendos melodramas costumbristas con toques de humor. El fútbol funciona como el motor pasional de los personajes, el impulso que ayuda a realizar hazañas con el fin de concretar sus objetivos, mientras que en el proceso se trabajan los vínculos, entre amigos en la primera, y de pareja (Lamothe-Julieta Zylberberg) en la segunda. El fútbol es el deporte nacional que mueve sentimientos en los argentinos, y se presenta como un reflejo de las pasiones humanas: broncas, amores, tristezas, alegrías.

Tal relación existe desde las películas del período clásico, aunque será recién en el siglo XXI que se pueda hablar de un verdadero corpus de films. Con motivo del bicentenario, el INCAA realizó el primer ciclo de cine dedicado a la temática: “Fútbol argentino, fútbol para todos”. Cada programa comprendía un cortometraje, entre los que circularon Tiempo de descuento y Un Santo para Telmo, seguido de un film emblemático de antaño como Los tres berretines (1933), una de las primeras películas argentinas sonoras que da inicio a la época dorada, Pelota de trapo (1948) de Loepoldo Torres Ríos con Armando Bo, El hincha (1951) de Manuel Romero con la actuación de Discepolín, El hijo del crack (1952) codirigida por Torres Ríos con su hijo, el genial Leopoldo Torre Nilsson, o El crack (1962) de José Martínez Suárez, hoy presidente del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. También acompañó a los cortometrajes algún documental contemporáneo, entre ellos Amando a Maradona (2005), La otra copa (2006) o Argentina Fútbol Club (2009).

Los documentales son los más representativos a la hora de dialogar con el universo del fútbol: desde las memorables Héroes (1987) y Héroes 2 (1990), hechas a raíz de la Copa Mundial obtenida en 1986 y el subcampeonato en 1990, pasando por otros que tocan un tema aledaño. En esa línea el espectro es más amplio: Puerta 12 (la violencia), Cracks de nácar (fútbol de botones), Mujeres con pelotas (fútbol femenino) o Fulboy (la homosexualidad), sumados a los centrados directamente en un club determinado: Sangre Roja, 100 años de gloria (Independiente) dirigido por Israel Adrián Caetano, Esos colores que llevás (River Plate) o La pasión (Gimnasia y Esgrima de La Plata). El año pasado, durante el mundial Brasil 2014 se llevó a cabo el “Mundial de Cortos”, una muestra itinerante de cortometrajes de todo el mundo sobre la temática a cargo de la distribuidora Hasta 30 minutos, mientras que en estos días, más precisamente del 17 al 22 en el Cine Wilde, se desarrolla el primer “Festival Internacional de Cine Deportivo” (FICiD), que incluye también otras disciplinas.

Es al menos curioso que el cine “futbolero” que se realiza en Argentina no sea un cine deportivo. El juego no es el eje del relato de los films, en cambio lo son el hincha y su pasión. La pasión por los colores, por la camiseta, por el Club de su barrio. En 2010 Juan José Campanella ha transitado la temática con el personaje de Guillermo Francella en la oscarizada El Secreto de sus Ojos y retornó en 2013 con la animada Metegol (una de las pocas excepciones a la regla) que rozó los dos millones de espectadores sólo en Argentina. El mismo Capanella comentó en la presentación de la película “El fútbol es un deporte poco cinematográfico. No es cómo el boxeo que el protagonista puede ir perdiendo y de un golpe nocaut tuerce el destino, es mucho más lento en cuanto a curva dramática, primero hay que empatar para luego revertir el resultado”. Tal vez sea el motivo, lo cierto es que la relación entre fútbol y cine transita su mejor momento, y mientras la necesidad de un cine popular siga latente, la tendencia continuará.

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