Rolando Gallego
03/01/2015 13:25

A sus 84 años Jean-Luc Godard dice acá estoy con Adiós al lenguaje (Adieu au Langage, 2014), un film que se propone como un ensayo sobre la relación que tenemos con las imágenes, y obviamente, la lengua, en un momento que nadie está reflexionando sobre esto.

Adiós al lenguaje

(2014)

Absorbiendo las nuevas tecnologías, algo que hace aún más rica la propuesta, Godard provoca presentando una sucesión de imágenes y sonidos inconexos para impactar en el corpus como sintagmas específicos, que al finalizar la proyección se resignifican y generan una idea de totalidad.

Superficialmente una pareja debate sobre puntos trascendentales -o no- de la existencia. Se aman, se odian, se repelen, se repugnan. Van y vienen como las ideas que se suceden en la pantalla. Nada aparentemente tiene sentido. El sonido va y viene, y el 3D como herramienta propone otra visión sobre la experiencia que atravesamos. No es estéticamente bella, pero si enriquecedora.

Esa misma pareja busca sentido a cosas que quizás ya saben cómo son, pero en el debate Godard también se para en su costado más político y asume sus propias posturas sobre las temáticas y puntos de discusión. Esa es la primera parte, llamada “Naturaleza Muerta”, para luego profundizar aún más sobre el lenguaje, algo que se trabajaba vagamente con Jacques Ellul al principio, y la relación con los libros y los celulares, en una segunda etapa de la película con la figura de Mary Shelley como objeto actante se ubica en la época y reproduce, según él, a la escritora en acción.

La pluma raspa las hojas, antes y ahora, y las palabras arman sentido dentro del contexto que Godard quiere. La manipulación de las imágenes y el sonido posibilitan además un juego constante. Claramente el espectador de Adiós al lenguaje no será pasivo, todo lo contrario, deberá asumir su posición creadora dentro del dispositivo y dejar de lado su incapacidad para debatir, porque en el mismo momento de la expectación ya hay algo que inspira o dispara ideas.

Nadie que vea este film podrá permanecer aislado y al margen de las sugerencias que el director quiere hacer y manifestar. Y justamente esto es lo más rico de una película de estas características.

Ah, un perro es el cuarto protagonista del relato. Con planos sucios y lejanos, el perro es reflejado con la clara intención de demostrar la permanencia de la integridad del lenguaje en alguien tan alejado a él.

Adiós al lenguaje es un gran collage que durante 70 minutos mantiene en vilo a quien se preste al juego del gran Jean-Luc Godard, alguien capaz de utilizar el 3D y el 2D para terminar, en una escena, por resignificar estas dimensiones y crear una completamente nueva (¿el 2.5 D, quizás?), trabajando además con trazos gráficos y el sonido para resignificar la experiencia cinematográfica en una nueva propuesta, que no gana por belleza sino por audacia.

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