Rolando Gallego
10/08/2014 12:23

Ante el éxito de Relatos salvajes, de Damián Szifrón, una buena oportunidad para repasar otros relatos límites que ofrecieron el cine y la TV argentina y que nos hacen ver de otra manera situaciones complejas en donde la ilegalidad y la violencia tienen un papel predominante. 

Relatos salvajes

(2014)

Relatos salvajes (2014) película episódica con varias historias universales que demuestran el límite de la paciencia y civilización humana. Revolucionó Cannes y fue vendida a cientos de países para su exhibición.

Criminal (2005) miniserie con Diego Peretti que seguía la historia personal de venganza de una persona que decidía hacer justicia por su cuenta. De cerca lo seguía una fiscal interpretada por Inés Estévez.

La Sangre Brota (2008) jugadores compulsivos, abuso infantil, drogas y una violencia contenida que explotará cuando menos se lo espera en el film de Pablo Fendrik protagonizado por Nahuel Pérez Biscayart y Guillermo Arengo.

Mujeres Asesinas (2004-2006) todas las actrices argentinas querían participar de este unitario que durante tres temporadas recreó alguno de los casos más resonantes de la sección policiales. Yiya Murano interpretada por Nacha Guevara el punto más alto de reconocimiento.

Bomba (2013) la pluma de Sergio Bizzio llevada al cine por sí mismo en un relato vertiginoso sobre un taxista (Jorge Marrale) que decide llevar al extremo una decisión personal sin importar a quien afecte.

El Niño Pez (2009) acá Lucía Puenzo adapta su delirante novela del mismo nombre, cambia el narrador (no es un perro como en el libro) pero la esencia de marginalidad y muerte sigue vigente. Eme e Inés Efron la pareja protagónica.

Pizza, birra, faso (1998) un clásico que analizó las particularidades de un grupo de adolescentes extremos en un contexto de marginalidad social. Para algunos el inicio de una nueva etapa en el cine argentino.

Tiempo Final (2000) situaciones límites que durante tres temporadas y en tiempo real tensionaron a los espectadores. Diego Suárez y Sebastián Borensztein dirigieron cada uno de los envíos que luego serían adaptados en el mercado extranjero.

Animalada (2000) otra de Sergio Bizzio en la que un hombre (Carlos Roffe) se enamora perdidamente de una oveja y lleva esa pasión al extremo.

Rapado (1992) de Martín Rejtman, un robo dispara los instintos censurados de un joven al que sólo le interesa su bienestar.

¿Qué otro relato salvaje sumarías al listado?

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