EscribiendoCine
18/06/2014 14:04

Un 13 de junio de 1974 se estrenaba La Patagonia Rebelde, film dirigido por Héctor Olivera y protagonizada por Héctor Alterio, Luis Brandoni, Pepe Soriano, Federico Luppi y Osvaldo Terranova. La misma reconstruye los fusilamientos de obreros y trabajadores rurales en la Patagonia a principios de la década del 20, basándose en la investigación histórica a la que Osvaldo Bayer consagró años de trabajo y que aún hoy sigue su camino.

La Patagonia Rebelde

(1974)

Su importancia trasciende diversas fronteras y por eso es una película única. Bien vale recordarla por sus méritos cinematográficos: fue una producción acorde con los estándares más elevados de la industria cinematográfica de la década del 70; contó con un reparto actoral excepcional del cual surgieron o se consolidaron los actores nacionales más destacados de los últimos cuarenta años; e innovó en términos estéticos y narrativos, proponiendo un relato político e histórico como una épica de un western patagónico, y que además por primera vez cuestionaba el accionar de los uniformes militares.

Pero también es valiosa en términos políticos: todo el derrotero por el que sus hacedores tuvieron que pasar, desde el germen del proyecto, pasando por la filmación, montaje, aprobación y calificación, llegando al estreno, su premiación en el festival de Berlín, años de prohibición y amenazas y reestreno en democracia, son, para decirlo sencillamente, otra película en sí misma.

Y es única además en términos históricos, en un momento en donde contar las historias de las víctimas no estaba de moda. La Patagonia rebelde recrea con sus argumentos cinematográficos un hecho histórico que hasta ese momento había permanecido oculto al gran público. Y fue un hecho histórico realmente trágico, cruel, en donde cientos de trabajadores fueron fusilados por solicitar, entre otros sencillas peticiones, “botiquines con instrucciones en español en vez de en inglés”. Fue la primera película en denunciar los inquebrantables lazos entre la oligarquía y el Ejército.

Desandar el camino de La Patagonia Rebelde es encontrarse con la conmovedora gesta de un grupo de obreros de pie, inmersos en la región más inhóspita y legendaria de nuestro país. Y también atravesar nuestra historia política más reciente. Al fin y al cabo, un siglo después de su heroica lucha, el gallego Soto y Facón Grande siguen teniendo razón.

A mediados de los años sesenta Osvaldo Bayer comenzó a investigar las huelgas patagónicas y su trágico desenlace, un tema que durante su infancia formaba parte de las conversaciones de la familia ya que sus padres habían vivido en Río Gallegos, muy cerca de la cárcel en la que fueron encerrados algunos huelguistas. Las diferentes versiones de los hechos despertaron la curiosidad de Bayer: mientras su padre recordaba con pesar el sufrimiento de los huelguistas, su madre minimizaba los hechos de un modo más ajustado a la versión oficial. Bayer guardó algunos panfletos y documentos coleccionados por su padre en aquella época, que serían el punto de partida de una profunda investigación que le llevó más de siete años.

Poco se sabía del tema hasta ese entonces. El abogado y periodista Jose Maria Borrero, que había sido testigo directo de los hechos, hizo su aporte en 1928 con la publicación de La Patagonia trágica, en donde testimoniaba los inicios de las huelgas patagónicas. Un anunciado segundo tomo, a llamarse Orgía de sangre, nunca llegó a ser publicado.

El escritor y ensayista David Viñas , por su parte, publicó en 1958 la novela Los dueños de la tierra. Su padre, Ismael Viñas, había sido el juez enviado por el gobierno de Hipólito Irigoyen para interceder durante la primera etapa del conflicto.

En 1968 Bayer trabajaba en el diario Clarín y, a pedido de Félix Luna, publicó un puñado de artículos en la revista Todo es historia. Este fue el inicio de la serie de libros titulada Los vengadores de la Patagonia trágica, con sus tres primeros tomos publicados en Argentina por la Editorial Galerna y un cuarto durante su exilio en Alemania. Todas estas publicaciones habían sido leídas por el director Héctor Olivera

Así, La Patagonia Rebelde sería el título más emblemático de Aries Cinematográfica, productora fundada por Héctor Olivera y Fernando Ayala y que realizó hasta el día de hoy un total de 102 películas.

El contrato entre Bayer y Aries se firmó con el compromiso de respetar el espíritu del libro, incorporando al autor en la elaboración del guion y posteriormente en la elección de las locaciones.

Todo esto sucedió durante la breve primavera Camporista, en un escenario más que alentador para un proyecto que, entre otras cosas, denunciaba la alianza histórica entre la derecha y el Ejército Argentino. Una vez terminado, el guion fue presentado al Ente de Calificación presidido por Octavio Getino , quien había co-dirigido em 1968, junto a Juan Diego Solanas, La hora de los hornos. Su aprobación fue inmediata, al igual que en el Instituto de Cine, en ese entonces presidido por el veterano director Mario Soffici, quien con entusiasmo otorgó el préstamo necesario para la realización de la película.

Tal cual consta en la apertura de la película, algunos hechos fueron condensados y los nombres de varios personajes fueron modificados con respecto al libro de Bayer. Esto se debió, en muchos casos, a razones puramente cinematográficas, pero lo cierto es que aún en democracia los militares eran capaces de poner obstáculos. Olivera y Ayala sabían muy bien que tan lejos podían llegar con el guion y optaron por cambiar los nombres de algunos militares, como el del teniente Anaya, todavía vivo en ese entonces y con descendientes en las armas. También desecharon una escena que a Bayer le hubiera encantado incluir, aquella en la que un grupo de prostitutas se negaron a prestar sus servicios a los soldados que habían consumado la matanza de los obreros.

Pero en julio de 1973 se produjo la renuncia de Cámpora y con Lastiri como presidente interino, se esperaba el arribo de Juan Domingo Perón para su tercer ciclo presidencial. El asunción de Lastiri con López Rega operando en las sombras no era un buen presagio, sobre todo para Osvaldo Bayer que debió padecer la prohibición de su libro acerca de Severino Di Giovanni. La estrategia de Olivera y Ayala sería, una vez finalizado el rodaje, lograr la autorización para el estreno de La Patagonia Rebelde ya con el viejo general el poder. Cuando Perón asumió la presidencia en octubre de 1973 la situación política había mutado drásticamente.

La película comenzó a filmarse en enero de 1974. Se trató de una aventura cinematográfica única hasta ese entonces, tanto por la envergadura del proyecto como por las condiciones en las que se iba a desarrollar. Pocas veces el cine argentino se había adentrado tan profundamente en las inmensidades patagónicas y mucho menos para abordar un tema tan comprometido. La empresa requería la máxima organización por parte de la productora Aries, que había llevado hasta Santa Cruz a un nutrido grupo de técnicos y actores y programado jornadas de rodaje en locaciones por lo general muy distantes unas de otras. La mayoría de las escenas fue rodada en localidades carentes de infraestructura o directamente en exteriores a campo abierto. En muchas ocasiones, según relata Federico Luppi, había que movilizar, además del equipo y los protagonistas, a decenas de extras. Si una demora en cualquier producción cinematográfica cuesta mucho dinero:¿qué decir de La Patagonia Rebelde? Además, las noticias que llegaban desde Buenos Aires sobre la situación política eran preocupantes.

El 19 de enero de 1974 el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) atacó la guarnición de Azul en el marco del cada vez más creciente rumor acerca de la deteriorada salud de Perón. En ese contexto, el gobernador de Santa Cruz Jorge Cepernic desoyó una "sugerencia" del Estado Mayor Conjunto respecto a impedir la continuación del rodaje de la película. En efecto, Cepernic se subió a un avión y se presentó en la estancia “La Anita”, donde se estaba filmando la escena de los fusilamientos, para poner a Olivera al tanto de la situación. Había que apurar el rodaje de una película que, a la luz de la situación política, tal vez nunca podría estrenarse.

La etapa de rodaje concluyó en los estudios Baires de la localidad bonaerense de Pacheco. De día fueron filmadas las escenas de interiores y de noche se iba realizando el montaje mientras Oscar Cardozo Ocampo avanzaba con la banda musical. Con tan sólo un mes de pos producción, La Patagonia Rebelde estaba lista para ser presentada al Ente de Calificación. Era el 5 de abril de 1974.

Al terminarse la película, las autoridades del Ente de Calificación ya no eran las mismas que habían autorizado el guión durante la presidencia de Cámpora. El organismo estaba ahora constituido por una comisión de representantes de diversos sectores del poder.

En rigor de verdad, la película no fue prohibida, sino que no fue calificada, requisito fundamental para su estreno. Las razones que daba el Ente fueron por demás ridículas. A todo esto, los medios anunciaban una y otra vez el estreno del film. La expectativa era mayúscula porque además del natural interés que despertaba La Patagonia Rebelde, en aquellos años se había generado un saludable acercamiento del público argentino hacia la producción local. Prueba de ello fueron el éxito de películas como Juan Moreira , Quebracho y Boquitas pintadas . Estas producciones convivían con un cine social y político realizado de un modo más independiente, cuando no clandestino. La película de Bayer-Olivera estaba llamada a unificar ambas tendencias.

Comenzó entonces una campaña en la que participaron todos los gremios vinculados a la industria cinematográfica. Algunos periódicos de la época publicaron solicitadas exigiendo una audiencia con el ministro de Defensa, Ángel Federico Robledo . El tema llegó inclusive a tratarse en el Congreso, cuando el diputado Juan Carlos Cárdenas, de Vanguardia Federal, propuso solicitar un informe a Robledo acerca del postergado estreno de la película y recomendó programar una exhibición con los legisladores como únicos espectadores, para que estos evalúen los pasos a seguir. Finalmente, Robledo recibió en su despacho a Olivera y compañía y, a juzgar por su respuesta, estaba claro que la última palabra la tenía Juan Domingo Perón.

Principios de junio de 1974: ya pasaron dos meses de la presentación al Ente de Calificación y la película aún no había sido autorizada para su estreno. Con el gobierno de Perón tambaleando entre izquierda y derecha y su delicado estado de salud ya casi un hecho público, López Rega esperaba confiado la muerte del general, sabiendo que va a sobrevivir a la tragedia como “el guitarrista malo de Gardel”.

A mediados de mayo, el general retirado Elbio Anaya , aquel personaje que aparece en la película caracterizado como Arzeno e interpretado por Hector Pellegrini, sostuvo en el periódico La opinión una intensa polémica con el periodista Carlos Burone. El ex militar negaba con insistencia la veracidad de los hechos relatados por Bayer en su investigación y de este modo dejaba en claro cual era la posición del ejército en caso de estrenarse La Patagonia Rebelde.

El 10 de junio Bayer y Olivera amanecieron con la noticia menos pensada. Emilio Abras, secretario de prensa de Perón, les comunicó: “el general acaba de ordenarme que den el film ya mismo y en todos los cines del país”.

Finalmente, el 13 de junio se produjo el esperado estreno, inmerso en un clima político cada vez más enrevesado. La respuesta del público fue la esperada. La buena disposición de los exhibidores y, por supuesto, el peso propio de la propuesta cinematográfica posibilitaron su exhibición en muchas salas de todo el país llegando a la cifra de un millón y medio de espectadores. Luego de cincuenta años, los sangrientos sucesos de la Patagonia estaban siendo divulgados de un modo masivo, mucho más de lo que hubiera imaginado Bayer cuando publicó su investigación.

Pocas semanas después de estrenarse, fue exhibida con gran expectativa en el Festival de Berlín. Sorprendió la actuación de Pepe Soriano en su papel de “El alemán” y la película fue premiada con el Oso de Plata. Allí estuvieron Héctor Olivera y Osvaldo Bayer justo el día en que llegó la noticia de la muerte de Perón.

Si durante la breve presidencia de Perón el camino de La Patagonia Rebelde había sido difícil, sería mucho más arduo después de su muerte. Al fin y al cabo había sido él quien autorizó su estreno.

Con Isabel Martínez de Perón y López Rega en el poder, el ex crítico de cine Paulino Tato fue designado interventor del Ente de Calificación, cargo que desempeñó hasta 1980, ya instalada la dictadura militar. La primera orden de Tato con respecto a La Patagonia Rebelde fue su silenciamiento en los medios de comunicación y luego la prohibición de su venta al exterior. El hallazgo de una copia en un campamento de la guerrilla para su uso con fines didácticos y un episodio protagonizado por el ERP en Mendoza precipitaron el levantamiento de la película. Todo esto sucedió mientras la Triple A extendía su accionar hacia el ámbito de la cultura. Muchos protagonistas de La Patagonia rebelde fueron amenazados de muerte y algunos de ellos debieron exiliarse.

Fuera de los cines, con gran parte de sus protagonistas amenazados de muerte o en el exilio, La Patagonia Rebelde quedó en silencio hasta el fin de la dictadura militar. Aquella escena final, en la que los terratenientes celebran la sangrienta represión del Ejército sobre el pueblo patagónico era más que una metáfora, era un trágico presagio de lo que estaba por venir.

Sin la más mínima posibilidad de ser exhibida en la Argentina y no habiéndose podido vender al exterior La Patagonia rebelde parecía destinada a convertirse en una leyenda, pero una silenciosa. En una entrevista realizada por Osvaldo Soriano para la revista Humor Registrado en 1984, Osvaldo Bayer cuenta que él mismo llevó una copia en VHS para presentarla en Barcelona durante un congreso de la Central Obrera Libertaria. Había creciente interés en ver la película, ya que muchos de los sus personajes eran de origen español. Pero el problema radicó en que la versión estaba doblada al alemán, y nadie entendió nada.

La única buena noticia fue que la película no fue confiscada y los negativos y copias permanecieron intactos, gracias a una sagaz maniobra de Olivera y a la importancia de la Cinematográfica Aries dentro de la industria local.

Durante los años del Proceso, Aries siguió con su actividad, matizando películas de entretenimiento con algunas propuestas más audaces, como las de Adolfo Aristarain, con Federico Luppi como protagonista, recién regresado de España. Tiempo de revancha sobresalió dentro del cine de la época por su magnífica resolución y su eficaz metáfora acerca de la libertad de expresión. Filmada y estrenada en 1981, en plena dictadura, Julio De Grazia, Haydée Padilla y Ulises Dumont completaban el elenco.
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Diciembre de 1983, final de la dictadura, Alfonsín a la presidencia. En enero de 1984 volvió a estrenarse La Patagonia Rebelde con una vigencia demoledora. Recordemos que los hechos relatados en la película sucedieron durante el gobierno de Hipólito Irigoyen, del mismo partido radical que inauguraba el flamante periodo democrático. Casi diez años después, la película finalmente podía verse por todos y sin presiones en los cines.

Con los años, la película se consolidó como una de las más importantes de nuestra rica filmografia. Su gran virtud es la de haber logrado recrear los hechos aprovechando todos los recursos que el cine masivo puede ofrecer y es por eso que a cuatro décadas de su estreno luce vigorosa y fascinante. Fue concebida durante la época mas difícil de nuestra historia contemporánea, debiendo sortear crecientes dificultades en cada una de sus etapas. Es como si durante el rodaje, el contacto con los dolorosos recuerdos de la gente, el trajinar por las inmensidades y el rigor de los vientos sureños la hubieran curtido lo suficiente como para enfrentar las embestidas de ciertos personajes poderosos que buscaban seguir ocultando la gesta heroica de los peones y obreros de la Patagonia.

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