Rolando Gallego
05/04/2014 09:16

Hoteles. Bellos por fuera. Acogedores por dentro. Desde los inicios del cine han albergado historias y pasiones. Y en tiempos del slapstick sirvieron para generar situaciones divertidas hasta que se comenzó a profundizar en cuestiones psicológicas y morales en las cuatro paredes de los pequeños cuartos.

El gran hotel Budapest

(2014)

Wes Anderson trae nuevamente un hotel a la pantalla grande con su atrapante El gran hotel Budapest en el que el conserje y según palabras del propio Ralph Fiennes (su protagonista) “puede anticipar las necesidades de un huésped antes de que el mismo huésped sepa lo que quiere”.

El hotel, ubicado en un balneario de la República de Zubrowka tuvo una época de esplendor, pero en sus últimos años (años sesenta del siglo pasado) toda su belleza fue escondida tras fórmica anaranjada y sillas de plástico que nada tienen que ver con su impronta original.

Pero el maravilloso Gran Budapest Hotel es sólo el más reciente exponente de los edificios temporales de muchas historias llevadas al cine, por acá otros que han pasado por las pantalla grande.

Hotel Transylvania de Genndy Tartakovsky en plan animado, mostraba cómo Drácula intentaba regentear un hotel lleno de unos monstruos que tenían miedo de los humanos que llegaban a hospedarse.

California Suite de Herbert Ross reflexionaba sobre aquellos cambios que la sociedad norteamericana de los años setenta iba atravesando. Swingers, engaños y amores multirraciales para una comedia “osada” para la época.

En el Hotel Overlook de El resplandor de Stanley Kubrick nadie quería hospedarse. Ni siquiera la familia con Jack Nicholson a la cabeza que tras una breve estadía ve como detrás de los horribles empapelados y las gigantescas habitaciones hay mucho más de lo que ellos imaginaban.

La old fashioned hostería que Natalia Oreiro y Diego Peretti intentan reflotar en Wakolda, de Lucía Puenzo, a orillas del Lago Nahuel Huapí, nunca imaginó tener como huésped al criminal de guerra nazi Joseph Mengele, pero lo tuvo y hasta fue el lugar para algunos experimentos genéticos.

El Gran Hotel en Berlín de Edmund Goulding fue el que inició el género de historias cruzadas en habitaciones, con participaciones de estrellas como Joan Crawford, Greta Garbo y Lewis Stone.

El exótico hotel Marigold de John Madden era vendido visualmente de una manera, pero cuando un grupo de jubilados encabezado por Judi Dench llegan a Bangalore, nada era como se lo habían vendido.

Hotel Mon SIgnore era un hotel temático y avejentado al que un grupo de huéspedes encabezado por Madonna, Quentin Tarantino, Antonio Banderas y Bruce Willis llegaban en Cuatro habitaciones para cada uno cumplir con sus fetiches y deseos. “I Have a Reservation” le decían al botones Ted (Tim Roth) bajo las órdenes de  Allison Anders, Alexandre Rockwell, Robert Rodríguez y Quentin Tarantino.

Arriba de una colina se erigía el Bates Motel que Alfred Hitchcock eligió para narrar la pesadilla interna de Norman Bates en Psicosis. Lúgubre, revestido de madera, escondía en su interior uno de los misterios mejor guardados de la historia del cine.

Diferentes estilos e historias. Para tus próximas vacaciones, ¿en cuál vas a hospedarte?

Comentarios