Julieta Bilik
08/07/2013 08:53

Con un equipo de actores de primera línea que encabezan Diego Peretti en el papel del analista Guillermo Montes, y Norma Aleandro como su supervisora Lucía Aranda; la segunda temporada del ciclo arrancó por la TV Pública el pasado lunes 17 de junio en el horario prime time.  

La primera temporada de En terapia se estrenó en mayo de 2012 en la TV Pública. Siguiendo la tradición de otras series nacionales con temáticas “psi” y con la seguridad del formato testeado por la versión original israelí y la secuela norteamericana producida por HBO en 2009; la adaptación nacional, en formato de tira diaria, se convirtió rápidamente en una serie de culto que nucleó a espectadores y fanáticos a través de redes sociales y foros de discusión.

Dicen que Buenos Aires es una de las ciudades más psicoanalizadas del mundo. Aquel porteño que nunca hizo terapia seguro conoce algún fanático del diván, asistente semanal de un consultorio, ex practicante dado de alto o, por qué no, hermano, hijo, padre, amigo, esposo, marido o mujer de algún/a psicoanalista lacaniano, freudiano, gestáltico o conductista. Terapia grupal, de pareja, para niños, en diván o como entrevista, todos en Buenos Aires tiene alguna experiencia con el psicoanálisis o la sicología. Y si no pregúntenle a Woody Allen, emblema “psi” y cineasta de culto para las clases medias y psicoanalizadas porteñas. Espejo y reflejo de las neurosis propias, a fuerza de osadía y humor, el cine de Allen se coló en la cartelera porteña en los años 70 y todavía hoy es uno de los preferidos por el público de Bs. As.

Siguiendo la tradición nacional, predilecta por las argumentaciones y los diálogos “psi”, la tv local marcó tendencia y un rumbo con Vulnerables, una serie considerada de antología en la historia de la tv argentina. Emitida por Canal 13 en las temporadas 1999 y 2000, consagró el espacio de la terapia (en ese caso un espacio de terapia grupal) como uno de los lugares infaltables en casi todos los productos de la pantalla chica. Así, en cada nuevo unitario de Pol-ka que le sucedió, el consultorio y el terapeuta aparecieron repitiendo siempre el fenómeno de “secar los trapitos al sol” hurgando en las miserias y debilidades de los personajes acostados sobre un diván.

Basada en In Treatment, cuyo formato tuvo origen en una serie israelí, En terapia respeta el formato y los fundamentos de la historia original, aunque en la versión local Esther Feldman (guionista de Lalola, Okupas y Los exitosos Pells, entre otros) y Alejandro Maci, también director de la serie, adaptaron los personajes y las historias al contexto local.

En esta segunda temporada de En terapia hay una renovación (necesaria) de historias y personajes. Montes (Diego Peretti) se encuentra los lunes con una abogada exitosa y solterona, antigua paciente nunca recuperada que interpreta con elegancia y una dosis justa de cinismo Carla Peterson. Es ella quien acompaña al psicoanalista en el proceso judicial por el que Jorge Ramírez (Federico Luppi), lo demanda acusándolo por mala praxis ante la muerte (¿accidental?) de su hijo Gastón (Germán Palacios), un policía de élite que fuera su paciente en la primera temporada.

Los martes llega al consultorio la saga del culebrón gestado el año pasado. Luego de una temporada intensa, la pareja de Ana (Dolores Fonzi) y Martín (un Leonardo Sbaraglia tan irritante y violento como adorable y tierno). Y esta vez, la disputa de pareja llega a los oídos de Montes a través del hijo que tienen en común, Maxi (Gonzalo Slipak).

A mitad de semana, le toca el turno a José Rotztein (Roberto Carnaghi), un empresario que padece palpitaciones y ansiedad. Con 70 años y una vida aparentemente estable y realizada, José descubre de a poco sus propias fragilidades y miedos acallados desde la niñez.

Los jueves irrumpe en el consultorio Valentina, interpretada por una Luisana Lopilato sorprendentemente adulta y austera. Joven universitaria recientemente diagnosticada de un linfoma, intentará mantener en secreto su enfermedad y sus debilidades emocionales para conservar la imagen perfecta que se siente obligada a dar: por eso llevará adelante una relación terapéutica con Montes esquiva y árida por momentos, y de gran contención en otros.

Los viernes se da la cita de honor: Guillermo visita el consultorio de Lucía Aranda (una sutil Norma Aleandro), quien fuera su supervisora el año anterior y actuara como interventora en su decisión de divorcio. Con una relación profesional que los une desde hace años, Guillermo y Lucía se conocen mucho y entre ellos se da un verdadero “combate argumentativo” que en esta temporada se formalizará como un tratamiento terapéutico clásico. La tensión y la curiosidad provocadas por conocer “el lado b” del analista son los principales hilos conductores sobre los que se basa esta trama de la serie. De a poco se revelan aspectos del pasado de Montes y parte de sus deseos y debilidades. En ese sentido, el encuentro inesperado que se da en la sala de espera del consultorio con otra paciente de Aranda, Ana Mendell (Mercedes Morán), será decisivo para el futuro de Guillermo. Amigos de la adolescencia, el reencuentro significará, posiblemente, la oportunidad para volver a amar.

Si bien hay correlaciones y continuidad de las tramas entre las temporadas 1 y 2, la serie es autónoma en su visionado y puede entenderse sin la necesidad de haber visto todos los capítulos. Así, están los espectadores que prefieren seguir sólo alguna de las historias de los pacientes o ver a través de la web los capítulos completos de cada una, alternando luego con las del resto de los personajes. Ese es uno de los puntos fuertes de En terapia: el proponer un espectador relativamente libre que a través de la web puede armar las piezas del rompecabezas de acuerdo a sus preferencias y disponibilidades. Con capítulos que no exceden los 35 minutos, la serie propone una duración posible para los tiempos que corren, manteniendo la atención y la intriga. Con una puesta en escena dinámica, que incluye planos cortos y un montaje ágil, la serie nunca cae en el traspié del aburrimiento o la repetición.

Reproduciendo los nuevos modelos de difusión y circulación de contenido televisivo, En terapia cuenta con un portal que incluye información sobre los personajes, fotos y videos de backstage, y links a los capítulos para ver en formato HD. Además, tiene más de 11.000 seguidores en Twitter y casi 52.000 en Facebook. Como se estila en la actualidad, la serie trasciende los márgenes de la pantalla chica y se mete en la casa de los seguidores a través de las redes imprecisas de internet.

El espectador de En terapia es, entonces, aquel que esté dispuesto no sólo a presenciar un debate de argumentos sino también a formar parte activa en su reconstrucción y en emitir conclusiones. Por momentos tremendamente álgidos y en ocasiones emocionantes hasta las lágrimas, las sesiones proponen al espectador recomponer aquellos subtextos que los personajes no dicen y que se expresan, a veces, a través de la voz del psicoanalista. Revelando los deseos ocultos y descifrando las miserias reprimidas, los capítulos se suceden como pequeñas epifanías donde el espectador siente a veces la misma angustia y desazón que los personajes; humanos y contradictorios, desamparados ante una nueva verdad revelada. Incrustados en las redes de la terapia, los espectadores se confunden, ejercitan la mente y se emocionan, dando discusión en un nuevo espacio terapéutico de la tv local.

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