Julieta Bilik
01/11/2012 12:29

Se estrena en las salas porteñas la esperadísima nuevo película de animación de Tim Burton: Frankenweenie (Frankenweenie, 2012). Ya desde 1984, cuando Burton estrenara el cortometraje que le dio origen, y mucho más todavía en 2007 momento en que se firmara el contrato de producción con Disney, los fieles fans del director estaban esperando este estreno. Pero ¿cómo no esperarla si se inspira en una de las historias más emblemáticas de la ciencia ficción? Aquella donde el hombre compite con Dios a través de la ciencia para crear vida. Inmoral y atrevida como el cine de Burton, Frankestein es una de esas grandes historias universales repetidas y editada infinidad de veces pero con la inigualable característica de que nunca cansan. ¡Y nunca cansarán!

Frankenweenie

(2012)

Justo la mañana siguiente que la temible noche de brujas y un día antes que la pagana festividad del día de los muertos, llega a los cines porteños Frankenweenie. El comentario no resultará inútil teniendo en cuenta que el cine de Burton se destaca por retratar y proponer nuevas visiones sobre la muerte, los monstruos, las brujas y toda la clase de especímenes que no tienen buena prensa dentro del imaginario infantil. En parte por eso Disney lo consideró en su momento innecesario para la compañía. Fue, paradójicamente, justo cuando Burton acabara de realizar el corto en el que se basa esta película. La pequeña historia de Víctor, el niño que quiso revivir a su perro. La osada propuesta fue más allá de los límites que la moralina de Disney podía soportar. Sin embargo, hoy es la mismísima compañía la que produce la película. ¿Cambió Disney  entonces, o cambió Burton? Quizás haya cambiado un poco el mundo y con él los imaginarios infantiles. Quizás Burton se haya adaptado a los cánones del cine industrial o quizás haya logrado poner de moda sus temas y sus estéticas. Quizás es bueno poner en ejercicio el acto de dudar. Quizás, quizás...

Burton, el niño malo de Hollywood, el dibujante estrella que expuso en el MOMA fue sin embargo muy criticado por su oscurantismo, su morbosidad y la elección de sus temas poco ingenuos, muy incómodos. Incomprendido por la prensa y resistido por la industria fue finalmente admitido en el panteón de los notables luego de sus grandes e inesperados éxitos de taquilla: Batman (1989) primero, y El planeta de los simios (Planet of the apes, 2001) después. Si bien la mayoría de sus películas han sido populares, ninguna consiguió ser tan escandalosamente taquillera como la más gótica de las versiones del superhéroe gótico por excelencia. Fue un revés a la industria donde Burton entendió aquello de que Post tenebras lux (la luz sale de las tinieblas). Y para poder echar luz entonces, había que empezar por oscurecerlo todo.

Para terminar intentaremos esbozar una trilogía animada. En El Extraño Mundo de Jack (The Nightmare Before Christmas, 1993) donde Burton fuera sólo productor porque estaba ocupado dirigiendo la saga de Batmaneligió como héroe al desvalido "Rey del mal" y como escenario al macabro mundillo de Halloween intentando un (fallido) cambio de roles donde "lo malo" y "lo bueno" (representados en Halloween y Navidad, Jack y Papa Noel respectivamente) podían intercambiarse. Así Burton con una mirada híbrida sembraba la duda sobre si lo malo era tan malo, y lo bueno tan bueno. Ése fue su primer golpe a la moral moderna. Más tarde, en El cadáver de la novia (Corpse Bride, 2005) propuso la reconciliación con los muertos materializada en un casamiento, el símbolo por excelencia de la unión eterna. Así le dio duro a otro gran estamento religioso, causa y efecto de la tranquilidad humana. Pensamos entonces que sólo le quedaba pendiente la osada tarea de desafiar a dios y/o a la naturaleza divina para crear la vida. Me pregunto: ¿A través de Frankenweenie lo conseguirá?

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