Nuria Silva
27/08/2012 14:59

Sin que pueda ser considerado un autor de la cinematografía, Fernando Meirelles tiene una evidente debilidad por las adaptaciones literarias. En su corta carrera como director, gran parte de sus obras se encuentran inspiradas en novelas y obras teatrales, siendo su punto más característico.

360

(2011)
4.0

“Cuando termino un libro que me gusta me resisto a salir de él, y convertirlo en película es una buena excusa para profundizar en ese universo.” declaró el cineasta Brasileño por el año 2009 a propósito del estreno de su quinto largometraje A ciegas (Blindness, 2008), y si se puede encontrar una constante en su obra como director es precisamente esta: la adaptación de obras literarias. Lanzado a la fama en el 2002 gracias a la película Ciudad de Dios (Cidade de Deus, 2002), que le valió cuatro nominaciones de la Academia (entre ellas como Mejor Director) y ganadora del Premio India Catalina en el Festival Internacional de Cine de Cartagena como Mejor Película, no se trata sin embargo de su primer trabajo. Meirelles, que originalmente estaba destinado a ser arquitecto, decidió volcarse al cine a inicios de la década del ’80 y realizó una serie de cortos y videos documentales hasta ingresar a la televisión a comienzos de los ’90.

Su primer largometraje Menino Maluquinho 2: A Aventura (1998) se trata de la secuela de una película infantil y de aventuras producida en Brasil, y la que más se aleja de lo que fueron sus posteriores trabajos ya orientados a un cine adulto y con temáticas más comprometidas. Tres años después lanzó Domésticas (Domésticas, 2001), mitad ficción, mitad falso documental, abre su serie de cine de temática social centrándose en las experiencias de cinco mucamas y el entorno que las rodea, con un tono de comedia dramática y estética independiente, producida por la compañía que fundara por esos años 02 Filmes. Sin embargo el gran reconocimiento estaría por llegar un año después. Basada en la novela homónima de Paulo Lins (a su vez inspirada en un caso real), Ciudad de Dios se destacó por la crudeza de sus imágenes y un ritmo salvaje, haciendo llegar al mundo la dura realidad que se vive en las favelas de Río de Janeiro, siendo muchos de sus actores residentes de las mismas. La película significó un quiebre importante en su carrera, llegando a ser reconocido internacionalmente como uno de los nuevos y prometedores cineastas latinoamericanos.

Y como los reconocimientos no llegan solos, Meirelles terminó por alejarse de su tierra natal para realizar la producción Británica El jardinero fiel (The Constant Gardener, 2005), adaptación de la novela del mismo nombre escrita por John Le Carré y que denunciaba las prácticas ilegales sobre niños nigerianos por parte de empresas farmacéuticas. Protagonizada por Ralph Fiennes y Rachel Weisz, tiene un dejo más mainstream que su antecesora por todos los ingredientes que la componen (adaptación de una obra literaria exitosa, presencia de estrellas, géneros claramente definidos, etc), aunque recurriendo a un uso de la cámara y un tratamiento de la imagen poco habitual para este tipo de producciones, y que se construye en tiempo presente y pasado mediante flashbacks (manteniendo la preferencia del director por las narraciones no lineales). En esta oportunidad una de las cuatro nominaciones a los Oscar fue ganada por Weisz como Mejor Actríz de Reparto, y perdieron en las categorías Mejor Guión Adaptado, Mejor Banda Sonora y Mejor Montaje.

Paralelamente a estos dos últimos trabajos mencionados, entre el 2002 y el 2005 trabajó como director y productor en la mini serie televisiva Ciudad de Hombres (Cidade dos Homens, 2002-2005), una suerte de spin off de la película Ciudad de Dios aunque con una violencia mucho más contenida. La serie fue co-producida por la cadena Globo TV y lanzada al poco tiempo en DVD. Pero no tardaría mucho en llegar una nueva propuesta de Hollywood y así fue como en el 2008 se estrenó A ciegas, otra adaptación literaria. En este caso se trata de la novela Ensayo sobre la Ceguera escrita por el ya fallecido José Saramago, escritor portugués y Premio Nobel de Literatura, quien se negó en varias oportunidades a ceder los derechos para una adaptación cinematográfica hasta llegada la propuesta de Meirelles, lo que resulta significativo teniendo en cuenta la poco prolífera carrera del director hasta entonces. La temática social aparece implícita en un guión que gira alrededor de una misteriosa epidemia de ceguera que azota al mundo, para hablar de las dependencias institucionales, la supervivencia, el abuso de poder y otras cuestiones humanas. Con un presupuesto de $25 millones de dólares y protagonizada por figuras reconocidas como Julianne Moore (heroína muy a su pesar de la historia), Mark Ruffalo y Gael García Bernal, estaba pensada inicialmente para ser filmada en portugués, su idioma original, pero por cuestiones de marketing (como que la misma llegara a un público mucho más amplio) decidieron hacerla en inglés, además de ambientarla en la actualidad al contrario del texto original. Si bien Blindness no fue una película que dejara marca y pone en evidencia que la “autoría” de Meirelles no reside en una puesta en escena característica, es de todas formas un buen film que sabe generar climas cada vez más incómodos y violentos (tanto física como psicológicamente) y se desarrolla en una especie de microcosmos desolador.

En el 2009 vuelve a producir en Brasil tanto para cine como para televisión, y filma su sexto largometraje Som e Fúria – O Filme (2009) (que surge de la serie brasileña del mismo nombre), una comedia que sólo fue estrenada en su país natal y en la televisión Sueca en el 2011, y que narra las desventuras de un grupo de teatro que intenta adaptar una obra de William Shakespeare, pero de la que no se pueden dar demasiados detalles dado que es casi imposible conseguirla. Igual es evidente la relación entre el realizador y la literatura, que estará presente también en su último trabajo 360 (2011), con Anthony Hopkins, Jude Law y Rachel Weisz una vez más, cuya génesis se encuentra en La Ronda, obra de teatro del dramaturgo austríaco Arthur Schnitzler. En esta oportunidad se aleja del cine de contenido social para focalizarse en las relaciones emocionales de un grupo de personas. Según puede verse en los adelantos, adoptó un estilo cinematográfico mucho más sobrio y lírico aunque sólo podremos afirmarlo con el estreno de la película. Lo cierto es que aunque se pueda discutir si estamos o no ante un autor cinematográfico, en tanto no se puede reconocer en sus imágenes un sello marcadamente personal, son los autores literarios los que han sellado su aún escasa filmografía.

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