Nicolás Manservigi
18/06/2012 15:36

Una vez más la historia del cine nos lleva a pensar la relación que existe entre dicho arte y la literatura. Precisamente por la celebración del 50 aniversario de la realización de uno de los clásicos del cine argentino, Hombre de la esquina rosada (1962) de René Múgica, basada en el cuento homónimo del escritor Jorge Luis Borges.

Hombre de la esquina rosada

(1962)

Se ha comprobado que no siempre las adaptaciones son logradas, ni mucho menos las traducciones. Hay personas que opinan que no hay nada como leer una obra en su idioma original, y ello también podría aplicarse a que a menudo la película no supera al libro, o como en este caso, al cuento.

La historia de “Hombre de la esquina rosada” -en versión de Mugica- transcurre durante las celebraciones del centenario de la patria en 1910, y es en medio de los festejos populares donde, recién salido de la cárcel por un indulto general, aparece el protagonista que no quiere tener problemas con nadie, pero a quien la fatalidad u otro factor misterioso va ir guiando hasta su destino final, en la culminación de esa noche.

Como tema, Borges quiso demostrar que cualquier persona o cosa es importante en el desarrollo de un hecho, y lo consigue en este cuento ambientado en un lugar indeterminado para liberarse así de posibles errores, aferrándose a un lenguaje “orillero” para describir una época arrabalera de la Argentina, mostrando parte de sus tradiciones y costumbres, introduciendo personajes que van matizando el tono y ritmo de la narración.

Respecto a las adaptaciones cinematográficas que se realizaron de sus obras, Borges supo reconocer en un reportaje en España que la versión de Mugica era la más acertada… "De todas las adaptaciones cinematográficas de mi obra, sólo hubo una buena: el mal cuento Hombre de la esquina rosada inspiró un excelente film con el mismo título, dirigido por René Mugica. Era éste un film admirable, muy superior al relato endeble en el cual se inspiró. Lo demás que se ha hecho prefiero callarlo.” Según sus propias palabras, y sería prudente analizar el porqué de su aprobación. En el film, Mugica modifica el contexto histórico, situando los acontecimientos en los festejos patrios de 1910, escenario que le sirve para presentar a uno de los personajes principales, el forastero, lo cuál a su vez lo lleva a introducir otro cambio, que difiere del relato original; que Rosendo se niega a pelear con un muerto, y que Jacinto Real viene a cobrar venganza, poseído por un hombre que ha muerto en la cárcel. En el cuento, Rosendo solamente tiene un acto de cobardía al producirse el enfrentamiento con el forastero. Por lo demás, el final de la película es fiel al relato, donde se descubre que el narrador, gran observador y testigo, es quien da muerte al forastero, consiguiendo, de esta manera, el final sorpresa, como se devela en el cuento.

Los temas que se tocan en ambos relatos son la total falta de valores, donde quedan expuestas las miserias del ser humano, quién por sacar ventajas, es capaz de proceder de las más insólitas formas.

La película, estrenada el 26 de junio de 1962, bajo la dirección de René Múgica, y el guión de Joaquín Gómez Bas, Carlos Adén e Isaac Aisemberg, contó con un elenco estelar: Francisco Petrone, Walter Vidarte, Susana Campos, Jacinto Herrera, Berta Ortegosa, Jorge de la Riestra, María Esther Podestá y María Esther Buschiazzo.

A juzgar por las palabras de Borges, podría decirse que en la historia cinematográfica nacional, hay al menos una producción que ha sabido salir airosa del riesgoso proceso de la adaptación, e incluso, darse el lujo de superarla.

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