Ezequiel Obregón
03/04/2012 17:33

El inminente estreno de Espejito, Espejito (Mirror, mirror, 2012) demuestra que la pantalla grande renueva su interés por el mundo de las hadas, los encantamientos y los seres fantásticos. Algunas veces adaptando clásicos infantiles, y otras explorando esos universos, el cine se ha internando más de una vez en bosques y tierras extrañas.

Espejito, Espejito

(2012)

En el mundo de David Bowie
Al igual que Michael Jackson en El mago (The wiz, 1978), David Bowie tuvo una recordada aparición en un film infantil: Laberinto (Labyrinth, 1986), de Jim Henson. ¿Qué mejor intérprete que él para interpretar al Rey de los Goblins? Cultor de una imagen propia del glam rock, Bowie puso toda su ambigüedad sexual al servicio de un personaje que le imponía un castigo a una joven fantasiosa, interpretada por Jennifer Connelly. Luego de invocar su presencia para que se lleve a su pequeño hermano Toby, los deseos devienen realidad y se hace necesario restituir el orden perdido. Arrepentida y acongojada, la muchacha deberá atravesar un peligroso laberinto mágico para recuperar al niño. Hasta el día de hoy, los de treinta y pico que fueron niños por aquel entonces recuerdan aquel villano, con su finísimo pero voluminoso cabello, jugando con una bola de cristal mientras sus ojos cautivaban a la platea. La estrella de rock demostró que no era necesario ser un ogro o una bruja para asustar y encandilar por partes iguales. El final, sensualmente sugestivo, mostraba a los personajes principales en pleno juego de encuentros y desencuentros. Una delicada metáfora del pasaje de la niñez a la adolescencia.

Disney animado  y el mundo de los niños solitarios
Decir que “Disney es cruel” suena a demasiado. Pero no menos cierto es que su ya mítica colección de films animados nos entrega algunos de los momentos más lacrimógenos de la historia del cine. Y la figura del niño solitario (ya sea huérfano o perdido) es ciertamente clave. La secuencia paradigmática es la de Bambi (1942), cuando el carismático personaje que le da nombre al film descubre la muerte y la orfandad en el mismo instante, tras un certero disparo del cazador. Entonces, más que sostener aquella primera afirmación, es válido pensar en que detrás de todo relato infantil se esconden motivaciones oscuras, más familiarizadas con el Thánatos que con el Eros. En esa misma senda, Cenicienta (1950) y El rey león (1994) muestran a una señorita y a un leoncito (el diminutivo, se sabe, es esencial) en búsqueda de una identidad, flagelada por la maldad y saciedad de dinero y poder del entorno adulto. No por nada, la segunda ha sido pensada –con justa razón- como la versión Disney de Hamlet, de William Shakespeare. Así y todo, Disney sigue encandilando a millones de espectadores en todo el mundo.

Una Cenicienta para la generación MTV
Y si de infantes sufridos se trata, qué decir de Drew Barrymore. Posiblemente, una de las niñas de la historia del cine más reconocidas gracias a su participación en el clásico de Steven Spielberg E.T. El extraterrestre (1982).  Luego de atravesar una temprana adicción al alcohol, los ’90 la devolvieron reinventada. La cultura juvenil la abrazó como la primera víctima de la saga Scream (1996) y más tarde se emocionó con Por siempre Cenicienta (Ever After: A Cinderella Story, 1998). Al igual que en Espejito, Espejito, en esta transposición del clásico infantil no hubo intenciones de parodiar al material primigenio. No obstante, la película presenta a los mismísimos hermanos Grimm (autores del relato original) dando cuenta del origen de la historia. Romanticismo exacerbado es lo que transita esta Cenicienta, a la que Barrymore le imprimió su personalidad. Y el público retribuyó: la recaudación cuatriplicó el costo del film.

Shrek: el Ogro que se ríe de todos
El cine de animación tuvo sus hitos de recaudación, y Shrek se transformó en el Rey Midas de la industria animada. Si bien su traducción en idish significa “susto”, queda claro que la saga apela más a la risa que al miedo. La primera entrega es del año 2001 y nos interna en un mundo en donde el universo de los personajes infantiles es parodiado. Como trasfondo, el ogro bonachón se enamora de la princesa Fiona y deberá luchar por su amor, aun cuando el reinado descubra que ella también –encantamiento mediante- vive parte de su vida en verde y tamaño extra large. Shrek compitió ni más ni menos que en el Festival de Cannes, pero sus sucesivas continuaciones (tres, hasta la fecha) transitan cierto grado de agotamiento. En la era post-Quentin Tarantino, la parodia es venerada de forma menos autoral en casos como éste, y en otro grupo de películas no animadas para el público adolescente, como Scary movie y otras más. En todos los films de Shrek aparecen guiños al universo del cuento infantil celebrados por grandes y chicos, algunos de ellos más funcionales al relato que otros. Pero, mientras la taquilla acompañe, habrá ogros para rato.

Una actriz encantada
Si Barrymore fue redescubierta hacia finales de los ’90 gracias a Por siempre Cenicienta, Amy Adams fue la revelación de Encantada (Enchanted, 2007). Dirigido por Kevin Lima, el film es paródico pero al mismo tiempo revive el mundo de los encantamientos de los cuentos infantiles en plena contemporaneidad, apelando a la emoción además de a la risa. Encantada nos presenta a Giselle, delicioso personaje del mundo de los relatos de hadas, que por obra y gracia de una bruja malvada viene a parar a nuestro mundo. Más precisamente a una desangelada Nueva York. Allí buscará a su tan deseado príncipe azul, quien también va a padecer el choque entre su mundo idílico y la ruidosa urbanidad. En medio de ese caos, el personaje de Adams conocerá a un típico yuppie del que no tardará en enamorarse. Y, claro está, viceversa. Encantada fue una de las revelaciones del cine denominado “familiar”, por la frescura de su argumento y por la presencia de su actriz protagónica, nominada y ganadora de varios premios. En esta película el mundo de Disney es revisitado, a través de pasajes que nos recuerdan momentos de Blancanieves (1938), La bella y la bestia (1991), La Cenicienta (1950), La Sirenita (1993) y tantas más.

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