Ezequiel Obregón
16/02/2012 13:50

El guardaespaldas

(1992)
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La reciente y temprana muerte de Whitney Houston nos ha recordado a una serie de artistas que llegaron a ver las luces de Hollywood tan pronto como se apagaron. Son casos en donde el talento no alcanzó para augurar una carrera sostenida. Aquí, repasamos algunos de los nombres de los últimos años que no perduraron en la pantalla grande.

¿Cómo se sentirá el meteórico ascenso a la fama en un medio tan vertiginoso y antojadizo como lo es la meca del cine? Las modas pasajeras parecen cercar un espectro de luces y decadencia en donde no pocas veces los excesos asumen un lugar central.  Una idea que ha repercutido recientemente en los medios, tras la muerte de Whitney Houston, quien en su mejor momento como cantante recibió un fenomenal envión al protagonizar El guardaespaldas (The Bodyguard, 1992), una película que se transformó en un ícono de los ’90. A decir verdad, cinematográficamente no es un “gran film”. Pero cómo no recordar la estupenda voz de Houston en  I will always love you, tema que se impone en el momento culmine del relato. La cantante devenida actriz vivió por aquel entonces el pico más alto de su carrera, que al poco tiempo se transformó en recuerdo.

Pero –ya dijimos- muchas veces las drogas y la autodestrucción no son los únicos causantes de una carrera interrumpida. En un mercado cambiante, pocas veces hay espacio para que las estrellas sigan brillando. Y más aún si impactan en la niñez, porque el pasaje hacia un cuerpo adulto implica una revisión de los valores que el gran público les asignó. Una mezcla de todos estos factores colaboró en la caída de Macaulay Culkin, a quien el éxito le llegó a los 10 años cuando estelarizó el film Mi pobre angelito (Home alone, 1990). Tan así que la secuela fue inevitable: Mi pobre angelito 2: Perdido en Nueva York (Home alone 2: Lost in New York, 1992) volvió a poner una maquinaria de gags físicos alrededor de ese adorable diablillo que escapó de dos inescrupulosos criminales –claro está- hasta llegar a un rotundo final feliz. Pero no en la vida real. Culkin fue recientemente fotografiado en un estado de extrema delgadez, y aunque su entorno desmienta su frágil salud, la imagen es implacable. De la época de esplendor a esta parte hubo dos escándalos sonoros: la disputa de sus padres divorciados por el manejo de sus millones, y una detención por tenencia de sustancias ilegales. Luego de un hiato de 8 años, regresó como protagonista de la película independiente Party monster (2003).

Ahora bien, aquí hablamos de “estrellato”, algo que estas personalidades vivenciaron de manera fugaz. Si en la década de los ’80 el denominado El club de los cinco (título hispanoparlante para el film The Breakfast Club, de John Hughes) tuvo un pico de fama jamás remontado, las tres décadas siguientes continuaron ofreciendo un muestrario de estrellas de temporada corta.

Además de Houston y Culkin, los ’90 vieron otras figuras adolescentes que tuvieron sus cinco minutos de fama. El fallido film de Joel Schumacher Batman y Robin (Batman and Robin, 1997) tuvo en su elenco a Alicia Silverstone y Chris O'Donnell, dos figuritas repetidas de las películas de aquel entonces. Luego de semejante exabrupto artístico la suerte de ambos fue más bien poca. A ella la había celebrado la generación MTV, coronándola con dos MTV Movie Awards en la categoría Mejor Revelación y Mejor Villana por la película Crush (1993). También participó en los videos Amazing y Crazy de la banda Aerosmith. Luego de sus cinco minutos de fama no pudo sostener su estrellato. En cambio, engrosó su lista de películas directo al DVD, series poco conocidas, y algún que otro traspié en el cine. En cuanto a O’Donnell, no le ha ido tan mal si lo comparamos con su compañera de elenco. Actualmente protagoniza una serie de televisión (NCIS: Los Ángeles) y apareció en películas que generaron repercusión, como Límite vertical (Vertical limit, 2000) o Kinsey: El científico del sexo (2004). Pero si nos retrotraemos a los orígenes de su carrera, haber ocupado un rol central junto a Al Pacino en Perfume de mujer (Scent of a Woman, 1992) le auguraba mayor suerte de la que tuvo.

Sería incorrecto decir que olvido es igual a escaso talento. El caso de Haley Joel Osment deja muy en claro este asunto. Osment quedará en la memoria de todos los amantes del cine de horror, pues su rostro de nene asustadizo pronunciando su célebre I see death people es uno de los momentos sobresalientes de Sexto sentido (The Sixth Sense, 1999). Su actuación le valió una nominación al Oscar, que no ganó, pero que mostró el aprecio que la industria depositó él. Y –nobleza obliga- es necesario apuntar que luego de ese film el niño tuvo dos incursiones que, al menos, no carecieron de méritos artísticos: Cadena de favores (Pay It Forward, 2000) e Inteligencia Artificial (A.I. Artificial Intelligence, 2001). Antes de esas tres películas, había interpretado al hijo de Forrest Gump en la película homónima de Robert Zemeckis. Ahora bien, ¿qué ocurrió a partir de que este adorable niño “pegó el estirón”? Osment nunca repitió aquellos sucesos, a tal punto que ninguna de las películas que realizó llegó a estrenarse en Argentina. En el año 2006 fue detenido por conducir ebrio y poseer marihuana.

¿Se acuerdan del insoportable Steve Stifler de la saga American Pie, interpretado por Seann William Scott? Allí su histrionismo adolescente lo ubicó como un posible y digno sucesor de Jim Carrey. Lo cierto es que nunca hizo una comedia que alcanzara el suceso de aquella. A lo mejor, la nueva secuela que se estrenará este año lo ubique en la vidriera otra vez. ¿Y qué decir de la bellísima Natasha Henstridge, mezcla de femme fatale y alienígena en Especies (Species, 1995)? ¿Alguien sabe qué fue de esa chica? ¿Correrá similar suerte Dakota Fanning?

Y así sigue la lista… Hasta que un día los vemos en un rol secundario, en una película vieja que pasan por el cable, o simplemente los recordamos. Y allí buscamos a nuestro interlocutor más cercano y le decimos: “¿Te acordás de Fulano? Ese que estuvo en… eh, ¿cómo se llamaba?”

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