Alberto Varet Pascual
29/01/2012 13:18

Medianoche en Paris

(2011)

Sorpresas te da la vida, cantaba Rubén Blades. Los Oscar no suelen dar demasiadas pero en esta ocasión quién podría siquiera pensar cuando salieron Tom Sherak (Columbus Circle, 2010) y Jennifer Lawrence (Lazos de sangre, Winter’s Bone, 2010) a dar la lista de candidatos, que el cine español contaría con dos importantes nominaciones: la primera a Mejor Película de Animación para Chico & Rita (2011) y la segunda (aún más interesante) a la Mejor Banda Sonora para Alberto Iglesias (La piel que habito, 2011) por su música en El topo (Tinker, Tailor, Soldier, Spy, 2011). A esto hay que añadir el triunfo insospechado de Medianoche en Paris (Midnight in Paris, 2011), coproducida por las compañías catalanas MediaPro y TV3.

Si empezamos por el final, resulta sorprendente constatar cómo Woody Allen (Los secretos de Harry, Deconstructing Harry, 1997), un autor históricamente despreciado por la Academia Hollywoodiense, se ha hecho un hueco en la ceremonia con sus últimas obras. Que producciones como Vicky Cristina Barcelona (2008) le merezcan más respeto a Hollywood que Zelig (1983), por poner un ejemplo. En este sentido, su último film, lejos de lo mejor de su filmografía, está nominado a cuatro premios importantes: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión y Mejor Dirección Artística.

Esta película, al igual que la que le valió la estatuilla a Penélope Cruz (Jamón Jamón, 1992) es una coproducción española, concretamente catalana y, como aquella, ha cosechado un gran éxito en taquilla. Mucho se podría escribir acerca de las ‘Producciones Allen’ vía Jaume Roures y el lugar que ocupan éstas dentro del itinerario cinematográfico del famoso director, pero más allá de eso, colgarse la medalla gracias al cine de un neoyorquino no parece lo más correcto.

Mucho mejor, pues, adentrarse en los dos triunfos enteramente españoles. En primer lugar el de Fernando Trueba (Two much, 1995) que consigue su segunda nominación tras Belle époque (1992), la obra con la que conquistó el galardón a Mejor Película Extranjera. Esta vez estará entre los candidatos a Mejor Película de Animación con su Chico & Rita, una historia amorosa ambientada en la Cuba de los años 40 y satinada con cuantiosas melodías de jazz.

El amor indisimulado por esta música que profesa el director de La niña de tus ojos (1998), quien ya coqueteó con esta temática en su acercamiento a las figuras de Carlinhos Brown y Bebo Valdés en El Milagro de Candeal (2004), se cita con los dibujos del artista multidisciplinar Javier Mariscal para dar vida a un largo plagado de colores, ritmos y sensualidad. Y quizás este exotismo haya sido el componente que ha conmovido a unos académicos que finalmente se decantaron por este film en lugar de Arrugas (2011), la película de Ignacio Ferreras (Tokyo Onlypic, 2008) basada en el celebrado cómic de Paco Roca, que partía como la otra posibilidad española.

Son muchos los que lamentan el olvido al que se ha visto relegada esta reflexión animada sobre la vejez y la vida dentro de una sección que cuenta con tan solo cuatro candidatas: dos americanas, Kung Fu Panda 2 (2011) y Gato con Botas (Pussy in Boots, 2011) y dos europeas, pues a Chico & Rita se le une la francesa Un gato en Paris (Une vie de chat, 2010) de Jean-Loup Felicioli (El pasillo, 2005). Sin embargo, bastante más notable que la indiferencia para con el producto español se antoja la ausencia por primera vez en años de Pixar entre los nominados al premio. Los de John Lasseter (Cars, 2006) se han quedado fuera de la lista de finalistas a un galardón en el que han sido los indiscutibles líderes de las últimas ediciones. Un hecho sobre el que deberán meditar los creadores de Cars 2 (2011).

Pero si existe una gran razón para estar satisfechos con el trabajo de un compatriota, ésa es la nominación al Oscar a Mejor Banda Sonora para Alberto Iglesias por su excelente composición en El topo. Su obra, fría y ecléctica, rima a la perfección con las gélidas imágenes del sueco Thomas Alfredson (Criatura de la noche, 2008) en una producción que también remite a su partitura experimental para la almodovariana La piel que habito (2011).

Un año, pues, en el que el más celebrado de los compositores del cine contemporáneo español ha llevado valientemente sus notas a nuevos grados de abstracción en piezas tan arriesgadas como las películas a las que han servido. Por ello es un motivo de júbilo que una asociación tan conservadora como la norteamericana (¿dónde están las nominaciones a Drive (2011) y a Shame, Sin Reservas (2011)?) haya decidido abrazar este raro pero también perturbador y magnífico trabajo.

Será, sin duda, una de los ‘batallas’ más interesantes de la velada pues Iglesias deberá batirse con pesos pesados como John Williams (Las aventuras de Tintín, 2011) y Howard Shore (La invención de Hugo Cabret, 2011). Un honor para un autor español que empezó con filmes pequeños como Vacas (1992) para, más tarde, convertirse en el compositor habitual del cine de Almodóvar a partir de La flor de mi secreto (1995) y que, ya desde hace tiempo, ha sido llamado por cineastas de la talla de Oliver Stone (Comandante, 2003), Fernando Meirelles (El jardinero fiel, 2005) o Steven Soderbergh (Che: Guerrilla, 2008)

La lectura final es que, más allá del éxito de la película de Allen, un triunfo que nos toca demasiado de refilón, sí podemos alegrarnos por la nominación al sentido homenaje a la música cubana de Trueba y, sobre todo, por la constatación de que Alberto Iglesias, gracias a su labor, se ha convertido en un valor en alza más allá de nuestras fronteras. Su importante candidatura es el premio a una tarea bien hecha, conseguida con constancia y seriedad pero, también, sustentada en la idea de que la creación debe ser libre. Que los Oscar honren esta autonomía, debe ser un motivo de satisfacción para todos.

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