Ezequiel Boetti
18/01/2012 18:28

El estreno de Los Muppets (The Muppets, 2011) con casi la totalidad de sus copias dobladas al español es una de esas ocasiones en las que una pregunta existencial e indescifrable atraviesa de punta a punto el espectro de la industria local: ¿Hacia dónde va el cine? La fuerte campaña 2.0 (basta poner #MuppetsSubtitulados en Twitter para comprobarlo) a favor del estreno subtitulado coloca –otra vez- sobre el tapete la disyuntiva irreconciliable de cine doblado contra cine en su idioma original. A grandes rasgos, de un lado se posicionan los críticos, periodistas y amantes del cine, y del otro la mayoría del público adolescente.

Los Muppets

(2011)

Se sabe que, históricamente, la Argentina ha sido uno de los países con mayor penetración de films estrenados en su idioma original. Tanto así que ante el fracaso de las copias dobladas enviadas desde Hollywood en las primeras décadas del siglo pasado, se desarrollaron velozmente diversas técnicas de subtitulado inicialmente precarias –“resúmenes” de los parlamentos en poco texto- para luego sí alcanzar una calidad más que aceptable. Pero lentamente la historia comenzó a cambiar. Sin razones precisas para explicarlo, todos apuntan sus dardos al blanco predilecto cuando de ausencia de respuestas se trata: Internet.

Sin embargo, es al menos curioso que en una cultura tan apegada a los entretenimientos audiovisuales norteamericanos y con millones de usuarios frecuentando día tras día la lectura globalizada, cuyo idioma mayoritario es el inglés, sea la misma que hoy comienza a priorizar las copias dobladas. Lo cierto es que la cultura del doblaje obtuvo una victoria absoluta en el cable (el cambio de bando de Cinecanal fue el golpe de KO) y lentamente conquista ese terreno inexpugnable que era el cine. Porque ya no se trata solamente de películas para niños,
sino de muchas destinadas a público adolescente. Incluso se dio la rara paradoja de que films clasificados como Sólo apta para mayores de 13 años se estrenaran con un gran caudal de copias dobladas, como por ejemplo Harry Potter y las Reliquias de la Muerte (Parte 2) (Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 2, 2011) y Amanecer (Parte 1) (The Twilight Saga: Breaking Dawn - Part 1).

Entre críticos y subtítulos

Más allá de la predilección personal por las versiones originales subtituladas (VOS, de aquí en adelante), debe reconocerse que el doblaje de Los Muppets pudo haber sido mucho peor. Tiene una buena adecuación de las canciones –no hay traducciones literales, pero al menos mantuvieron el sentido-, voces llevaderas y un castellano neutro para nada irritante. Sin embargo, gran partes de los chistes metadiscursivos sobre los métodos formales cinematográficos son ágiles, prácticamente one-liners, –el viaje en mapa, la autoconciencia de la pertenencia del musical al universo narrativo, el jugueteo con la presencia del montaje-, y pueden pasar desapercibidos en la verborragia vocal. Entonces, ¿por qué el enojo?

Se sabe que los críticos y periodistas cinematográficos son –somos- talibánes del subtitulado, por lo que era prácticamente inevitable que ante la posibilidad de ver una función de prensa con la VOS la respuesta fuera masiva. Y así fue, nomás. Ahora bien, prácticamente un mes después de esto, Disney estrena el film de James Bobin en 116 pantallas, y sólo en tres de ellas, todas de la cadena Showcase, se ve la VOS. En ese contexto, puede teorizarse que la bronca está disparada principalmente por tres factores:

1) Una suerte de “bronca transitiva” por aquellos que están dispuestos y desean ver la copia original. Al menos hasta la primer semana de exhibición, deberán acercarse sí o sí hasta Belgrano, Vicente López o la provincia de Córdoba.

2ª) A los periodistas se les oferta para su juzgamiento una película que no es la finalmente verá el público. Aquí se excede el gusto personal para devenir en peligro profesional. Esto es que, en ese contexto, resultaría casi erróneo fundamentar una opinión favorable en un medio si los ejes de esa valoración están en elementos nodales perdidos en la transposición a otro idioma, como por ejemplo las voces originales de Amy Adams, Jason Segel y fundamentalmente el placer dionisiaco connotado en el tono maquiavélico y feliz de Chris Cooper.

2b) Se imposibilita uno de los atributos ontológicos de la crítica, como el de facilitar un diálogo tripartito entre el crítico, el espectador y la película: ¿hasta qué punto se puede hablar de la excelencia de Los Muppets cuando se vio una película distinta?

Existen, sin embargo, razones fácticas que explican el particular fenómeno, como la ausencia de proyectores suficientes para satisfacer el caudal conjunto de las copias digitales y 3D, o la reducción de los complejos en los que habitualmente recalaban estos films. Eso no anula la triste certidumbre de que por momentos el cine parece naufragar a la deriva. O, aún peor, con rumbo directo a la tiranía del cine doblado, ese mundo triste donde se camina por las aceras, se comen pasteles y nadie se tutea.

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