Ezequiel Obregón
27/12/2011 13:05

Tiempo de balances. El 2011 culmina y se siembran las expectativas a partir de los e-mails de las principales distribuidoras de cine que anuncian, con bombos y platillos, lo que nos depara en los próximos meses. Pero, ¿qué recordaremos de todo lo estrenado durante este año?

Gato con Botas

(2011)

Como lo venimos advirtiendo desde hace tiempo, la cartelera porteña es heterogénea. Conviven Gato con Botas con La vida en tiempos difíciles. Aunque sepamos que la “pelea” entre las películas pequeñas y los tanques es tan eterna como dispar, no deja de ser celebrable que los espacios cinematográficos que elijen al cine más arriesgado sigan dando batalla. Y cuando no están, sirven –y mucho- los festivales de cine. Más que pensar en el BAFICI (verdadero oasis cinéfilo) es necesario valorar a los pequeños encuentros y festivales, como los recientes de Cine Brasilero y Cine Árabe, cuyo apoyo de la prensa y el público es fundamental para que haya una continuidad.

¿Qué nos deja este 2011 como huellas significativas en la pantalla grande? Para los amantes del llamado cine de autor, hubo una oferta extensa. Desde el viejo continente pudimos ver obras mayores, como el caso de La piel que habito de Pedro Almodóvar y Habemus Papa de Nanni Moretti, dos películas que confirman a sus directores como verdaderos autores, capaces de entregar obras profundamente contemporáneas tanto en sus dimensiones estéticas como políticas. El extraño caso de Angélica de Manoel de Oliveira demuestra que su realizador (proeza viviente de 102 años) está en plena forma. Su película nos brinda una reflexión sobre la categoría de lo Real, apelando a lo experimental como modalidad discursiva. Un rasgo presente en el cine portugués, al que debiéramos prestarle más atención.

La lista se amplía con títulos como Copia certificada (exquisita incursión de Abbas Kiarostami en el cine europeo), Balada triste de trompeta de Alex de la Iglesia, la maratónica Carlos de Olivier Assayas (que en versión más corta no deja de ser sorprendente), y De Dioses y Hombres de Xavier Beauvois.

Por fortuna, el cine independiente siempre se renueva. Y en muchos casos lo que aparece como “descubrimiento” de festival se amplía en el circuito comercial. En ese sentido, en Mar del Plata o en el BAFICI se vieron películas de Xavier Dolan (Yo maté a mi madre), João Pedro Rodrigues (Morir como un hombre), Radu Muntean (Aquel martes, después de Navidad), Michelangelo Frammartino (Le quattro volte), Joshua Safdie (Daddy Longlegs) y Christophe Honoré (Canciones de amor). Todas ellas –y algunas más- tuvieron su estreno. Lamentablemente, en los festivales se proyectaron en digital o 35 mm, y en varios casos en la cartelera los hicieron en DVD.

Tuvimos la fortuna de tener en un mismo año al estreno de las dos últimas Palma de Oro de Cannes: El hombre que podía recordar sus vidas pasadas (Tío Boonme), de Apichatpong Weerasethakul, y  El árbol de la vida, de Terrence Malick, dos obras (como no podía ser de otra manera) disímiles pero plenas en creatividad audiovisual. Singulares ventanas a dos mundos que –sobre todo en el segundo caso- abrieron bienvenidas polémicas. No fue un año pleno para Asia, si bien se estrenó una aplaudida obra como [#Noticia,2194], de Lee Chang-dong. Y volviendo a las “fortunas”, qué maravilloso fue contar con la presencia de los hermanos Dardenne, quienes no solo presentaron la excelente El chico de la bicicleta (su estreno está previsto para el 2012), sino que además dieron una verdadera master class. Aplausos para los organizadores de la Semana del Cine Europeo.

2011 será también recordado como el año en donde el 3D se asoció con el “cine arte” y entregó dos grandes películas: Pina de Wim Wenders y Rashaad Ernesto Green de Werner Herzog. Sí, desde luego, el cine de entretenimiento hizo lo suyo con Piraña 3D (y lo hizo bien). Pero qué singular es encontrar esta herramienta en manos de estos dos grandes del cine alemán. El primero, rindiendo homenaje a la gran coreógrafa Pina Bausch a través de sus cuadros memorables llevados a la pantalla grande. El segundo, haciéndonos partícipes de uno de los mayores descubrimientos de la humanidad. Ojalá que en el 2012 esta comunión vuelva a darse.

De Latinoamérica se destacaron Las marimbas del infierno, film guatemalteco que compitió en el BAFICI, la chilena Violeta se fue a los cielos, fenomenal éxito en su país de Andrés Wood, la mexicana Alamar de Pedro González-Rubio, La vida útil de Federico Veiroj y Norberto apenas tarde, ópera prima de Daniel Hendler, ambas uruguayas vistas previamente en el Festival de Buenos Aires. Sobre las dos últimas ocurrió algo singular. La primera recibió un merecidísimo espacio en la Sala Lugones, a tono con el universo que explora el film. La segunda fue muy mal estrenada (en una sola sala y a los apurones). La distribuidora Aeroplano la re-estrena en enero.

Para el cine norteamericano ha sido un gran año. Si bien hubo decepciones (o algo parecido a ello, es difícil argumentar que Somewhere, En un rincón del corazón o Más allá de la vida sean grandes películas de Sofia Coppola y Clint Eastwood, respectivamente) aparecieron grandes films. Los amantes de la adrenalina se deleitaron con Super 8 de J.J. Abrams, El planeta de los simios (R) Evolución, de Rupert Wyatt, Gigantes de acero, de Shawn Levy, X-Men: Primera Generación, de Matthew Vaughn, Imparable de Tony Scott y Rápidos y Furiosos 5: Sin control, de Justin Lin.

En cuanto al cine más independiente norteamericano, vale la pena recordar El Ganador, de David O. Russell, Blue Valentine (Una historia de amor), de Derek Cianfrance, y Lazos de sangre, de Debra Granik. Nadie puede decir que los hermanos Cohen y Steven Soderbergh sean hoy en día el prototipo de lo independiente (alguna vez lo fueron), pero estrenaron dos sólidos films como Temple de acero y Contagio. En cuanto a la comedia americana, podemos decir que fue un muy buen año, como lo acreditan Damas en guerra, de Paul Feig, Malas enseñanzas, de Jake Kasdan y ¿Qué pasó ayer? Parte 2, de Todd Phillips.

Singular fue el caso de Woody Allen: en un mismo año se estrenaron Conocerás al hombre de tus sueños, Que la cosa funcione y Medianoche en Paris. Tres películas que reafirman que Buenos Aires ama a Woody. Siguiendo su actual tendencia de filmar en grandes capitales mundiales, ¿lo tendremos recorriendo con su equipo Palermo Hollywood?

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