Emiliano Basile
02/06/2011 14:03

Mel Gibson está loco y no es novedad. Basta con ver La doble vida de Walter (The Beaver, 2011) para confirmarlo. Pero el australiano dio varios avisos a lo largo de su carrera. He aquí algunos de los que supo dar y pasaron por alto.

La doble vida de Walter

(2011)

La película que lo lanzó a la popularidad es Mad Max (1979), cuya traducción castellana es “El loco Max”. Es un clásico del cine a esta altura: narra, por si alguien no lo recuerda, las peripecias de un policía futurista que resguarda las rutas de una serie de locos en motocicleta. Cuando esta gente se mete con su familia, Max enloquece y pierde la poca cordura que quedaba en su cabeza transformando su rutina en una venganza letal. Pero ya desde antes Max es concebido como un loco, un tipo sin escrúpulos y por ende eficaz. Mel Gibson tenía veintitrés años cuando interpretó a este personaje. Luego vendrían Mad Max 2: El guerrero del camino (Mad Max 2, 1981) y Mad Max: Más allá de la cupula de trueno (Mad Max, beyond thunderdome, 1985), esta última con la actuación de Tina Tuner.

El siguiente paso a la fama fue la saga más reconocida del actor, Arma Mortal (Lethal Weapon, 1987). Ya trabajando en los Estados Unidos, Gibson interpretó a Martin Riggs, un policía desquiciado por un pasado traumático al que no le importa morir, condición que lo convierte en un “arma mortal” para su trabajo. En este rol, Gibson explotó sus cualidades psicóticas al máximo. La película se transformó rápidamente en un éxito de taquilla y se realizaron tres secuelas: Arma Mortal 2 (Lethal Weapon 2, 1989), Arma Mortal 3 (Lethal Weapon 3, 1992) y Arma Mortal 4 (Lethal Weapon 4, 1998) siempre coprotagonizada por Danny Glover –el lado cuerdo de la dupla policial- y bajo la dirección de Richard Donner.

En 1990 se puso bajo las órdenes de Franco Zefirrelli para interpretar al mismísimo príncipe Hamlet, personaje clásico si de locos hablamos, del que no hace falta explicar el porqué de su desequilibrio.

En 1993 llegó el turno del Gibson director y, tras pasar por la experiencia cuasi independiente de El hombre sin rostro (The man without a face, 1993), se embarcó en la superproducción épica Corazón Valiente (Braveheart, 1995), que le valió el Oscar al mejor film y a mejor dirección. El personaje es un tranquilo campesino que se suma a la revolución escocesa luego de un grupo de hombres del ejército de ocupación inglesa asesina a su mujer. Otra trama de venganza, de esas que Gibson bien sabe interpretar, donde aprovecha nuevamente para explorar su faceta salvaje y desequilibrio irracional en pos de revancha.

Pero antes de ponerse las polleras y pintarse la cara de blanco y celeste, Gibson se había puesto nuevamente bajo las órdenes de Richard Donner para componer al mítico personaje televisivo interpretado originalmente por James Garner Bret Maverick. Maverick (1994) es un western con aire de comedia que marca el comienzo de la buena relación que mantiene con la actriz y directora Jodie Foster, la dama a cortejar en el film.

Aquí viene un período interesante para entender un poco el personaje de Gibson en La doble vida de Walter. En 2004 Gibson director se embarca en el sanguinario proyecto La pasión de Cristo (The Passion of the Christ, 2004), para el que el australiano y su productora Icon contratan a los publicistas de El proyecto Blair Witch (The Blair Witch project, 1999). La película es un éxito sin precedentes en la historia del cine y Gibson plantea la idea de retirarse de la pantalla.

Empiezan las locuras de Mel fuera del set. Se queja del acoso de los paparazzi y se compra una isla para no ser molestado. Incluso produce una película llamada justamente El paparazzi (Paparazzi, 2004) -en la que hace un cameo- acerca de una estrella de cine acosada que termina desatando una furiosa venganza donde elimina uno por uno a los fastidiosos fotógrafos.

En 2006 volvió a ponerse en la piel de director con Apocalypto. Hablada en Maya y protagonizada por actores desconocidos, lo que no sería un problema si no se tratara de una violenta y sanguinaria historia donde el salvajismo y la locura del Gibson autor se exponen en toda su dimensión. En este caso ya no está el justificativo de “soy católico ferviente”, como dijo tras La pasión de Cristo. Se aleja del mundo del cine y ahora sí, parecía ser para siempre.

Gibson empieza a aparecer en las revistas amarillistas de las que siempre intentó alejarse. Se lo encuentró conduciendo ebrio e insultando al policía que lo detiene con comentarios antisemitas. Se separó de su mujer de toda la vida, con divorcio millonario de por medio, y salió con una modelo a la que impulsa –entiéndase, financia- su carrera de cantante.

Finalmente llegamos al hoy con La doble vida de Walter. Si bien Mel Gibson ya había reaparecido el año pasado con otra historia de venganza en Al Filo de la Oscuridad (Edge of Darkness, 2010), es en el film dirigido por Jodie Foster donde compone a un hombre deprimido y destituido de su familia y su vida laboral. Todo eso provoca que lo invada la locura y sólo pueda rescatarlo un castor de peluche, el Beaver del título original. Jodie Foster utiliza el intertexto Gibson en el film, y su Walter Black corre la misma suerte que el actor: busca ser aceptado tal cual es, aunque eso implique aceptar también su locura.

En definitiva, Mel Gibson no se volvió loco al hablar con un castor de peluche en pantalla. En todo caso ya lo estaba y lo venía anunciando desde hace tiempo. Lo extraño y a la vez atractivo es que sigue vigente transmitiendo las mismas sensaciones que lo convirtieron en el gran actor que es.

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