Hernán Panessi
24/06/2010 15:33

Eclipse, nueva entrega de la híper popular saga de Crepúsculo está a punto de estrenarse en las pantallas del mundo. La web 2.0, cual fehaciente termómetro colectivo, hace sentir el countdown definitivo hacia su aparición (sólo basta con poner, en Twitter, #Eclipse, para entender esta maravilla de la comunicación). Con motivo de su inminente starting grid cinematográfica, analizamos el fenómeno desde un punto de vista sociológico, intentando develar su fuego sagrado: el de la cultura pop en su máxima expresión.

Eclipse

(2010)
4.0

UNO

A decir de Wikipedia, un solsticio aparece cuando el Sol alcanza su máxima posición meridional. En el mismo plan de curiosidad, pensando en intersecciones astronómicas, los días tienen una duración igual a la de las noches en todos los lugares de la Tierra (de esto tomará testigo el tema del soundtrack oficial del film Luna Nueva, Death Cub for Cutie – Meet Me on the Equinox, con esa relamida vampírica de “encuéntrame en el equinoccio”). Esto trae a colación mencionar, que no es poca cosa, el intervalo de la salida o después de la puesta del Sol, durante el cuál, el cielo se presenta iluminado; es decir, el crepúsculo. Y hablando de crepúsculos, ahora que los movimientos de los astros se ponen cachondos, y que el cine hace eco de jóvenes Cris Morena en babeo cósmico, aprovechamos para redondearla con la Luna ocultada por el Sol, desde la perspectiva de la Tierra. Aparece el Eclipse. Y Stephanie Meyer, feliz por los giros astrales, sigue facturando.

DOS

El sociólogo alemán Niklas Luhmann, famoso en el mundo académico, lamentablemente casi un desconocido en ámbitos menos culturales, dice que las sociedades son sinónimos de comunicación. Empata ambos términos en un modelo revolucionario. También menciona que los sistemas se autoabastecen (¿se acuerdan de las modas?) sin necesidad directa del entorno (¿se acuerdan de las críticas a las modas?). 30 Días de Noche (30 Days of Night, 2007) existió como parte sistémica a un furor: el renacer de los vampiros. En ocasiones, cuando el acomplamiento estructural lo permite, ese sistema autopoiético permite interacción con el entorno y deja florecer productos culturales interesantes. Así, valiéndose de la efectividad en los amantes del género, David Slade, director de la susodicha, fue contratado por la productora Summit Entertainment, responsables, por supuesto, de The Twilight Saga, en pos de obtener lo que –según dicen los que saben- carecía, en realidad, este imperio posmoderno: sí, pese a lo ancestral y primitivo, le faltaban piñas. Entonces, es acá cuando se le da la derecha a Luhmann. Sociedad es sinónimo de comunicación. Emular, a veces, es tomar prestado. Revolución no es necesariamente novedad, sino pagarle al que la hace.

TRES

Se comenta por ahí que varios novios, varones, muy varones ellos, salieron descontentos del cine en su esperanza de obtener, aprovechando la era de los shoppings, un combo improbable: batallas épicas + dramón de problemáticas teen. El fervor popular femenino se vio opacado (en dos ocasiones, claro... Crepúsculo y Luna Nueva) por la adversativa premisa masculina de no quilombos, no me gusta.

Pocas veces los norteamericanos hacen oídos sordos a la opinión pública general y es acá donde, realmente, se vieron en un problema. Audiencias divididas. Cuestiones sexuales y sexistas. Conservadores puritanos (“Uy, ¡¿Qué dirá Drácula?!”) y progresistas adolescentes (“Uy, ¡Qué buen@ está Pattinson/Stewart!”). Miles de pro y contra dignas de quienes adolecen. Lo cierto es que el hecho social lleva a contentar a todos: se contrató a Slade para obtener un mayor hincapié en el desarrollo de la pulsión violenta. Eclipse (The Twilight Saga: Eclipse, 2010) tendrá peleas de dimensiones interesantes. No sólo funcionará la clásica, pero efectiva, lucha entre la familias Cullen y Quileute, sino que, en orden positivista del caos, deberán unirse contra un nuevo ejército de vampiros que arribará al pueblo de Forks. Y así será como los novios volverán a intentarlo, una vez más, en esto de contentar a sus mujeres. Las mentes maestras siempre consiguen lo que quieren.

CUATRO

La cadena trófica se explica, naturalmente, desde sus ecosistemas. Ahora, sorprende ver que la literatura (eterna creadora de mundanos placeres ensangrentados) pose sus ojos en el vegetarianismo. Y lo hace desde una óptica, todavía, más atrevida: poniendo en la palestra a vampiros vegetarianos. La intríngulis en la historia será frenar, entonces, el apetito animal del protagonista (recuérdese la tentación de Edward por saborear a Bella, detenida, sólo, por su amor de telenovelas). Decimos vampiros vegetarianos y ya nadie se pone colorado. La abstención de carne extendida a las criaturas míticas que, según el folclore popular, o contra él, son y nacieron como depredadores chupasangres. Los valores nutricionales por el piso, dirán. No, para nada. Los personajes de Eclipse –los hay vampiros, hombres lobos y, por decantación, humanos- tienen, contra toda teoría evolucionista de las especies, o a favor, el decoroso encanto de llamarse vampiros vegetarianos y sobrevivir en el intento. Los ecosistemas, calladitos pero existentes, se preguntarán en su continuum: ¿de qué hablamos cuando hablamos de comer?

CINCO

Cuatro son las novelas de Stephanie Meyer que comprenden la Saga Crepúsculo: Twilight, New Moon, Eclipse y Breaking Down. Cinco serán sus películas (18 de noviembre de 2011, llegará Amanecer;en 2012, si estamos, el capítulo final). A esto de que cada año le corresponde una nueva Crepúsculo, los productores hollywoodenses le encontraron su fruición. Conocido es el calendario engrudado entre la segunda y tercera parte, de manera que, aprovechando la ocasión, Summit Entertainment confirmó a Bill Condon, director de amplia trayectoria, galardonado con varios premios Oscar, para filmar las últimas dos partes y cerrar, con ellas, lo que será el fin de una etapa sumamente novedosa para la platea adolescente. O hasta que un nuevo fenómeno popular diga hello!

Comentarios