Maximiliano Curcio
01/03/2010 19:52

Martin Scorsese es uno de los realizadores mas prolíficos del siglo XXI y entre tanto producto artificiosos que el cine hoy consume, entre tanto vedetismo y figurita banal, Scorsese es uno de esos pocos grandes -en serio- que enaltecen al cine como expresión artística, que se comprometen a nivel social con sus obras, las que son revisionadas como objetos de cultura.

La isla siniestra

(2010)

Creador de joyas fílmicas indiscutibles, su filmografía habla por si sola. En cuanto a premios, el reconocimiento puede que haya tardado en llegarle, pero es innegable que este neoyorquino nacido un 17 de noviembre de 1942, posee en su haber un puñado de films que han marcado una época en la historia del cine, sentando las bases para generaciones posteriores.

Martin Scorsese surge cinematográficamente en medio de un panorama que para Hollywood resultaba confuso y atravesaba un periodo de revisión y cambio. Era fines de los ’60, la crisis había golpeado a los grandes estudios, los grandes géneros clásicos habían sido cuestionados y allí, desde el vacío, se les dio espacio a una camada de directores independientes que aportarían algo de frescura y nuevas temáticas. Renovadas visiones en el insurgente cine de autor de vanguardia: una camada neoyorquina encabezada por un gran referente del cine indie como John Cassavetes tenía a Scorsese (junto a Brian De Palma, Woody Allen y Bob Rafelson) como estandartes de un cine prometedor, novedoso y audaz.

Con el paso de los años Martin Scorsese fue solventando su filmografía, en sus inicios logrando una dupla más que envidiada junto a Robert De Niro, un tandem similar al que hoy, ya en su madurez, repite con Leonardo DiCaprio, protagonista de su inminente film La isla siniestra, que apunta a ser escalofriante y tenebrosa, sensaciones similares a las que produjo otra incursión de Scorsese en el cine de terror Cabo de Miedo (Cape Fear, 1991). No es nuevo para él estos terrenos, ya ha transitado los caminos del suspenso psicológico cruentos, violentos y hasta morbosos, basta recordar el personaje interpretado por Robert De Niro en la remake del clásico dirigido por J. Lee Thompson en 1962. En aquel film, el miedo y la paranoia de una familia acosada por un maniático era una constante. Aquí dichos elementos son nuevamente protagonistas de esta historia adaptada de la novela homónima de Dennis Lehane. Es interesante hacer hincapié sobre estas dos sensaciones que subraya Scorsese casi como una constante marca de autor, como una huella de su visión del mundo: el miedo y la paranoia individual o colectiva, aquí puestos en función de un terror gótico, son recurrentes en su filmografía. La historia esta ambientada en los ’50 en Nueva York, un período donde Scorsese se formó y que lo ha influenciado de forma notoria.

Como para Scorsese la violencia adquirió un carácter cotidiano en su dura infancia, para el personaje de Leonardo DiCaprio no menos se pondrá de manifiesto en este recorrido interior que realiza, en este viaje oscuro que desarrolla un personaje por demás exigente, a tono con los grandes protagónicos que Scorsese delineó en su trayectoria. Tras colaborar en Pandillas de New York (Gangs of New York, 2002), El Aviador (The Aviator, 2004) y Los Infiltrados (The Departed, 2006), la relación entre Scorsese y Di Caprio ha evolucionado hacia un nivel de confianza más profundo que se evidencia en La isla siniestra.

Poniendo al film contexto podemos decir que Teddy Daniels (el personaje del film) es un policía atormentado tras participar en la Segunda Guerra Mundial con todo el trauma que eso conlleva, debe, varios años mas tarde seguir los rastros de una asesina fugada de una institución para enfermos mentales. Esto crea una atmósfera oscura, a tono con la dualidad que despierta un personaje sufriente inmerso en un terreno repleto de dudas, temores e incertidumbres.

No son nuevas estas aristas en el repertorio de temáticas que aborda Martin Scorsese. Con un abanico de propuestas cinematográficas muy amplia, Scorsese, con la paciencia de un artesano y la precisión de un escultor ha retratado personajes ricos para el análisis, donde en torno a muchos de ellos han girado sensaciones humanas tan primitivas e intrínsecas como es el ser humano en estado de temor o de sin razón. Allí podemos encontrar la raíz del mal de una sociedad de la que era producto un perturbado como Travis Brickle en la fenomenal Taxi Driver (1976) film que catapulto al estrellato a Scorsese y a su protagonista, Robert De Niro.

Nueva York también es el escenario de otra historia donde el miedo se hace presente, como un camaleón, en sus diversas formas. Después de Hora (After Hours, 1985) fue un relato de tintes kafkianos donde en las calles peligrosas que Scorsese se crió, un hombre vivía una perturbadora y delirante pesadilla, al borde de los límites de la cordura.

En 1999 Scorsese estrena Vidas al Límite (Bringing Out the Dead), algo así como el reverso de la moneda de Taxi Driver. Aquí, en otra pesadilla urbana dentro de un mundo paranoico, un paramédico noctámbulo intenta lavar sus culpas por la muerte de una joven a la que no pudo salvar.

No podemos no mencionar El Aviador (The Aviator, 2004), el biopic sobre el excéntrico y megalómano multimillonario, pionero de la aviación y incursionista cinematográfico Howard Hughes. En el personaje de Hughes se dejaba ver un grado de autodestrucción evidente, provocado por los excesos que este cometía, producto de su relación con la fama y el dinero, aspectos que no pudo manejar. Allí, nuevamente, también subyacían el miedo y la paranoia como factores disparadores del tormento interno de un genio.

Como vemos, Scorsese es un auténtico provocador cuya obra posee marcas rastreables que nos permiten encontrar detrás del realizador a un sólido y pensante autor.

En la reciente ceremonia de los Golden Globes Martin Scorsese fue galardonado con el premio Cecil B. De Mille a la trayectoria. Quienes le entregaban el premio eran nada menos que dos baluartes para su filmografía y colegas de toda una vida: Robert De Niro y Leonardo DiCaprio. Este ultimo pronunció unas palabras mas que significativas: “así como tu te sientes honrado de recibir el premio en honor a Cecil B. De Mille, el propio De Mille se sentiría igual de gratificado de recibir el premio en honor a Martin Scorsese”. Todos sabemos lo que representó De Mille para el crecimiento industrial de Hollywood, todos sabemos lo que representa Scorsese para la evolución del arte cinematográfico en el último cuarto de siglo. Ese nivel de reconocimiento y comparación ha alcanzado el tan grande, Martin Scorsese.

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