Emiliano Basile
24/03/2009 11:44

Uno de los temas tratados en los films de Antonioni es la representación y sus significados. Aquí en el pasajero, Antonioni retoma el tema construyendo el film sobre la noción de identidad.

El Pasajero

(1975)

La identidad de Locke (Jack Nicholson) es el elemento que articulará las partes del relato. Accedemos a la identidad del personaje por la imagen. Los encuadres cerrados que Antonioni le realiza a Locke describen las sensaciones del protagonista. Vemos a Locke dentro de su camioneta manejar en círculos (la cámara se ubica dentro de ésta).

Las tomas panorámicas parecen mostrar el punto de vista de Locke en el desierto, aunque finalmente vemos al protagonista aparecer nuevamente dentro del cuadro. Como si quisiera evadirse de ese lugar, de ese espacio que no comprende ni en el que se encuentra.

El personaje es reportero, encargado de mostrar la realidad. Pero al parecer no está conforme con su tarea. Él busca mostrar una realidad objetiva y termina por darnos una versión falsa de lo real. Éste es el punto en el cual Antonioni logra poner en crisis el valor de verdad de toda representación.

Decíamos antes que el eje del film es la identidad de Locke. Ahora bien, la identidad no está construida como algo positivo (personalidad, reputación) sino como algo negativo, algo que no puede cambiarse, que está predestinado. Y por ello se justifica el accionar del personaje que “toma” la identidad de otro buscando así su libertad.

El tiempo del relato se fracciona en este momento (se rompe la cronología, pasa a ser anacrónico). Aquí se introduce un flashback de manera poco convencional (no se utiliza fuera de foco, ni música, ni voz over como marca) se realiza un paneo de una habitación a otra, donde vemos a Locke hablar con el hombre que yace sobre la cama. A partir de aquí el tiempo adquirirá sentido siendo, el punto mas evidente, el plano secuencia final que expresa la recuperación del tiempo por parte de Locke al adquirir su libertad.

El espacio se contrasta con el protagonista que es ajeno a ese mundo (África) del cual no puede escaparse. El desierto en el cual se pierde (el desierto implica un no-lugar) causa la sensación de encierro por los planos que Antonioni realiza, en los cuales vemos cantidades infinitas de arena que no otorgan ningún punto de referencia.

Locke cambia su identidad y buscará comprender la conversación acerca de la ventana que tuvo con el ex dueño del pasaporte. Ése es el viaje del personaje, el recorrido que deberá transitar.

Su vida -al igual que sus documentales- es bidimensional, no tiene profundidad; no indaga acerca de las posibilidades de descubrir nuevos sentidos, de definir que hay detrás de lo que se ve. Antonioni nos muestra el documental realizado al presidente africano -quien se encuentra muy cómodo- hablando de lo que él quiere hablar. La cámara de Antonioni se separa del encuadre televisivo y mediante un paneo nos describe lo que sucede alrededor de la entrevista, lo que hay detrás.

Al igual que en la entrevista al curandero, en la cual éste mismo personaje toma la cámara y le hace un contraplano a un Locke entrevistador, mostrando así la otra cara de la entrevista, de la realidad.

Locke comprende el significado de la ventana recién al final, cuando ya es demasiado tarde para él. Locke yace muerto sobre una cama al igual que el personaje a quien le debe su nueva identidad (misma imagen). Recién en este momento la cámara, que parte de ésta imagen de Loke a través de la ventana; logra salir de la habitación y adquiere autonomía.

La ventana nos muestra la realidad pero con eso no alcanza parece decirnos Antonioni, hay que transitarla y redescubrirla para interpretar la multiplicidad de sentidos que posee. Y siempre que se intente acercarse a la verdad absoluta lo único que se conseguirá es un falso documental como los que realizaba Locke.
 

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